MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Organización popular, única garantía de bienestar para los pobres

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El crecimiento incesante de las ciudades debido a la migración no es un fenómeno que deba interpretarse de una manera equivocada ni minimizarse. Este aumento de la población en las grandes urbes significa, en primer lugar, un abandono de las comunidades rurales; sin embargo, el empobrecimiento de la población, la concentración de la riqueza en pocas manos, por las buenas o las malas, y la falta de oportunidades en el campo se encuentran en el fondo de este problema social.

Miles de casas construidas por grandes inmobiliarias se encuentran vacías porque, en la realidad, los pobres no pueden acceder a ellas; son más una ayuda del gobierno para los empresarios del ramo de la construcción que un beneficio para los necesitados.

Si el flujo migratorio hacia las ciudades no se ha detenido desde los años posteriores a la Revolución mexicana, es decir, en el período de consolidación del capitalismo en México, significa simplemente que el empobrecimiento de la población crece de forma constante y cada día alcanza a más familias que no tienen otra opción más que buscar cómo sobrevivir consiguiendo algún empleo mal pagado o desempeñando alguna otra actividad económica en las zonas urbanas.

Las cifras ofrecidas por los sucesivos gobiernos, tanto por los anteriores, catalogados por sus detractores como neoliberales, como por el actual, autodenominado “la esperanza de México”, sólo buscan maquillar una realidad que lastima a más de 80 millones de mexicanos: el empobrecimiento creciente.

El nuevo partido político en el poder, coraza bajo la cual se oculta la cúpula empresarial dominante y sus defensores, responsabiliza a las administraciones anteriores de los malos resultados económicos que dañaron a la población y de la falta de democracia; lo cierto es que, tanto en unos como en otros, la pobreza ha crecido y no hubo, ni hay en la actualidad, una alternativa seria para disminuirla.

Los recién llegados a las grandes ciudades en la búsqueda de oportunidades para ganarse el sustento se encuentran con gobiernos municipales y estatales que, aun con pleno conocimiento de las razones por las cuales las personas abandonan sus lugares de origen, no han previsto su llegada y, por tanto, no han planificado cómo recibirlos ofreciéndoles oportunidades para acceder a una habitación, a servicios educativos, empleos o atención a su salud; es decir, se les deja a su suerte, a que se las arreglen como puedan: no hay ayuda real para los pobres.

A la mayoría le parece normal que las familias recién llegadas y aquellas que deben buscar un lugar para vivir, como consecuencia del crecimiento de la población en su localidad, resuelvan su problema de forma individual; así lo hicieron muchos y, por tanto, les parece normal el sufrimiento de las personas. Si en la realidad existiera un gobierno al que verdaderamente le importara la gente, las cosas no deberían ser así.

Miles de casas construidas por grandes inmobiliarias se encuentran vacías porque, en la realidad, los pobres no pueden acceder a ellas; son más una ayuda del gobierno para los empresarios del ramo de la construcción que un beneficio para los necesitados.

Bajo el supuesto de edificar vivienda para los trabajadores, las grandes constructoras, previo acuerdo y apoyo económico del gobierno, levantan unidades habitacionales con fines especulativos, no para atender de forma inmediata la carencia de vivienda.

No les interesa que se habiten inmediatamente; esperan que, con el tiempo, aumenten su valor y den ganancia a los dueños de las compañías inmobiliarias. Por eso podemos ver cientos de casas que construyen las inmobiliarias completamente deshabitadas.

Este no es un problema exclusivo de nuestro país, es un fenómeno que está presente en todos aquellos en los que impera el capitalismo, un sistema económico que permite a unos pocos enriquecerse y mantiene, por la necesidad misma de esta minoría privilegiada, a millones en la pobreza.

La mayoría de los trabajadores en México labora en la informalidad, no tiene salarios fijos ni prestaciones sociales, ni filiación al Infonavit, por lo que le resulta difícil cubrir los requisitos para acceder a un crédito para la vivienda. Aquellos que pueden hacerlo saben que, entre el pago de la casa, del crédito y las adecuaciones a las necesidades familiares, les ocasionará, en muchos casos, quedar endeudados toda su vida.

Abandonados a su suerte en la búsqueda de vivienda, empleo y servicios básicos, las familias viven las dificultades y los sufrimientos que implica enfrentarse solas a las condiciones y costumbres establecidas y perpetuadas; el abuso de quien les renta una vivienda precaria, les vende un terreno o les ofrece servicios a cambio de contribuciones monetarias que empeoran su situación económica.

Apremiadas por la necesidad de resolver sus necesidades de vivienda y servicios elementales, a los que las familias tienen derecho y ante las cuales sólo encuentran la indiferencia o la demagogia gubernamental, comienza a desarrollarse una de las herramientas fundamentales que será determinante para la solución de sus carencias: la organización popular.

La lucha de los sectores descontentos con las carencias y los abusos tiene en la organización popular la mejor garantía para resolver cualquier problema social, como en este caso concreto, el de la vivienda y los servicios públicos básicos. Lo fundamental es la participación decidida de la población; sólo ella podrá remontar cualquier dificultad.

Hay alternativas al problema de la vivienda y a la falta de servicios públicos; cientos de colonias populares a lo largo del país, agrupadas en el Movimiento Antorchista Nacional, así lo demuestran. 

En cada una de esas colonias, organización, educación y participación juegan un papel importante ya que, ante la falta de una política gubernamental de atención al empobrecimiento creciente de la población, son los mismos habitantes los que, mediante la lucha consecuente, deben lograr que los gobiernos en turno asignen los recursos necesarios, producto de los impuestos que paga el pueblo, para resolver estas carencias.

Sin embargo, es necesario reconocer que el problema va más allá de la obtención de vivienda por parte de una familia en concreto.

La pobreza crece, el gobierno no podrá detenerla porque es un problema sistémico; por tanto, cada día surgirán miles de familias en todo el territorio nacional con el mismo problema, quizá serán ahora los hijos de quienes lucharon y consiguieron obtener un pequeño patrimonio.

Podemos apreciar, entonces, que el problema continuará de forma cíclica sin resolverse completamente bajo el capitalismo que, como mencionamos más arriba, necesita mantener en la pobreza a las mayorías trabajadoras.

Por tanto, la organización y la lucha popular deben encaminarse también a forjar los cimientos de un país con un gobierno tal, que garantice vivienda, empleo, salud, educación y seguridad social a quien lo necesite y no sólo a quien pueda pagarlos.

Esa tarea suprema de todos los trabajadores comienza en la organización del partido del pueblo y la conquista del poder político; de otra manera, las calamidades sociales para los que menos tienen se prolongarán por tiempo indefinido.

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