Trabajadores exigen recursos urgentes para reparar daños y asfixia burocrática en 76 unidades clínicas sonorenses
En franco deterioro se encuentra la infraestructura de la mayoría de los hospitales públicos de los diferentes subsistemas de salud en el país, y lo que está sucediendo en el hospital del Issste “Dr. Fernando Ocaranza”, ubicado entre Morelos y Periférico en Hermosillo, es una radiografía de lo que hoy sucede en muchos centros.
El último recurso que les dejan a los trabajadores del sector y a los usuarios es alzar la voz y exigir mayores recursos económicos para mejorar las condiciones materiales en todas las clínicas y hospitales; esta es una forma de repartir la riqueza social.
Las pésimas condiciones materiales en que se encuentran muchos hospitales son una manifestación clara de los grandes males intrínsecos que padece todo el sistema nacional y sus subsistemas.
La manifestación de crisis actual anula los esfuerzos gubernamentales, desnuda los discursos adornados y evidencia la dimensión del problema; las autoridades responsables de administrar la salud han aplicado paliativos, cometido errores y provocado un sinfín de tropiezos que han impactado negativamente. Se necesitan cuantiosos recursos y una correcta aplicación para revertir este complejo problema.
El sistema está colapsado, la cúpula de funcionarios no ha podido resolver los problemas de cada centro hospitalario; en la entidad se cuenta con una amplia red de centros que, en su mayoría, presentan algún deterioro: el IMSS-Bienestar opera con diecisiete hospitales de segundo nivel, dos de tercer nivel, 222 centros de salud, 26 unidades de especialidades médicas y trece unidades móviles, bajo la dirección de la coordinación estatal y diez coordinaciones regionales.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tiene 76 centros médicos en toda la entidad. El Issste cuenta con 35 unidades médicas: 29 unidades de primer nivel, seis clínicas de medicina familiar y los consultorios de atención familiar.
El Isssteson cuenta con cuatro hospitales, seis centros integrales de atención a la salud y 30 módulos médicos en el estado. El 45 % de la infraestructura requiere mantenimiento o rehabilitación en algunas de sus áreas, pintura, pisos, red sanitaria, eléctrica e hidráulica, sistema de aires acondicionados, etcétera; el fenómeno es de otras dimensiones.
El dinero público que se asigna cada año para mejoras, reparación y mantenimiento es insuficiente; debería incrementarse el monto y no sólo para construir nuevos hospitales.
No es que los trabajadores de la salud, que viven y sufren todas las carencias que no les permiten realizar con eficiencia, calidad y calidez su trabajo, estén buscando cualquier pretexto para denunciar a sus superiores y a las autoridades políticas.
Tampoco que la ciudadanía tenga la piel muy sensible y ande buscando motivos para criticar y denunciar las pésimas condiciones en que se encuentran los hospitales: áreas inundadas, sistemas de refrigeración descompuestos, techos colapsados, presencia de fauna nociva, pisos destruidos, quirófanos descompuestos, aparatos médicos obsoletos e inservibles, etcétera.

La verdadera causa es un sistema desarticulado, recursos insuficientes, burocratismo asfixiante, mucho personal carente de principios éticos y profesionales y simulación laboral; todo empeora si el gobierno es incapaz de resolver estos problemas por no atacar de raíz las verdaderas causas que están pudriendo a todo el sistema nacional, lo reconozcan o no.
Los trabajadores de la salud de todos los subsistemas deben unirse para crear una fuerza que les permita ser escuchados y ver atendidas sus demandas, que directa o indirectamente beneficiarán a los usuarios, mismos que coinciden en que las pésimas condiciones materiales de las clínicas y hospitales deben ser atendidas urgentemente y sin regateos; basta de que sólo en los discursos oficiales se mienta, la realidad se impone por la vía de los hechos.
Las autoridades federales deben reconocer que no han podido resolver el problema hasta el día de hoy; no les haría daño hacer un diagnóstico centro por centro y emprender medidas concretas con grandes inversiones del erario.
Se requiere resolver de raíz los problemas que carcomen, afectan, limitan y frenan brindar un servicio completo, eficiente y de calidad; contratar a los trabajadores: especialistas, enfermeras, camilleros, psicólogos y todos los que se necesiten en cada centro, otorgando mejores salarios, prestaciones y certeza laboral; hacer equipamientos completos y tecnología de punta: camas, quirófanos, salas de espera y ambulancias, así como dotarlos de material de curación y medicamentos; rediseñar un organigrama de funcionamiento más efectivo para erradicar la burocracia, simulación laboral y sobrecarga de trabajo.
Hasta ahora, el no poder resolver el problema por incapacidad, complicidad, intereses políticos o económicos es un grave error del gobierno en el poder y una gran deuda con los humildes del país.

En el sistema donde los humildes somos números, donde sólo se prepara a los seres humanos para cumplir un rol productivo, hay que dar las condiciones de existencia que permitan jugar ese rol durante su vida laboral; para ello, deben ser atendidos en el sistema de salud que brinde al trabajador y sus familias un servicio con mínima eficiencia que les permita seguir reproduciéndose como clase social con condiciones de salud física y mental mínimas.
El problema se agudiza cuando la función que los explotadores le encargan al sistema de salud no se cumple, cayendo en una crisis insostenible; eso es lo que está pasando, se está volviendo intolerable e insoportable laborar en las condiciones materiales paupérrimas en muchos hospitales.
El último recurso que les dejan a los trabajadores del sector y a los usuarios es alzar la voz y exigir mayores recursos económicos para mejorar las condiciones materiales en todas las clínicas y hospitales; esta es una forma de repartir la riqueza social, invertir las cantidades de recursos que se necesiten para elevar la calidad de los servicios públicos.
Ahí están los derechohabientes que, cada vez que acuden en busca de un servicio médico, viven en carne propia las pésimas condiciones materiales en cada centro. Solidaridad con los trabajadores de la salud; hoy por ellos, mañana por nosotros.
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