El Movimiento Antorchista llama a organizarse y luchar para que las familias trabajadoras tengan acceso a un terreno y una vivienda digna; la crisis habitacional demuestra que, incluso en países desarrollados, millones de personas son excluidas de un derecho elemental...
La comunicación siempre ha sido parte importante; sin ella no se habría desarrollado la humanidad tal y como la conocemos hoy. El ser humano, desde que surgió, ha tenido la necesidad de comunicarse con sus iguales. Primero mediante señas o palabras poco articuladas, hasta llegar a lo que conocemos ahora como lenguaje. Sin embargo, en la historia de la humanidad no siempre ha sido igual, pues los modos de producción no han sido los mismos.
Cuando se menciona a Quintana Roo, la mayoría de los mexicanos piensa en playas de arena blanca, hoteles de lujo, turismo internacional y una economía pujante que genera miles de millones de pesos cada año. El rostro del estado está asociado con destinos como Cancún, Playa del Carmen, Tulum y la Riviera Maya, reconocidos mundialmente por atraer millones de visitantes.
Siempre que se habla del problema de la vivienda en Quintana Roo, la mayoría de funcionarios, analistas o comentaristas se refieren a la zona norte del estado o a la capital, porque, en efecto, es en estas zonas o ciudades donde se da el mayor crecimiento de la población. Y, por lo tanto, la falta de vivienda por un lado y, por el otro, el crecimiento de centros de población irregular hacen que este fenómeno sea complejo.
El rezago social de acceso a vivienda adecuada en Guerrero es de aproximadamente 400 mil, siendo una de las entidades con mayores niveles de rezago social y habitacional en el país, junto con Chiapas, Tabasco, Tlaxcala y Oaxaca.
A este problema se suma la aparición de grietas de diferentes tamaños, causado por un deslizamiento de ladera e inestabilidad del terreno provocados por la acumulación de agua subterránea.
El 60.2 ? los tabasqueños que tienen casa padecen rezago habitacional; eso quiere decir que seis de cada diez habitantes de nuestro estado viven en casas construidas con madera y lámina de cartón o de zinc; o a veces, hasta con material de desecho y piso de tierra.