• La proeza del líder de la revolución cubana sigue vigente ante las constantes amenazas de la ultraderecha global
En el ámbito del Occidente mundial, pero principalmente en América Latina y el Caribe, un fenómeno geopolítico va cobrando cada vez más evidencia y realidad, para desgracia de la humanidad entera; me refiero al viejo anhelo imperialista aquel, de un mundo unipolar sin fronteras ni restricciones de ningún tipo, y gobernado por un solo individuo, a razón de suma y síntesis servil, personificada, de los grandes potentados del planeta.
Fidel Castro Ruz no sólo liberó a su patria de la tiranía del imperialismo estadounidense; ese día, él, sus combatientes y el pueblo cubano enseñaron a los pueblos latinoamericanos que el poderío de Estados Unidos no es invencible.
Lo que digo se entenderá mejor si escuchamos, vemos y analizamos con atención, por un lado, la insolente y provocadora actitud en las declaraciones que hace cada vez que puede el presidente estadounidense Donald Trump y, por el otro, si consideramos las circunstancias del ascenso de la ultraderecha en varios gobiernos de países latinoamericanos, corriente representada por políticos al servicio del gran capital estadounidense y manejados directamente desde Washington.
El botín que busca Trump no es pequeño, y le urge como carne de cañón y bastimento de recursos humanos y energéticos que le permitan reorganizar la ofensiva que tiene empeñada al otro lado del mundo. Y la maquinaria bélica está en marcha. Ya vimos lo que pasó con Venezuela, pero Cuba, Brasil, Nicaragua y México también están en su lista como la joya de la corona.
Aquí es, precisamente, donde urge escudriñar en la historia de las luchas de liberación de los pueblos del mundo. Y, conforme al título de este trabajo, diremos que aquí es donde urge recordar la acción liberadora impulsada por la acción revolucionaria de Fidel Castro Ruz.
Pero el problema principal con el que nos topamos son todas las toneladas de escoria escatológica que ha lanzado el imperialismo sobre la memoria de un hombre sin igual en nuestra historia reciente.
“Sólo si cada ser humano conoce su realidad, inmediata y mediata, presente y pasada, puede decirse que vive en su época. Quien no conoce o no reflexiona sobre lo que sabe es como si no viviese en su tiempo, como si fuera ajeno a su propia circunstancia. Una persona desinformada vive físicamente, sí, resuelve sus necesidades de subsistencia y hace vida familiar, pero al no conocer su realidad en su devenir mismo, no puede orientarse en ella, entenderla y a partir de ahí, encontrar su lugar en el entramado de relaciones sociales, entre las diferentes fuerzas en pugna; no comprende qué le beneficia ni qué le perjudica, y mucho menos entenderá cómo terminar con la situación presente que le afecta y construir en su lugar una sociedad mejor”, indica Abel Pérez Zamorano en su artículo “En Latinoamérica la ultraderecha enseña los colmillos” (Revista Buzos, 3 de agosto de 2026).

En relación con esto, hablar de las condiciones de miseria, injusticia y maltrato de Cuba antes de la revolución de Fidel no es el objeto de este trabajo; baste decir que, no obstante el poderío que detentaba ya Estados Unidos, pasada la Primera y Segunda Guerra Mundial y todo lo que ello trajo consigo, los hombres y el pueblo de Fidel Castro lograron no sólo la independencia de su nación, sino además mantener en la isla un sistema económico y social diametralmente distinto al implantado en el gigante norteamericano. Esta es la explicación más profunda del terrible bloqueo económico que se padece en Cuba hasta nuestros días.
La historia de la hazaña de Fidel comenzó mucho antes del heroico asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, promovido con el objeto de derrocar al dictador Fulgencio Batista, esbirro de Estados Unidos. Como sabemos, el intento fracasó, pero la derrota militar de los revolucionarios fue una victoria política para ellos mismos, porque dio a conocer al pueblo cubano la existencia de Fidel Castro y su grupo.
Lo que siguió después quedó consignado y muy poco desmentido en la obra llamada “La historia me absolverá”, escrita por Fidel en la cárcel a modo de su defensa, pues él mismo fue el abogado de su causa. Y esto fue así porque, “las ideas no se matan”, registró ingeniosamente Ignacio Ramonet en su “Biografía a dos voces”, cuando las circunstancias del destino salvaron la vida de la revolución, junto con el revolucionario.
Después de 22 meses en la cárcel, salió libre Fidel el 15 de mayo de 1955 gracias a una ley de amnistía otorgada obligadamente por el régimen de Fulgencio Batista.
Pero a la cárcel siguió el destierro. El 7 de julio de 1955 salió Fidel y algunos de sus compañeros rumbo a México desterrados de su amado terruño. Poco más de un año pasó Fidel en tierras mexicanas, pero sin olvidar nunca la situación miserable de sus compatriotas.
Los mexicanos, aparte de la adhesión del célebre médico Ernesto Guevara de la Serna, el Che, le aportaron las condiciones necesarias para reunir y entrenar a los combatientes que finalmente organizarían el levantamiento armado contra Batista.

Fue el 2 de diciembre de 1956 cuando llegaron Fidel y sus combatientes a Cuba, tras desembarcar en las playas del municipio de Niquero, provincia de Oriente, a bordo del yate Granma, que había zarpado de Tuxpan, Veracruz, el 25 de noviembre de ese mismo año.
Tres años de aguerrido combate después, y sin faltar nunca la participación siempre activa del pueblo cubano, el primero de enero de 1959, Cuba fue liberada del despotismo que sufría. Fulgencio Batista huyó a Estados Unidos, y el Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro tomó Santiago de Cuba; el 8 de enero los combatientes hicieron su entrada triunfal a La Habana. La primera parte de la hazaña estaba ya consumada.
En 1959, Fidel Castro Ruz no sólo liberó a su patria de la tiranía impuesta por el imperialismo norteamericano; ese día, él, sus combatientes y el pueblo cubano enseñaron a los pueblos latinoamericanos que el poderío de Estados Unidos no es invencible.
Eso, y lo que han hecho después con su patria los revolucionarios, es lo que el imperialismo mundial no perdona ni perdonará nunca a Fidel, aun después de muerto.
Fidel dejó este mundo como los revolucionarios consecuentes, cuando quiso y en la batalla, y dejando un legado de lucha libertadora que no podrá ser borrado de la historia mientras existan seres buenos y bondadosos dirigidos científicamente por el marxismo, la única teoría emancipadora que guía los destinos de los pueblos libres.
En estos tiempos tan convulsos que promueven el sometimiento absoluto de los pueblos, no cabe la indefinición. Recordemos hoy la proeza de Fidel Castro, porque mañana organizaremos la defensa de la patria.
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