Las Espartaqueadas Deportivas son una justa deportiva y cultural organizada por el Movimiento Antorchista, que cada año reúne a miles de participantes de todo el país.
Este evento, que lleva el nombre del líder de la rebelión de esclavos en la antigua Roma, Espartaco, busca precisamente eso: liberar al pueblo a través del deporte y la cultura, ofreciendo a las comunidades más humildes la oportunidad de competir en escenarios de primer nivel sin los altos costos que imponen las federaciones y el gobierno.
Antorcha abre el deporte a quienes no pueden pagarlo y convierte el sacrificio en oportunidad.
El Movimiento Antorchista ha hecho del deporte una herramienta fundamental para la formación integral de la juventud, promoviendo valores como la disciplina, el trabajo en equipo y la superación personal.
En esta labor de difusión deportiva, Antorcha se encuentra con personas como Miguel Ángel Cabral, conocido como “Profe Tolin”, entrenador de voleibol originario de Apan, Hidalgo, quien lleva más de 20 años participando en las Espartaqueadas y ha dedicado su vida entera al deporte.
A continuación, la entrevista con este apasionado entrenador, quien a sus casi 40 años de trayectoria, nos comparte sus vivencias, sus triunfos y sus sacrificios.

¿Qué son las Espartaqueadas y cómo fue tu primer acercamiento con ellas?
Una vez ganamos un torneo de Pachuca muy importante y, ganando, nos entregaron el trofeo, los reconocimientos y se acercó una señora y me dice: “Profe, yo tengo unos eventos en Veracruz y quería ver si nos podían representar como estado de Hidalgo”. Le digo: “Déjenme preguntarle a las muchachas por la economía”. Me dice: “No se preocupe, allá les damos transporte, hospedaje y alimentación por 100 pesos”.
Fuimos a jugar a Boca del Río, en una unidad que se llama Leyes de Reforma. Eran ocho canchas, como 200 equipos, un sol infernal, pero muy buen nivel. Ahí fue donde conocí a los antorchistas. Fue mi primera Espartaqueada.
Las canchas estaban pintadas en tierra, los cuartos eran una construcción sin terminar, nos dieron una cobija que no te podías poner porque hacía calor y sudabas, y si te la quitabas había muchos moscos. Era el infierno. Pero así fue mi primera Espartaqueada.
¿Cuántos años llevas asistiendo a las Espartaqueadas?
Estoy cerca de los 40 años de venir a las Espartaqueadas. Es la número 22, quiere decir que casi vine desde la primera. He traído generaciones completas: ahorita tengo unos chavos que vienen en categoría libre y que los traje desde que eran de secundaria. Han venido Espartaqueada tras Espartaqueada, y ahí siguen. Se quedó una semillita.

¿Por qué el Movimiento Antorchista es tan importante para la difusión del deporte, especialmente para la gente humilde?
Mira, te voy a decir algo. Yo he tenido la oportunidad de participar en federaciones: Confederación Mexicana de Voleibol, de Tenis de Mesa, y ahorita están muy mal.
El gobierno no nos apoya en nada. Para ir a una eliminatoria de federación tengo que pagar inscripción al sistema RED, membresía a la federación, arbitrajes, credenciales.
Y, al final, si ganas, te vienes con tus propios recursos, no te dan nada. Yo no puedo sacar a mi gente porque la mayoría es humilde. Pero Antorcha me da la posibilidad de traer a toda la gente, padres acompañando, con un mínimo gasto.
¿Qué mejor manera de acercar al pueblo, como dice el lema de Antorcha, a apoyar al pueblo pobre? En la última Espartaqueada fuimos 22 mil deportistas.
Por eso entiendes por qué nos dormimos en colchonetas, en el salón, o antes en la calle envueltos en cobijas. ¿Por qué vienen si van a sufrir? Pues por la Espartaqueada, por practicar un deporte de muy buen nivel de una manera prohibitiva.
¿Qué tipo de deportes y disciplinas se pueden practicar en las Espartaqueadas?
Te presumo: tengo nacionales de handball, de atletismo, de básquetbol, de gimnasia, de natación, de tenis, de frontón. Y también en cultura: he tenido campeones en canto, gente participando en declamación, yo he participado en oratoria.
Tengo un tercer lugar en danza con un grupo del pueblo. Traíamos una estampa de Veracruz, con “La Bruja” y “El Tilingolingo”; bonito. En el auditorio, Sinaloa ganó con bailes de Sinaloa, traía 46 elementos en escena y una banda en vivo. El auditorio se cimbraba. El deporte y la cultura van de la mano aquí.

