• El 61 % de los indígenas y amplias zonas rurales sufren hambre extrema gracias a las deficiencias del gobierno de la 4T
Mientras el reciente informe de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, se refiere a un país vigoroso y de grandes avances, en el sector campesino la miseria está latente, con familias enteras que carecen de lo más indispensable para su propia subsistencia, con niñas y niños que, si tienen suerte, habrán de comer algo una vez al día; de lo contrario, se habrán de ir a dormir con sus estómagos vacíos.
El éxito de la agricultura exportadora ha beneficiado sólo al gran capital, a una élite de magnates, muchos de ellos extranjeros, que invierten en México para aprovechar nuestro territorio.
Es de ese tamaño la enorme mentira que viene arrastrando el gobierno llamado de la cuarta transformación emanado del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) desde el anterior mandatario Andrés Manuel López Obrador, quien se llenó la boca para decir que en su administración serían "primero los pobres", aunque no dijo que únicamente para aderezar sus discursos en aras de acrecentar su populismo.

Hoy se repite el mismo escenario con un gobierno federal que asegura que en México todo es miel sobre hojuelas, que hay grandes avances en materia de seguridad, en educación, en salud y en generación de empleos, aunque la realidad le pegue en el rostro con mayor miseria en los diversos núcleos de población, principalmente en el sector campesino, en las barriadas y en las grandes ciudades, con mentiras que ya no se podrán sostener por más tiempo.
Centrándose en el campo mexicano en crisis múltiple, el doctor Abel Pérez Zamorano refiere que: "Nuestro país es de los más ricos del mundo, pero tiene un pueblo sumido en la pobreza, cuyo reflejo es la situación que viven los campesinos.
Nuestra dotación de recursos naturales es generosa: un gran territorio de dos millones de kilómetros cuadrados, con océanos por los dos costados; el lugar número catorce mundial en extensión. México posee, además, 21 de los 25 tipos de suelos que existen en el mundo.
En producción de alimentos, ocupamos el sitio doce; somos el noveno exportador y el número diez en ganadería primaria (Sader, 2026). México exporta a Estados Unidos entre un millón y un millón 250 mil reses cada año.
En agroindustria, en cerveza es el principal exportador mundial; también es el primero en aguacate y jitomate, entre otros productos agrícolas de alto valor comercial. Sin duda, una gran riqueza, que es creada, no olvidemos, por el trabajo de los campesinos y jornaleros agrícolas mexicanos, cuyos nombres no figuran en los grandes eventos oficiales del 'sector agropecuario'.
Sin embargo, datos como estos suelen deslumbrar al lector inadvertido, induciendo a conclusiones alegres. Parecería que todo va muy bien. Pero hay mucho humo en torno a esto.
En principio, al medir todo solamente en términos del Producto Interno Bruto, quedan ocultos otros factores y consecuencias del proceso productivo, la comercialización y el consumo; el PIB debe considerarse sólo como un indicador más, pero sin ignorar toda la complejidad del problema.

Existe el lado oscuro de la luna. El 'éxito' agrícola se alcanza a un altísimo costo social, ambiental y de pérdida de soberanía, que es necesario considerar para tener una visión más concreta de las cosas".
Aun así, para la Cuarta Transformación, México debe estar alegre porque todos los mexicanos vivimos felices desde que se puso en marcha el apoyo económico del bienestar para los adultos mayores, pero no es cierto, porque dichas dádivas no alcanzan a cubrir las necesidades más urgentes de la población que las recibe; es más bien una trampa monetaria a cambio del voto.
No es verdad que el país esté en auge en general: sabemos que miles y miles de niñas y niños no pueden acudir a la escuela; tampoco lo es porque la inseguridad auspiciada por las bandas criminales sigue fincando su imperio, cobrando cuotas a productores en aquellos lugares donde han creado su propio gobierno.
Para ejemplo de esto, un botón basta: el ganadero Felipe Granados, de un pueblito de Zacatecas, tiene que avisar al comisariado ejidal cuántas reses vendió, mismo que a su vez le informa a los que están cobrando cuotas de piso en esos lugares.
Él, por cada res que vende, debe entregar una cantidad considerable y, cuando llega a matar animales para vender, primero tiene que entregar a dichas bandas una considerable cantidad de carne, además de "mocharse" con el producto que venda.
Él dice que mataría a todas sus reses con un disparo en la cabeza para después salirse de ese lugar, porque estar trabajando para gente indeseable y poner en riesgo constante su vida y la de sus familiares no tiene razón de ser, ya que si alguna vez falla en la entrega, de inmediato lo amenazan.

Este es el México real del que debería hablar hoy la presidenta de México, el que ha llegado al colmo del terrorismo con autos explosivos que han costado el dolor y la muerte de seres inocentes, todos ellos mexicanos.
Pero continuemos con la exposición que hace el doctor Pérez Zamorano, diciendo que:
"Aparte del daño ecológico, la agricultura sufre serias distorsiones, pues aunque progresa en la exportación de productos de alto valor comercial, paulatinamente viene decayendo la capacidad productiva en alimentos básicos para la población.
Además, existe una abismal desigualdad en la distribución del ingreso, por lo que, junto a toda esa enorme riqueza, convive, como no podía ser de otra forma, una lacerante pobreza; miseria, para llamarla por su nombre. Los jornaleros agrícolas, incluidos muy destacadamente los cortadores de caña, trabajan en condiciones verdaderamente infernales. El 61 % de la población indígena vive en pobreza y el 23 % en pobreza extrema; en general, en las zonas rurales, el 45 % de la población vive en pobreza y el 14 % en pobreza extrema, lo cual significa sencillamente hambre. Así pues, el éxito de la agricultura exportadora ha beneficiado sólo al gran capital, a una élite de magnates, muchos de ellos extranjeros, que invierten en México para aprovechar el suelo y el agua de nuestro territorio".
Si bien corresponde a los campesinos mexicanos alzar la voz para exigir los cambios necesarios que pongan fin a su pobreza, también es verdad que nadie los escuchará, porque para la mandataria mexicana primero es cumplir con el segundo piso de la cuarta transformación, antes que transformar realmente la vida de niñas, niños, mujeres y hombres del campo mexicano.
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