• El arte crítico emancipa al pueblo y dota de conciencia de clase frente al sistema capitalista
Los poetas juiciosos hacen poesía sobre la poesía. Los poetas comprometidos hacen poesía sobre la realidad. Los poetas revolucionarios hacen realidad la poesía.
Roque Dalton
Los poetas juiciosos
El capitalismo le teme a la palabra que despierta. En este mundo globalizado, la poesía es tolerable únicamente cuando alimenta al individualismo, cuando se convierte en mercancía de consumo rápido o en un desahogo intimista que no cuestiona.
El sistema tolera la angustia del poeta siempre que esta permanezca encerrada en la esfera privada. Sin embargo, cuando la poesía traspasa la frontera de la subjetividad y se alía con la crítica política, el capital abandona la tolerancia y responde con medidas represivas.
Existe, por tanto, una diferencia cualitativa insalvable: mientras la poesía burguesa estetiza el dolor para adormecer las conciencias, la poesía comprometida dota al pueblo de una interpretación de su propia realidad.
La historia demuestra que la poesía revolucionaria ha sido tratada por los regímenes oligárquicos y las dictaduras como un peligro. Durante el contexto geopolítico de la Guerra Fría, el imperialismo implementó en la región la Doctrina de Seguridad Nacional.

Bajo este esquema ideológico y militar, el "enemigo interno" ya no era sólo el guerrillero en las montañas, sino cualquiera que disputara el sentido de la cultura; así, cualquier manifestación lírica de protesta, fue catalogada como una amenaza subversiva que debía ser neutralizada.
La poesía en la región se convirtió en el testimonio vivo que el poder intentó silenciar sistemáticamente por ejemplo Roque Dalton en El Salvador: su obra desmanteló la retórica oficial de la burguesía salvadoreña mediante la ironía y el compromiso de su militancia.
Perseguido, encarcelado y condenado a muerte en varias ocasiones por regímenes militares, Dalton convirtió su verso en un instrumento de análisis histórico y movilización popular.
Su célebre consigna, “Vámonos patria a caminar, yo te acompaño”, sintetiza la fusión irrenunciable entre la creación estética y la entrega política.
José Martí y Nicolás Guillén en Cuba: Martí sufrió cárcel y destierro desde su juventud por oponerse al dominio colonial español, legando una poesía donde la belleza fue consigna para la liberación nacional.
Mientras la poesía burguesa estetiza el dolor para adormecer las conciencias, la poesía comprometida dota al pueblo de una interpretación de su propia realidad.
Décadas después, Nicolás Guillén sufrió el exilio bajo la dictadura de Fulgencio Batista por denunciar el racismo y la explotación antiimperialista a través de la poesía del son.
El Indio Naborí (Jesús Orta Ruiz) en Cuba: poeta y decimista que hizo de la poesía campesina y crítica una herramienta de agitación e identidad frente a las élites.
Para el Movimiento Antorchista Nacional, conducido por la dirección histórica de su dirigente, el ingeniero Aquiles Córdova Morán, la cultura es un terreno decisivo de la lucha de clases: o sirve para la domesticación a través del entretenimiento alienante, o se constituye en una fuerza transformadora para la emancipación humana.
Esta disputa se evidencia claramente en el terreno pedagógico. Por un lado, la educación artística comercializada, impartida en academias privadas o institucionalizada para el consumo de las élites, concibe al arte como un privilegio de clase, un adorno técnico para el estatus personal.
Por el otro lado, los talleres culturales populares de Antorcha, enclavados en las colonias populares y comunidades, conciben la formación artística como un derecho de todos. En estos espacios se dota a los sectores marginados de las herramientas expresivas y de análisis para apropiarse de la belleza universal y usarla para elevar su conciencia.

En una sociedad donde los medios hegemónicos presentan a las comunidades marginadas únicamente como cifras de miseria o notas rojas de violencia, la declamación poética cumple una función reparadora.
Despertar la conciencia de clase mediante el acceso al arte universal y revolucionario sensibiliza a los sectores más desprotegidos, campesinos, colonos, obreros y estudiantes, ayudándoles a comprender que sus carencias no son un designio divino ni un destino, sino la consecuencia directa de un sistema económico e histórico injusto.
Como parte de este proyecto político-cultural, el Movimiento Antorchista Nacional llevó a cabo la cuarta edición de su Jornada Nacional de Declamación 2026, un encuentro que congregó a más de mil participantes en la mayoría de las entidades del país.
La jornada rindió tributo precisamente a los poetas revolucionarios de Centroamérica y el Caribe, cuyas voces siguen siendo una trinchera ideológica para los pueblos en lucha.
La masificación de la poesía revolucionaria entre la clase trabajadora es una condición indispensable para formar hombres y mujeres cultos, sensibles y organizados, capaces de transformar de raíz la realidad social.
Es por eso que en próximos días en Chiapas, en las principales ciudades del estado declamaremos con los títulos de poetas del Caribe y de Centroamérica, cumpliendo así con nuestra labor revolucionaria. Atentos.
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