¿Cómo es el nivel de competencia en las Espartaqueadas en comparación con los torneos oficiales?
Nos tocó jugar segunda división, que es lo más fuerte. Primera es muy fuerte, pero es más sencillo: recepción, bola alta, remate, cambio. Segunda división es correr, cáscara, súbela. Ese es el nivel de segunda.
Nos tocó jugar contra la UNAM, que era campeón nacional y base de la selección nacional. Estaba Martín Castillo, seleccionado nacional; estaba Adolfo Rogel, el director de la Federación Mexicana; estaba Park Heekook, entrenador de la selección nacional coreana. Pura personalidad.
Mis niñas, bien flaquitas, entraron con muchas ganas. Nos dejaron en el primer set 15-0 y en el segundo 15-2, pero duró dos horas y cuarto el partido. Las otras pegaban y mis niñas llegaban, pasaban y volvían a levantar. Jugaron con un corazón tremendo.
Terminó el partido y todos esos grandes me dieron la mano y les dijeron: Así es como se juega el voleibol, con esa pasión.
¿Cuál es tu método de entrenamiento y cómo lograste formar un equipo campeón durante seis años?
Yo soy muy gritón. Mi reglamento es: el que llega saluda, el que se va se despide, y todo con por favor y gracias. Cuando empecé con las niñas, se sentaban, se reían de mí, me torcían la boca. Tuve que empezar de cero y sacar gente del equipo. Una niña bien arreglada, su papá con dinero, decía: Él está loco, quiere que me aviente al suelo. Y se salió.
Yo no sé por qué, pero siempre sigo así: llego a la casa, me acuesto y estoy pensando en voleibol, en atletismo, en básquetbol. Me duermo y estoy soñando: vamos a ir a jugar, voy a meter esta y esta otra.
A veces, soñando, se me acordaba algo y despertaba y lo apuntaba. Toda mi vida, despierto o dormido, estoy en el deporte. Así logré tener el equipo campeón del estado durante seis años. Equipazo.
Nos tocó jugar contra la Universidad de Tamaulipas, contra la UNAM, contra Politécnico, hasta con Canadá.

¿Qué tantos sacrificios ha implicado para ti estar en el deporte y en las Espartaqueadas?
Todo esto que tengo de problemas de la cadera y de la vista es una opresión nerviosa por el exceso de ejercicio, de entrenamiento, muchos brincos. Ya perdí el 80 % de mi vista. No distingo quién es quién, veo los movimientos, pero no las caras.
Camino con bastones, muy despacio, muy cansado. Pero los muchachos se comprometieron a traerme una silla de ruedas y a andarme trayendo. Ellos no se limitan a seguir mis órdenes, llegan corriendo: ¿Ya comiste?, ¿ya te tomaste tu medicamento?, ¿ya te quieres acostar? Son hermosos niños, me quieren mucho y me apoyan mucho. Me dicen: Es que te lo has ganado.
¿Cómo ha sido el apoyo del Movimiento Antorchista?
Antorcha siempre me ha apoyado y mi labor de difusión del deporte, ahora se comprometió a que me van a operar. Yo tengo mucha ilusión.
Estoy esperando que termine la Espartaqueada para que Ever ponga a funcionar el trámite para que me operen de la vista y de la cadera.
La maestra Guadalupe Orona les dio la indicación a los muchachos de que estuvieran pendientes de mi atención. Eber me dice: “Profe, tan pronto pase la Espartaqueada nos vamos a abocar a eso”.
Yo tengo mucha confianza. La siguiente Espartaqueada espero venir caminando y volver a seguir trabajando.
¿Qué le recomendarías a los jóvenes que quieren iniciarse en el deporte?
Mi papá fue olímpico en básquetbol, representó a México. Él sabía lo que era ser deportista. A los once años me llevó una vez a la parada del camión, me dijo: “Este es el camión, este es el chofer, pagas seis pesos, te bajas en la central, cruzas la calle y tomas el micro”.
Gracias, papá. Fue la única vez que me llevó. De ahí en fuera fui yo solo, martes, jueves, sábados y domingos. Entrenábamos muy duro.
Yo siempre prometí que si volviera a nacer no trabajaría tanto, porque fue mucho ejercicio, muy cansado. Pero mi gran amor y pasión era el voleibol.
Cuando tuve que decidir entre el futbol americano y el voleibol, con lágrimas le dije al rector: “Me voy a quedar en voleibol”. Y cuando tuve que decidir entre ser jugador o entrenador, también con lágrimas decidí ser entrenador. Porque ya tenía ocho equipos en diferentes municipios.
¿Cuál es el mensaje final que le gustaría dar a los jóvenes sobre las Espartaqueadas y el deporte?
Yo les recomiendo a la gente que si quiere continuar en el deporte, se meta a la Espartaqueada. Antorcha me ha dado la oportunidad de que mis niños vivan experiencias que de otra manera no podrían.
Yo entreno aproximadamente a 40 niños, los lunes, miércoles y viernes, de 4 a 7 de la noche, en la cancha de la Conchita en Apan.
Les pregunto si les gustó la Espartaqueada, y me dicen: “Está padrísimo, profe. ¿Ya vieron el atletismo, el básquet? Está padrísimo”.
Les digo: Hágannos propaganda, porque mucha gente piensa que Antorcha es puro choque y tomar gobiernos. No, son muchas cosas.
Que sepan que Antorcha apoya al pueblo pobre. Y yo, a pesar de mis limitaciones, mientras Dios me dé licencia, seguiré trayendo niños a las Espartaqueadas.
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