• Más de cinco décadas de organización popular mantienen vigente un proyecto que busca transformar la vida de millones de mexicanos
¿Qué significa el 6 de junio para los antorchistas? Significa el inicio de un movimiento revolucionario que desde hace más de 50 años se ha dedicado a organizar, educar y llevar a la lucha a los sectores más marginados de nuestro país, en busca de una mejor calidad de vida, en busca de una sociedad más justa para los hijos del pueblo trabajador.
Lo que debe quedarle claro a cada antorchista del país es que el ideal por el que lucharon nuestros mártires sigue más vigente que nunca.
Esta incansable labor organizativa es precisamente la que tanto enoja a los grupos de poder, a los caciques regionales y a la clase política de las diferentes décadas, quienes saben bien que un pueblo organizado y consciente es el mayor peligro para sus privilegios.
Desde sus orígenes en las comunidades más pobres de México, Antorcha Campesina se convirtió en la voz de los que no tenían voz, en el brazo de los que no tenían con qué defenderse. No surgió en los salones de la academia ni en los despachos de los poderosos; nació en el campo, en los cerros, en las colonias populares, donde la miseria y el olvido gubernamental eran la única herencia para millones de mexicanos.
Y en ese caminar de lucha nos hemos enfrentado a fuerzas caciquiles que se oponen a la liberación del pueblo, que buscan a toda costa seguir manteniendo sometida a la clase de los que menos tienen.

Fuerzas que no han dudado en amenazar, agredir y, en muchos casos, asesinar a los luchadores sociales promotores del cambio que tanto urge en nuestro país.
La historia del movimiento está escrita también con la sangre de compañeras y compañeros que pagaron con su vida el atrevimiento de exigir justicia, tierra, vivienda, educación y dignidad para el pueblo.
Eso significa el seis de junio: honrar a los que han caído en la lucha, a los que entregaron hasta el último aliento de su existencia, su tiempo, sus energías, su alegría y su convicción inquebrantable a nuestra causa.

Homenajearlos no es un acto de nostalgia; es un acto político y revolucionario. Es refrendar nuestro compromiso con la causa por la que ellos lucharon, es decirles que siguen vivos en cada asamblea, en cada marcha, en cada triunfo conquistado, y que seguiremos ondeando la bandera hasta alcanzar el objetivo final.
Lo que debe quedarle claro a cada antorchista del país es que el ideal por el que lucharon nuestros mártires sigue más vigente que nunca. Que la tarea sigue pendiente, que la pobreza y la marginación no han desaparecido, que los poderosos siguen siendo poderosos y los humildes siguen esperando.
El verdadero cambio revolucionario que ellos sembraron con su propia vida sigue esperando ser cosechado. Por eso debemos seguir trabajando, seguir organizando, seguir luchando, porque tarde o temprano se tiene que hacer justicia a la clase trabajadora de nuestro México. Esa es la deuda que tenemos con nuestros muertos, y esa deuda se paga con más lucha.
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