• Tras más de dos siglos de la lucha insurgente, las clases populares siguen padeciendo desigualdad y sumisión extranjera
Nuestro país enfrenta dos problemas históricos que se han agudizado en los últimos años. Dos causas por las que lucharon los héroes de la Independencia y hasta ahora no se han hecho realidad.
La primera es que hacia el exterior no somos tan independientes y soberanos como creemos. Y la segunda es que en el interior no se han conquistado las verdaderas libertades ni alcanzado la justicia social.
Estos dos problemas vienen a reflexión por la conmemoración de las fiestas patrias que se ha convertido en un ritual anual casi vacío de contenido. No se puede hablar de libertad, justicia e independencia en un país donde más de 100 millones de mexicanos padecen algún tipo de pobreza por la desigualdad económica; por la injusta distribución de la riqueza.

La pregunta objetiva y valiente que debemos hacernos es ¿todos los mexicanos gozamos de plenas libertades, justicia social y soberanía nacional, tal y como lo soñaron los que iniciaron la Guerra de Independencia? o ¿cuáles son las causas y contradicciones sociales profundas que no han permitido alcanzar el objetivo después de más de dos siglos?
Por esto, no debemos reducir la conmemoración, celebración y festejo cada 15 de septiembre a sólo salir a bailar, gritar “¡Viva México!”, comer pozole, tomar tequila y salir por la mañana a ver el desfile del 16 de septiembre.
Por el contrario, se necesita conocer a profundidad las causas históricas objetivas que generan los pendientes sociales y por qué las garantías individuales, la soberanía e independencia nacional están cada vez más en riesgo.
Cuando el padre de la patria, el cura don Miguel Hidalgo y Costilla acompañado de otros héroes de Independencia, junto a miles de hombres y mujeres se levantaron a un solo grito en armas, dispuestos a ofrendar sus propias vidas por liberarse del sometimiento, la explotación y humillación del yugo español ejercido durante más de 300 años, soñaron con alcanzar una nación independiente, garantías individuales y justicia para los mexicanos.

Recordar a los héroes que nos dieron patria es un compromiso patriótico y es un momento de reflexión que debe permanecer durante todo el año en cada uno de nuestros actos.
Eso mantendrá latente el compromiso de seguir luchando para resolver los grandes pendientes históricos que continúan presentes y afectan la vida de millones de mexicanos: pobreza, desempleo, bajos salarios, la falta o malas condiciones de la vivienda, falta de servicios básicos, pésimos servicios públicos, transporte de mala calidad, violación a los derechos humanos, altos índices de inseguridad, profunda desigualdad social, etcétera.
Todos los días esos males afectan a millones de mexicanos humildes y desposeídos que continúan viviendo en precarias condiciones. A ninguno de ellos les ha hecho justicia la Independencia.
El país es un río revuelto, lleno de actos que horrorizan, se está pudriendo en las entrañas y los que están en el poder no saben cómo enfrentar y resolver todas estas contradicciones.
Todos los mexicanos debemos reflexionar con amplitud y profundidad qué nos corresponde hacer para alcanzar nuestra verdadera libertad como nación y como pueblo.
En los tiempos actuales, cuando baten tambores de guerra en el mundo al gestarse una nueva geopolítica, nos damos cuenta de que no somos ni tan soberanos ni independientes como lo presumimos.
Los pueblos del mundo están más controlados, sometidos y regidos de formas sutiles y efectivas por el imperialismo occidental. Nos hacen creer que ellos son los abanderados de la verdadera libertad y democracia, pero la vía de las armas es una de tantas formas que los poderosos han creado para someter a sus intereses a los pueblos del mundo, saquear sus riquezas y mantenerlos al servicio de sus intereses.

Nuestra dependencia de las potencias occidentales en tecnología, alimentos, transporte, comunicación, agroquímicos, medicamentos e insumos de salud, etcétera, es muy alta. Y eso nos vuelve vulnerables, nos impide ser soberanos como nación, al final no somos independientes ni económica ni políticamente.
Todos los mexicanos debemos reflexionar con amplitud y profundidad qué nos corresponde hacer para alcanzar nuestra verdadera libertad como nación y como pueblo.
Antorcha propone diseñar una economía nacional en todas las ramas más productivas, impulsar la producción y el consumo interno, y elevar los salarios que permitan al trabajador obtener todos los bienes de consumo que su familia necesita.
Para eso se necesita un Estado con muchos recursos, para lo cual también Antorcha propone aplicar una reforma fiscal progresiva donde pague más el que tiene más y con ese dinero invertir en servicios y obra social básica en todos los pueblos y colonias.
Todo esto es posible hacerlo con una planificación, dirección y ejecución desde el poder nacional donde al frente esté una vanguardia de hombres y mujeres que antepongan los intereses colectivos por el bien del país.

Es de mexicanos bien nacidos conmemorar los triunfos de nuestras revoluciones sociales donde millones de mexicanos ofrendaron sus vidas para alcanzar lo que tenemos y somos como nación.
Pero no seremos capaces de alcanzar las verdaderas libertades sociales que siguen pendientes en beneficio del pueblo trabajador, si este desconoce, no se organiza y no lucha con una profunda e inquebrantable conciencia social de clase.
Se necesita conocer los métodos de lucha y las formas organizativas correctas, además de aplicarlas en el momento preciso, y deben ser encabezados por una vanguardia intelectual proletaria que lleve a puerto seguro al pueblo mexicano en su triunfo definitivo. Esta tarea histórica sigue pendiente y todos tenemos la obligación moral de poner manos a la obra.
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