• En Torreón buscan certeza jurídica sobre los terrenos donde habitan para evitar el desalojo
Torreón, Coahuila. Una casa no se construye de un día para otro. Para muchas familias trabajadoras significa años de ahorrar, comprar unos cuantos bloques, levantar una pared y esperar hasta tener dinero para continuar.
Así ha ocurrido con alrededor de 20 familias de las calles Gasoducto y Géminis, en la colonia Zaragoza Sur, que hoy viven con la incertidumbre de perder las viviendas que han levantado con el esfuerzo de toda una vida.
Algunas aseguran que llevan más de quince años en el lugar; otras señalan que sus familias tienen cerca de dieciocho años habitando esos terrenos. Durante ese tiempo construyeron habitaciones, instalaron servicios básicos, ampliaron sus viviendas y formaron sus hogares.
Lo que comenzó con un cuarto sencillo terminó convirtiéndose en el patrimonio donde crecieron sus hijos y ahora conviven también sus nietos.
Hoy, sin embargo, temen tener que abandonar sus casas sin contar con otra vivienda ni con los recursos suficientes para comenzar de nuevo.
“¿Qué voy a hacer? Yo no tengo en dónde vivir”, expresa una de las habitantes.
Su pregunta resume la preocupación de los vecinos, quienes aseguran que no buscan recibir una casa gratuitamente, sino encontrar una alternativa que les permita adquirir los terrenos a un precio justo y contar con certeza jurídica sobre el lugar donde viven.
La situación de estas familias no puede entenderse únicamente como un conflicto relacionado con la propiedad de unos terrenos. También refleja las dificultades que enfrentan los sectores de menores ingresos para construir un patrimonio y la necesidad de que las autoridades atiendan sus demandas antes de que la incertidumbre se convierta en una crisis para sus hogares.

Una colonia fundada por Antorcha y una lucha que continúa
La historia de Valle la Rosita está vinculada con la lucha del Movimiento Antorchista Nacional (MAN), organización que fundó la colonia y que, durante años, ha caminado junto a las familias antorchistas para buscar soluciones al problema de la vivienda.
El acompañamiento y la gestión organizada han formado parte de los esfuerzos para que las familias puedan establecerse, mejorar sus condiciones de vida y resolver la situación de sus terrenos. Para quienes han construido sus casas poco a poco, la vivienda representa mucho más que una construcción: es el resultado de años de trabajo, ahorro y sacrificios familiares.
La preocupación actual de los habitantes de las calles Gasoducto y Géminis vuelve a colocar esta demanda en el centro de la discusión. Después de tantos años de permanencia, las familias necesitan respuestas sobre el futuro de sus hogares y alternativas que les permitan obtener certeza jurídica sobre el patrimonio que han levantado.
Las necesidades de las familias trabajadoras deben atenderse mediante la organización, la gestión y la exigencia de soluciones ante las instituciones. La lucha por la vivienda no termina cuando una familia consigue levantar sus primeras paredes; también implica buscar condiciones que le permitan vivir con seguridad y sin la incertidumbre de perder aquello que construyó.
En este caso, los habitantes solicitan que se encuentre una vía para adquirir los terrenos a un precio justo y avanzar hacia la regularización. Su demanda requiere que las autoridades escuchen a las familias, revisen la situación jurídica de los predios y contribuyan, dentro de sus atribuciones, a explorar una salida viable.
La organización de los vecinos y el acompañamiento histórico del Movimiento Antorchista son parte de esta lucha por encontrar una respuesta. No se trata de desconocer los derechos que legalmente correspondan a los propietarios, sino de buscar una solución que también considere la realidad económica y social de quienes llevan años viviendo en el lugar.

