* 300 hogares accederán a infraestructura eléctrica tras años en marginación
Mientras las grandes empresas acumulan riqueza, miles de familias aún carecen de drenaje, calles dignas y electrificación. Obras en Rincón de Romos y Calvillo muestran que los derechos más elementales siguen dependiendo de la organización y la lucha de los habitantes.
El rezago en infraestructura social evidencia que el desarrollo económico no ha beneficiado por igual a quienes generan la riqueza.
En un estado que constantemente es presentado como ejemplo de crecimiento industrial, atracción de inversiones y desarrollo económico, miles de familias continúan enfrentando carencias propias de regiones sumidas en el abandono.
La falta de drenaje, electrificación y calles adecuadas sigue siendo una realidad para numerosas colonias populares de Aguascalientes, demostrando que el progreso del que presumen gobiernos y empresarios no llega por igual a toda la población.

Esta contradicción puede observarse en las recientes obras que se realizan en las colonias Fraternidad y Haciendas de Pabellón, en Rincón de Romos, así como en La Lagunilla de Mesa Grande, Calvillo. En estos lugares, cientos de familias han tenido que organizarse durante años para conseguir servicios básicos que deberían estar garantizados para cualquier ciudadano.
En la colonia Fraternidad continúa avanzando la construcción del drenaje sanitario. La obra representa un importante beneficio para las familias de la zona, pero también deja al descubierto una pregunta incómoda: ¿Por qué en pleno siglo XXI todavía existen comunidades que deben luchar para obtener un servicio tan elemental?
La respuesta no se encuentra únicamente en la falta de presupuesto o en errores administrativos. Tiene que ver con la manera en que se distribuye la riqueza social. Mientras enormes recursos se concentran en grupos empresariales nacionales y extranjeros, las colonias populares reciben apenas una parte mínima de los beneficios generados por la economía.
Las conquistas populares no suelen ser regalos del poder, sino fruto de la lucha constante de quienes padecen las injusticias del sistema.
La situación se repite en la colonia La Lagunilla de Mesa Grande, donde inició la construcción del drenaje y la conformación de calles gracias al esfuerzo conjunto de los colonos y el apoyo de la presidencia municipal. Los propios habitantes han aportado recursos y trabajo para hacer realidad una obra indispensable para su comunidad.
El hecho de que los vecinos tengan que cooperar para acceder a infraestructura básica refleja una realidad que millones de mexicanos conocen bien: los sectores populares suelen cargar sobre sus hombros el costo de resolver problemas que deberían atenderse mediante una auténtica política de desarrollo social.
Pero quizá el caso más significativo es el de la colonia Haciendas de Pabellón. Ahí comenzó una obra de electrificación que beneficiará a más de 300 familias. Gracias al apoyo de la Secretaría de Energía y del municipio de Rincón de Romos, se instalarán postes, cableado y transformadores, además de entregar gratuitamente las mufas y bajadas para las viviendas.

La llegada de la electricidad transformará la vida cotidiana de cientos de personas. Sin embargo, la importancia de esta obra no debe ocultar la realidad que la hizo necesaria: durante años, estas familias vivieron sin un servicio indispensable para cualquier comunidad moderna.
Resulta paradójico que esto ocurra en un estado que alberga importantes complejos industriales y que genera miles de millones de pesos en riqueza cada año. La industria automotriz, manufacturera y agroindustrial produce enormes ganancias; sin embargo, una parte importante de la población continúa enfrentando condiciones precarias de vivienda e infraestructura urbana.
Esta situación demuestra que el problema de fondo no es la ausencia de riqueza, sino la forma en que esta se distribuye. Los trabajadores producen la riqueza social, pero los beneficios terminan concentrándose en una minoría, mientras las comunidades populares deben organizarse y luchar para obtener obras que les permitan vivir con dignidad.
Por eso, las obras que hoy avanzan en Fraternidad, La Lagunilla y Haciendas de Pabellón son mucho más que proyectos de infraestructura. Son el resultado de la organización de hombres y mujeres que decidieron no resignarse al abandono. Son una muestra de que las conquistas populares no suelen ser regalos del poder, sino fruto de la lucha constante de quienes padecen las injusticias del sistema.
Mientras subsistan colonias sin drenaje, sin calles adecuadas o sin electrificación, seguirá quedando claro que el desarrollo económico del país no ha sido puesto al servicio de las mayorías. Y mientras esa realidad persista, la organización popular seguirá siendo una herramienta indispensable para que el pueblo conquiste los derechos que le corresponden.
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