Desde mi modesto punto de vista cuando se habla de que la gente está despolitizada y de que es necesario que las masas se politicen, se hace referencia, sobre todo, a que estas deben saber que la política no es cualquier cosa sino la toma de decisiones que rigen tanto a los individuos como a los grupos sociales, a través de la estructura jurídica-política (o superestructura social) comúnmente llamada Estado.
Hoy, conviene hacer un balance honesto. Los discursos confrontan, las conferencias matutinas entretienen, pero los números no mienten: menor crecimiento económico, más violencia y mayor desigualdad. La esperanza que se sembró en campaña se marchitó frente a la realidad de un gobierno que, en los hechos, mantuvo estrechos lazos con los grandes magnates que ayer llamaban "la mafia del poder" y hoy son sus verdaderos aliados.
Detrás de esta problemática hay muchas causas, pero una de las principales es la pobreza. En las comunidades rurales, en los pueblos enclavados en la sierra y en las regiones donde se hablan distintas lenguas indígenas, miles de personas enfrentan obstáculos que les impiden estudiar. Para muchas familias, la escuela no está cerca, los recursos no alcanzan y las oportunidades simplemente no llegan.
Después de la Revolución francesa de 1789, vino una época de desarrollo y lucha de la burguesía en contra de las “testas coronadas”; es decir, en contra de la nobleza aristocrática que gobernaba con un poder omnímodo, representado por un mandato divino encarnado en un personaje déspota como lo era el rey.
Cuando un ciudadano de alguna colonia o comunidad solicita algún apoyo para su localidad, la respuesta casi siempre es una justificación procedimental que alarga los tiempos de espera y congela la solución de las peticiones básicas.
Si uno sale a la calle por las mañanas en nuestras colonias o recorre las parcelas y caminos de nuestras comunidades campesinas en San Luis Potosí, lo hace pensando en los problemas cotidianos: el agua que no llega a los hogares, el precio de la despensa que no deja de subir, la falta de obras básicas o la lucha constante por asegurar un pedazo de tierra para la familia.