MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Proceso electoral en marcha, ¿cómo debe actuar el pueblo?

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• Los comicios del año 2027 exigen que la ciudadanía analice cuidadosamente las propuestas y evite falsas promesas

En el año 2027 se renovará la gubernatura, 58 ayuntamientos y 30 diputaciones locales, un proceso inusitado que formalmente empezó los primeros días de septiembre, pero que llevaba años en marcha con promoción desbordada de distintos actores de la vida pública a efecto de posicionarse ante la ciudadanía.

La promoción adelantada se desbordó y sin distingo de color partidario inundaron bardas, se repartieron "periódicos informativos", hubo guerra de encuestas pretendiendo inducir a la población, marcada promoción en las redes sociales y un largo etcétera de actos anticipados.

Esto sin que hubiera moción alguna de los organismos electorales que no vieron ninguna "anomalía" ante las carretadas de dinero invertido en la promoción.

Pero no sólo eso, aunque se empeñen en negarlo y dejando por adelantado que no es mi intención hacer escarnio de ningún partido en particular, sólo dar cuenta de lo acontecido.

Teniendo claro que con matices son variados los colores partidarios y actores que incurren en ello, como nunca hemos visto una marcada campaña de promoción.

En algunos casos haciendo uso de programas gubernamentales, diciendo a la gente que son el resultado de la gestión y su gran preocupación por el pueblo.

No han faltado las amenazas, los condicionamientos y la guerra de declaraciones descalificando. En honor a la verdad, aunque se habla de unidad hacia el interior de los institutos políticos, los golpes bajos no han faltado, la guerra sucia ha sido prematura y se anuncia que intensificará.

Y ante esta circunstancia ¿qué debe hacer el pueblo?, un obrero que todos los días se levanta muy temprano y regresa agotado después de la jornada ¿debe creer el alud de promesas? ¿Las carencias en general deben hacerlo sucumbir ante los cantos de sirena?

Creo honestamente que es indispensable hacer algunas reflexiones que retratan la realidad actual. Esto para ser conscientes de tal circunstancia, tomar decisiones razonadas y, desde mi particular punto de vista, en colectivo.

Aunque se habla de unidad hacia el interior de los institutos políticos, los golpes bajos no han faltado, la guerra sucia ha sido prematura y se anuncia que intensificará.

Hoy, por mucho que se empeñen de convencernos de lo contrario, estamos ante una crisis en todos los ámbitos. El sistema de salud está desarticulado, en ocasiones ni gasas hay para curaciones.

Aunque se habla de incrementos al salario, lo cierto es que se pulveriza ante el alza sostenida en la canasta básica. La educación está en decadencia y los resultados de la prueba PISA (donde salimos reprobados en todos los rubros) es la demostración contundente de ello.

La amenaza de intervención extranjera por la inacción gubernamental ante la delincuencia nos somete a una doble amenaza: la de intervención y nuestros males internos.

¿Y ante esto las promesas renovadas resolverán la situación, aunque sea paulatinamente? Está claro que no, pues en honor a la verdad muchos de los males son sistémicos.

Es decir, no se le puede acreditar al gobierno, son el resultado de la forma en la que está organizada la sociedad. Donde el afán de ganancia convierte todo en mercancías que le dejen jugosas ganancias, aunque ello implique dejar al pueblo con hambre o incapacitado para curarse.

Por ello adquieren relevancia los próximos comicios, todos debemos observar con cautela a los aspirantes, no sucumbir ante amenazas ni ilusionarse ante promesas. Contrastar la trayectoria de quien aspira con sus hechos para augurar la seriedad de sus promesas y en su momento tomar determinaciones colectivas.

Y de ser posible, exigir compromisos que se asuman en conjunto y se diseñen mecanismos que exijan honrar la palabra de quien promete. Todo ello sabedores de que no habrá salvador o superhéroe que venga a resolver la situación.

La tarea sigue siendo organizar al pueblo y formar una gran fuerza que tome en sus manos la conducción de la patria.

De no hacerlo, una vez más vendrá la desilusión y los males ahí seguirán. Que conste.

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