MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Jornaleros migrantes viven en condiciones deplorables

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En la actualidad los seres humanos nos encontramos tan preocupados por nuestros problemas, algunos más graves que otros, que se nos olvida que a nuestro alrededor hay quienes viven una odisea diaria para sobrevivir, pero como estamos inmersos en la vida cotidiana nos es difícil percatarnos de ello; en algunos casos ya vemos como algo “normal” a niños, ancianos, madres solteras, pidiendo una moneda en un crucero en la ciudad.

¿Organizarnos para qué? Para exigir a los gobernantes obras y servicios, vivienda, espacios para educación, hospitales equipados; organizarnos para transformarnos de polvo a roca dura y maciza.

Quiero decir que esto no es “normal”; niños, ancianos y adultos que, a pesar del calor, la lluvia o el frío implacables, estén a expensas de lo que los demás puedan darles; la ciudadanía es buena y apoya, de eso no hay la menor duda, pero es innegable que las pocas monedas que puedan obtener no resuelven problemas mayores, quizás ni les alcance para comer bien.

Pues bien, la migración es un fenómeno que existe desde tiempos remotos, prácticamente desde el origen de la humanidad; en aquel tiempo quizás el ser humano buscaba cómo protegerse del clima o seguramente buscaba alimento.

En la actualidad la migración se da por situaciones ligadas a la necesidad de buscar un mejor empleo, porque la gente huye de la violencia que se ha intensificado y busca una forma de vida más tranquila; como sabemos, mucha gente emigra al extranjero, pero eso también sucede al interior del país, como es el caso de los jornaleros agrícolas.

A diferencia de los jornaleros agrícolas de los pueblos originarios del estado que bajan a la zona costera al corte de tabaco y otras cosechas, aunque también viven en albergues, la diferencia respecto a los que vienen del sur del país es que los locales pueden regresar “fácilmente” a sus comunidades de origen.

No sucede así con los otros que están a horas y cientos de kilómetros de distancia y que están obligados sí o sí a permanecer por largas temporadas, algunos ya de por vida, fuera de sus lugares de origen.

En la capital del estado de Nayarit existen dos ingenios azucareros importantes: Molino de Menchaca y el ingenio de Puga, este último ubicado en la comunidad Francisco I. Madero (Puga), en la zona rural de Tepic. A estos ingenios llegan familias completas, en 2025 el ingenio “El Molino” contó con 800 cortadores, de los cuales el 70 % llegó de fuera, lo cual significa que tuvieron que instalarse en los albergues. 

¿Qué condiciones de vida hay en estos albergues? ¿Alguna vez se ha preguntado usted o se ha enterado por otros medios de cómo es vivir en albergues?

Los albergues ubicados en la zona de San Cayetano, que son los que he tenido la oportunidad de conocer, son apenas unos pequeños cuartos; la puerta es una cobija delgadita que segura estoy no detiene el frío.

En esa zona hace mucho aire helado; ahí, en ese pequeño cuarto, las familias tienen habilitada la cocina y el espacio para dormir; en tiempos de lluvias el agua entra por el techo y la puerta sin que se pueda hacer nada, como dice la frase “llueve más adentro que afuera”. Una verdadera odisea lo que viven las familias. Pero hay más.

En esos albergues hay niños que no van a la escuela, no tienen la posibilidad de educarse; ellos también van al trabajo como los adultos, o en su defecto, se quedan a cumplir con tareas del hogar; no hay apoyos para ellos porque algunos no saben ni leer ni escribir, carecen de documentación que los avale para solicitar siquiera una despensa que lleve lo mínimo.

¿Y el esparcimiento? No existe. Los jornaleros salen de madrugada a cumplir con su labor y regresan tarde, cansados, agobiados, cubiertos de tizne la mayor parte del cuerpo y el rostro; lo único que hacen es cenar y volver a descansar un poco para otro día continuar.

Apreciado lector, hago esta pequeña reflexión para hablar de cómo y por qué debemos mirar a nuestro alrededor y preocuparnos por nuestros semejantes, que son nuestros hermanos de clase, hermanos de sufrimiento diario y hermanos de lucha.

Ejemplos podría poner muchos, pero particularmente quise referirme a la forma de vida de los jornaleros que trabajan en la zafra de caña; su ejemplo es sólo un reflejo de la vida difícil de quienes no tienen más que sus manos y su fuerza física para ganarse la vida.

Esto es una injusticia que todos debemos conocer; así como los jornaleros sobreviven, los trabajadores de diferentes oficios como albañiles, carpinteros; los profesionistas; amas de casa, es decir, quienes conformamos esta sociedad, sufrimos todos los días la enorme brecha que hay entre ricos y pobres.

Para prueba un botón: El diario La Jornada publicó en una nota del día 20 de enero: “De 109 megarricos en América Latina, 22 son de México: Oxfam”.

Esta información en pocas palabras significa que en un país de poco más de 120 millones de personas, solamente 22 tienen en sus manos tanta riqueza que para el resto es inimaginable; tan sólo Carlos Slim Helú posee una fortuna de 82 mil 500 millones de dólares mientras el resto de los mexicanos vive con la zozobra de cómo va a sobrevivir un día más.

Ante esta enorme distancia entre ricos y pobres, es que las mayorías debemos organizarnos; somos los creadores de esas enormes riquezas y es justo que tengamos una vida más digna.

¿Organizarnos para qué? Para exigir a los gobernantes obras y servicios, vivienda, espacios para educación, clínicas y hospitales equipados con personal y medicinas y aparatos para operar y o curar; organizarnos para transformarnos de polvo a roca dura y maciza, para comprender que podemos luchar por el poder en este país en el que mientras las mayorías sufren, unos cuantos se enriquecen.

Organizarnos y luchar es el llamado, tomando como ejemplo la vida de los jornaleros, pero que su ejemplo se replica a lo largo y ancho del estado y del país. Las mayorías tenemos una gran tarea que cumplir.

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