* Jornaleros agrícolas salen de la Casa del Migrantes, en Tlapa, en busca de sobrevivir
Chilpancingo, Gro.- Durante el mes que transcurre (agosto), otras 117 familias de varios municipios indígenas de la región Montaña migraron a los campos agrícolas del norte del país -Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas, Michoacán, San Luis Potosí y Sonora-, donde se emplearán en el corte de chile y tomate verde.
La mayoría de las y los jornaleros salieron de Copanatoyac (34), Cochoapa el Grande 28), Tlapa de Comonfort (25), Metlatónoc (20), Alcozauca de Guerrero (6), Olinalá (2) y uno de Tlacoapa, municipios que forman parte de la región Montaña, caracterizada por su pobreza ancestral. El 53 por ciento son familias na savi, el 33% nahuas y el 14 por ciento me´phaa.

En la mayoría de los municipios de la región, con muy alto grado de marginación, campean la pobreza y la desigualdad social, por lo que la población vive con muchas precariedades, conflictos agrarios y feminicidios perpetrados a plena luz del día; niñas, niños, adolescentes y jóvenes no tienen oportunidades para estudiar; familias enteras se ven en la necesidad de migrar para sobrevivir ante la falta de oportunidades laborales.
De las 117 familias que se encaminan a los campos agrícolas del norte del país, 20 son niños de 0 a 5 años, que dan sus primeros pasos y crecen en medio de surcos, muy lejos de sus pueblos, debido a la falta de guarderías y escuelas de Conafe, ellos, los más pequeños, se quedan bajo una sombrilla, en un árbol o entre plantas de chile y tomate verde mientras los mayores, de 6 a 12 años, que deberían estar en la primaria, ayudan a sus padres a trabajar en los campos agrícolas, en muy malas condiciones laborales. Los adolescentes, de 13 a 17 años tienen la misma suerte, sus esperanzas están en los surcos porque a ellos no llega la Beca Benito Juárez para poder estudiar y dejar de heredar la explotación.
Tristemente, las autoridades estatales y federales no garantizan el derecho a la educación de la niñez de la Montaña, tampoco les importan los derechos laborales de la población jornalera, la que menos garantizado tiene el derecho a la educación.
Por esa razón la migración aumenta, niñez y juventud crecen en los surcos como la única alternativa de vida, no pueden dejar de ir a los campos agrícolas del Norte de México porque morirían de hambre o por enfermedades, en la Montaña no hay otra opción para sobrevivir porque no hay apoyos del gobierno para mitigar emergencias y los pocos que llegan a la región, no son suficientes para sobrevivir.
En la Montaña no hay otra opción para sobrevivir: niñez y juventud crecen en los surcos como la única alternativa de vida, lejos de sus pueblos y sin oportunidades para estudiar.
Los autobuses llegan a las instalaciones de la Casa del Jornalero, en Tlapa de Comonfort, donde en algunas ocasiones, cuando hay gas, ofrecen comida caliente (frijoles y tortillas) a familias enteras, que con huipiles, pantalones de manta, huaraches y un dejo de nostalgia, se alistan para iniciar el viaje a los campos agrícolas, donde, además de enfrentar discriminación y hasta extorsiones, pasarán meses enteros bajo extenuantes jornadas laborales. Saben que al menos tendrán dinero para sobrevivir unos meses más. Los que emigran por vez primera, en su mayoría jóvenes, salen con incertidumbre y esperanza de una vida mejor.

En orden, hombres y mujeres suben bolsas con ropa al compartimento de equipaje de los autobuses mientras los más pequeños esperan para subir y buscar los lugares asignados. De las ventanillas, niñas y niños se despiden de sus familiares y el autobús sale lentamente rumbo al norte de México, dejando atrás una estela de incertidumbre que se pierde entre montañas que forman un paisaje inigualable.
Con datos del área de Fortalecimiento Comunitario del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, en 2025 emigraron de la región 13 mil 36 jornaleros agrícolas, casi 2000 más de los que salieron en 2024, 11 mil 50.
En la Montaña la siembra ya no es opción, por lo que la migración es cada vez mayor, es prueba fehaciente de que a las autoridades poco les importan las familias indígenas de la Montaña -a las que consideran personas de segunda clase-, que se someten a la esclavitud moderna al tener que soportar las extenuantes jornadas en los campos agrícolas y la desatención oficial.

Para el Movimiento Antorchista, la migración es un fenómeno provocado por la pobreza, la falta de empleo, la falta de oportunidades y el modelo económico actual, que expulsa a la clase trabajadora de sus lugres de origen; para frenarla, propone resolver las causas estructurales de la pobreza extrema a través de una redistribución equitativa de la riqueza nacional, la creación de empleos bien pagados, el impulso a la producción agrícola regional y el cese de la inseguridad pública que azota a pueblos rurales y urbanos.
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