MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Llegó la temporada de huracanes; lo que faltaba

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• Pinfra retrasa ampliación carretera en Colima y afecta a unos 20 mil usuarios ante severas tormentas

El día 2 de junio de 2026, leí en la página digital oficial de Indira Vizcaino, gobernadora de Colima, un mensaje que supongo escrito por ella, donde informó a los colimenses que se reunió en casa de gobierno con ejecutivos de la empresa Pinfra, “para conocer el avance de los trabajos y revisar las acciones en curso”, sobre las obras que se llevan a cabo en la ampliación de la autopista Manzanillo-Colima.

Pinfra no es una empresa cualquiera, es la más grande operadora de autopistas que, destruyendo, construye complejos administrativos recaudatorios en las autopistas para dosificar el flujo vehicular en gran parte del país. 

Estoy muy seguro de que, como yo, miles, o tal vez decenas de miles de usuarios permanentes y ocasionales de esta importante vía de comunicación, albergamos la esperanza de que nuestra máxima autoridad política, la mandataria que carga el mandato del pueblo, hiciera saber con enérgico acento a la empresa Pinfra nuestra inconformidad, y exigiera reparación inmediata, ante el malestar excesivo que genera su insolente atropello, ante la falta de planeación suficientemente técnica y logística en los trabajos de su obra, que están lesionando severamente el derecho de paso de la población en general.

En el mensaje que subió la gobernadora no abundó en detalles, por lo que no sabemos cuánto más se trató con la empresa. Por tanto, sólo nos queda aquí velar por la esperanza de algo bueno para todos. 

Pero lo que sí sabemos es que esta “obra estratégica para el desarrollo del estado”, calificada así por el gobierno sin especificar dónde estará precisamente ese desarrollo, está destruyendo patrimonios, bienes, vidas, y otras carreteras que difícilmente se van a poder componer al concluir los trabajos.

Para argumentar, veamos dos aspectos muy visibles de la obra que sufrimos en la autopista: por un lado, empresas constructoras que destruyen para incrementar su riqueza, y por el otro, infraestructura del pueblo destruida y en abandono.

Veamos primero lo que sabemos de los que destruyen para construir.

Se sabe que Promotora y Operadora de Infraestructura (Pinfra) es una empresa líder en el sector de infraestructura. Se dedica a promover, desarrollar, construir, financiar y operar proyectos como autopistas de cuota, puentes, terminales portuarias y plantas de asfalto. 

Es el operador de autopistas de peaje más grande de México. Gestiona cerca de 30 concesiones carreteras, incluyendo tramos claves de carga y logística, y una terminal portuaria.

Pinfra, entonces, no es una empresa cualquiera, es la más grande operadora de autopistas que, destruyendo, construye complejos administrativos recaudatorios en las autopistas para dosificar el flujo vehicular en gran parte del país. Y como toda empresa del gran capital, hará todo lo necesario para asegurarse la máxima ganancia en todo lo que haga o deje de hacer en Colima. 

Ante los intereses de este gigante de la infraestructura, por un lado, y los intereses del pueblo colimense, por el otro, la gobernadora está en una disyuntiva.

Y ahora, ¿qué sabemos de los destruidos en la construcción? En primer lugar, tenemos a los usuarios de la autopista que se quedan literalmente secuestrados por horas y horas en filas interminables y desesperantes, algunos sin clima, agua ni comida, y sin la certeza de llegar a tiempo a las citas médicas, familiares, laborales o de cualquier tipo. 

El capitalista que sabe su oficio entiende siempre que el tiempo es valor, y por tanto, riqueza. ¿Cuánto valor y riqueza, que no van a recuperar nunca más en su vida, pierden todos aquellos quienes se quedan atorados por horas en los bloqueos ocasionados por Pinfra?

Y luego están los pobladores de la comunidad de La Salada, una pequeña población aledaña a la autopista, que tuvieron que salir a protestar contra Pinfra en la misma vía en construcción, por el incumplimiento de acuerdos reparatorios a graves daños en sus calles, afectaciones viales y en el suministro de agua potable; riesgos por maniobras de la maquinaria y falta de pagos a trabajadores locales; denuncian, además, que los trabajos generan continuas molestias nocturnas por explosiones y fuertes vibraciones. La Salada no será ya nunca más lo que era; “el desarrollo del estado” exige su destrucción.

Y también tenemos las vías alternas, “habilitadas” a la fuerza para no molestar las labores de Pinfra. 

En la página digital llamada Colima al Minuto, se hace un ilustrativo recuento de daños presentes en la ruta alterna ofrecida para transitar de la capital a Armería saliendo por Coquimatlán. 

El medio resume así la experiencia de viajar por esa vía: “…no es segura, no es confiable, está llena de baches, tramos de terracería en muy mal estado; (pasar por ahí) de noche, ni pensarlo por temor a ser asaltado, no encontramos una sola patrulla de policía en la hora y media de recorrido”. Y la ruta por Ixtlahuacán está por las mismas. Pero el “desarrollo del estado” está dispuesto a aceptar este sacrificio.

Entonces, ¿de todo esto habló la gobernadora con los ejecutivos de Pinfra? Por el bienestar, esperemos que sí.

Y cuando ya estábamos en espera del fin de este inmerecido suplicio, amparados en el refrán aquel de don Quijote que dice: “…ni el bien ni el mal pueden durar para siempre; por tanto, como el mal ha durado mucho tiempo, el bien debe estar ahora a la vuelta de la esquina”, resulta que nos alcanzó lo que faltaba: la temporada de huracanes 2026.

Y lamentarse de esto no es cosa menor. No conozco empresa constructora de carreteras que trabaje en medio de las tormentas ni mucho menos en medio de un huracán.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de México informó que la temporada de huracanes comenzó en la cuenca del Pacífico oriental desde el pasado 15 de mayo; el día 2 de junio la tormenta tropical llamada “Amanda” se hizo presente en Manzanillo. 

Los que hacen los pronósticos del tiempo anuncian lluvias torrenciales para toda la semana que sigue. Si el gobierno estatal no obliga a Pinfra para que cumpla en tiempo y forma con la entrega de la obra ya terminada según lo contratado, a los usuarios de la autopista literalmente nos va a llover sobre mojado.

Y la lección es la misma, y se abre paso en medio de la manipulación oficial: el verdadero bienestar del pueblo debe ser obra de la organización consciente del pueblo mismo. No hay de otra.

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