El Primero de Mayo no es una fecha para discursos vacíos ni celebraciones superficiales. Es un día de lucha del pueblo trabajador, y en México, esa lucha pasa necesariamente por la defensa de la educación pública.
Hoy, la educación en nuestro país atraviesa una crisis profunda que no puede seguir ocultándose. No es un problema aislado, sino el resultado de un sistema que mantiene en la pobreza a millones de familias y, con ello, limita el acceso real a una educación de calidad.
La pandemia de COVID-19 dejó al descubierto esta realidad. México fue uno de los países con mayor tiempo de cierre de escuelas, superando los 250 días, según la UNESCO. Esto provocó pérdidas de aprendizaje equivalentes hasta a dos ciclos escolares, afectando principalmente a los estudiantes más pobres.

Los datos son contundentes. De acuerdo con PISA 2022 de la OCDE, el 66% de los estudiantes mexicanos no alcanza el nivel básico en matemáticas y cerca del 47% no logra el nivel mínimo en lectura. Además, más de 4 millones de niños y jóvenes están fuera de la escuela, según UNICEF e INEGI. Esta es la verdadera cara de la educación en México.
Desde el Movimiento Antorchista lo hemos dicho con claridad: mientras exista pobreza, no habrá educación de calidad.
Pero también es una lucha del magisterio. El gobierno federal encabezado por Claudia Sheinbaum prometió atender el problema de las pensiones; sin embargo, sólo ha hecho ajustes al décimo transitorio, dejando intacto el sistema de cuentas individuales, donde se encuentra la mayoría de los maestros y donde las pensiones siguen siendo insuficientes.

A esto se suma la realidad que viven decenas de estudiantes en colonias populares donde trabaja el Movimiento Antorchista. Con el pretexto de que son asentamientos “irregulares”, las autoridades ponen trabas y otorgan apoyos mínimos, obligando a niños y jóvenes de preescolar, primaria y secundaria a estudiar en condiciones indignas: hacinados, sin aulas adecuadas y sin servicios básicos.
Esta situación no puede seguir tolerándose. La educación es un derecho constitucional del pueblo, no un privilegio condicionado.
Por ello, este Primero de Mayo, los maestros antorchistas no celebran: luchan. Luchan por escuelas dignas, por condiciones justas para el magisterio y por el derecho real del pueblo a la educación.
Hacemos un llamado enérgico a las autoridades para que atiendan de inmediato estas problemáticas. De no hacerlo, el pueblo organizado hará valer sus derechos, como lo ha hecho históricamente.
Porque hoy, como ayer, queda claro: la educación del pueblo no se mendiga, se conquista con organización, con conciencia y con lucha.
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