Construyeron con la esperanza de quedarse
Los habitantes cuentan que llegaron a los terrenos con la expectativa de poder comprarlos y establecerse allí de manera permanente. Según sus testimonios, tenían la confianza de que podrían adquirirlos y no esperaban enfrentar la posibilidad de tener que marcharse después de tantos años.
Con esa idea comenzaron a construir. Primero levantaron lo indispensable; después, conforme reunían dinero, compraron materiales para ampliar sus viviendas y mejorar sus condiciones de vida.
María Esparza, una de las residentes, recuerda que habría sido importante que alguien les advirtiera desde el principio si existía algún impedimento para construir.
“Para quienes han construido sus casas poco a poco, la vivienda representa mucho más que una construcción: es el resultado de años de trabajo, ahorro y sacrificios familiares”.
“Desde el primer momento que empezamos a pegar el primer bloque, nos hubiera venido a decir el dueño de aquí: ‘Paren, no hagan nada’. Pero ya hasta que está todo construido vienen a decirnos que para afuera”, relata.
La mujer considera injusto que, después de tantos años, las familias enfrenten la posibilidad de perder el lugar donde han vivido con sus hijos y demás familiares. “Ya tenemos mucho tiempo aquí viviendo, desde quince, 20 años, viviendo aquí con toda la familia, desde los chicos hasta los grandes”, señala.
Para estos vecinos, la preocupación no se limita a la situación de los terrenos. También tiene que ver con la falta de recursos para pagar una renta, comprar otro predio o levantar una nueva vivienda.
Quienes construyen poco a poco suelen destinar una parte importante de sus ingresos a comprar cemento, bloques, varilla y otros materiales. Cada ampliación representa meses de esfuerzo y, en algunos casos, años de sacrificios familiares.
Por eso, la posibilidad de perder sus casas los coloca en una situación de incertidumbre que requiere atención y una respuesta de las autoridades competentes.

Cuando volver a empezar parece imposible
Entre las familias hay madres y padres que dependen de ingresos limitados, hogares con niños pequeños y personas que han invertido buena parte de sus ahorros en construir un lugar donde vivir. Una madre de familia explica que tiene dos hijos, de seis y once años.
Su hogar se sostiene con el sueldo de su esposo y las ganancias de un pequeño negocio que ella misma atiende. Con esos recursos ha contribuido a mantener a su familia y mejorar su vivienda, pero reconoce que volver a construir sería una carga difícil de enfrentar.
“Ya no tengo las mismas fuerzas para hacer una casa”, dice. La mujer pide que las autoridades escuchen a los habitantes antes de que la situación llegue a un punto en el que tengan que abandonar sus hogares.
“¿A dónde vamos a ir? No tenemos ya más nada más que esto que ven; es todo lo que tenemos aquí”, expresa.
Su testimonio muestra la dimensión social del problema. Para una familia con ingresos limitados, perder la vivienda no significa únicamente trasladar muebles y pertenencias.
Implica encontrar otro lugar donde vivir, conseguir dinero para cubrir nuevos gastos y, posiblemente, comenzar otra vez una construcción que tardaría años en terminarse. La preocupación es mayor cuando hay menores de edad que dependen de sus padres y necesitan estabilidad para continuar con sus estudios y su vida cotidiana.
La vivienda representa protección, seguridad y un espacio para el desarrollo familiar. Por eso, cualquier solución al conflicto debe considerar las condiciones en las que viven los habitantes, sin dejar de lado la situación jurídica de los predios ni los derechos que legalmente correspondan a las partes.

20 familias esperan una solución
Alrededor de 20 hogares de las calles Gasoducto y Géminis viven con la incertidumbre sobre el futuro de sus viviendas. Algunos tienen niños pequeños; otros han pasado buena parte de su vida en el lugar.
Todos comparten la preocupación de no saber qué sucederá con las casas que construyeron con años de trabajo. Para estas familias, el hogar representa mucho más que un terreno o una construcción.
Es el espacio donde descansan después de trabajar, donde crecen sus hijos y donde han concentrado los recursos que lograron reunir durante años. Por eso, su petición es que las autoridades los escuchen, intervengan dentro de sus competencias y contribuyan a encontrar una alternativa viable para adquirir los terrenos y obtener certeza jurídica.
El caso de Valle la Rosita también recuerda que las familias de menores ingresos enfrentan mayores dificultades para recuperarse de una pérdida patrimonial. Mientras una vivienda puede representar una inversión para algunos, para otros es el resultado de años de trabajo, sacrificios y ahorros.
La lucha que el Movimiento Antorchista de Coahuila ha mantenido junto a las familias de la colonia busca que sus necesidades sean escuchadas y que la gestión organizada permita avanzar hacia una solución. Ahora corresponde a las autoridades revisar el caso, informar con claridad sobre las opciones disponibles y abrir los espacios de diálogo necesarios.
Mientras tanto, los vecinos continúan esperando una respuesta. Después de tantos años de construir sus hogares y formar allí sus familias, quieren tener la posibilidad de conservar su patrimonio y vivir con la seguridad de que no tendrán que empezar de cero.
En Gasoducto y Géminis, la pregunta sigue en el aire: si después de tantos años tienen que dejar sus casas, ¿a dónde van a ir?
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