MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

ASÍ PENSAMOS... | Agresión de EE.UU. a Venezuela anuncia peligros para Latinoamérica

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El 7 de diciembre del 2026, Donald Trump presentó la Estrategia de Seguridad Nacional Estadounidense, en donde se leen estas frases amenazantes para Latinoamérica, región en la que se encuentra México: “Tras años de negligencia, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe (aquella que dice “América para los americanos” pero que debe entenderse como “América para los estadounidenses” proclamada en 1823 por el presidente de Estados Unidos James Monroe. HAE) con el fin de restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental (léase, en América Latina. HAE) y proteger nuestro territorio y nuestro acceso a zonas geográficas clave en toda la región. Impedirá que los competidores no hemisféricos (China, Rusia, India, entre otros. HAE) posicionen fuerzas u otras capacidades amenazantes, o que posean o controlen activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio. Este «corolario Trump» a la doctrina Monroe es una restauración sensata y firme del poder y las prioridades estadounidenses, de acuerdo con los intereses de seguridad de Estados Unidos”.

No se trataba de simples palabras. Un mes después, el mundo fue testigo de cómo, sin que mediara ninguna provocación de Venezuela y sin ningún derecho para intervenir en otro país encabezado por un gobierno legalmente constituido, el ejército estadounidense bombardeó en la madrugada la capital venezolana y otras ciudades, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores y provocó la muerte de varias decenas de personas y daños materiales en zonas civiles y militares. Poco después, se montó un humillante espectaculo mediático para mostrar al presidente Maduro esposado e indefenso en instalaciones policíacas norteamericanas y Donald Trump anunció que a partir de ahora Estados Unidos controlaría el petróleo de Venezuela y amenazó gravemente a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez: “Si no hace lo que es correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente más alto que el de Maduro”.

Esta es la agresión militar más reciente para someter a un país latinoamericano desde que Estados Unidos se convirtió en la potencia triunfadora de las dos guerras mundiales ocurridas en el siglo XX. Durante todo ese tiempo, las fuerzas armadas estadounidenses han tenido la misión de impedir, recurriendo a cualquier medio, el surgimiento de un país o grupo de países que tengan el poder suficiente para poner en riesgo la hegemonía de Estados Unidos en cualquier parte del planeta. Llenaría libros enteros reseñar todas las acciones de sabotaje, bloqueo económico, corrupción, intervenciones armadas y, de manera destacada en lo que va del siglo, campañas mediáticas protagonizadas por los estadounidenses en todo el mundo para evitar que surjan competidores y ese país deje de ser la primera potencia mundial.

Venezuela no ha sido la excepción. “La campaña mediática feroz, intensa y permanente de desinformación y engaño sobre la realidad de lo que allí sucede, comenzó hace décadas, desde que el Comandante Hugo Chávez ascendió al poder. Los medios mexicanos han sido particularmente diligentes y unánimes en esta guerra de distorsiones y falsedades, y han logrado, ciertamente, convencer a muchos de que allí hay una monstruosa dictadura que ha suprimido todas las libertades, viola los derechos humanos y ha desencadenado una terrible crisis económica que mata de hambre a su pueblo. Ahora se ve claro el propósito de semejante montaje mediático: preparar a la opinión mundial, y a la latinoamericana en particular, para que dé por buena cualquier agresión a Venezuela, para que aplauda, incluso, crímenes como el asesinato de su presidente o la invasión de su país por fuerzas militares con el pretexto de que van a "liberar" a los venezolanos de sus opresores. El cuento es viejo y lo hemos escuchado muchas veces antes, a pesar de lo cual no ha perdido su eficacia manipuladora”, escribió en agosto del 2018 el ingeniero Aquiles Córdova Morán, dirigente nacional del Movimiento Antorchista, en un artículo que anunciaba lo que hoy es una realidad.

El escenario es alarmante, no solo para Venezuela sino para el resto de los países de América Latina, incluido México. El énfasis y el gran espacio dedicado a América Latina en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos es resultado de que Estados Unidos ha decidido enfrentar su incapacidad para mantenerse como potencia dominante, y frenar el avance de China y Rusia, volviendo los ojos hacia nuestro continente, cuyos recursos, fuerza de trabajo y orientación política busca controlar a toda costa.

Cito unos cuantos datos para evidenciar que el retroceso económico estadounidense es real, particularmente frente a China. “Entre 2001 y 2020, el peso económico chino aumentó quince veces en Latinoamérica, mientras que el estadounidense se contrajo en un cuarto. Para 2020, China había desplazado a Estados Unidos en doce países latinoamericanos, incluyendo a gigantes regionales como Argentina y Brasil (…) Contrario a interpretaciones simplistas, el avance chino no puede explicarse de forma adecuada por el auge de las materias primas o por afinidades ideológicas con gobiernos progresistas. (…) La explicación más convincente radica en la contracción de la presencia estadounidense. Mientras Washington reorientaba su atención hacia el Medio Oriente tras el 11-S y, después, a Asia-Pacífico, su participación en los flujos económicos hacia Latinoamérica se reducía de forma dramática. Su inventario de inversión en la región pasó de representar 20% de sus inversiones mundiales a finales del siglo xx a apenas 5% en 2020” (China y el fin de la primacía estadounidense en Latinoamérica, artículo de Francisco Urdinez publicado en la revista Foreign Affairs de julio-septiembre 2025).

También, aunque aún mantienen una gran capacidad de ataque, los Estados Unidos han sido superados militarmente por Rusia, como se demuestra en Ucrania y en el formidable avance logrado por los rusos en la construcción de misiles hipersónicos, que son imparables por los sistemas norteamericanos. También por eso, los poderes que dominan el capitalismo estadounidense han decidido acumular fuerzas en América Latina, mientras esperan un debilitamiento de sus enemigos a nivel global, creándoles nuevos polos de conflicto en sus zonas de influencia; así se explican, por ejemplo, el recrudecimiento de las tensiones en Taiwán, el resurgimiento de la hostilidad de Japón contra China y los tambores de guerra de la OTAN contra Rusia.

Así, en lo inmediato, el ataque a Venezuela busca dominar la producción petrolera y la de otras materias primas y expulsar a China de ese país, pero todo indica que buscarán repetir en otros países latinoamericanos el esquema usado en Venezuela: acusaciones muy difundidas en los medios de comunicación, donde se reponsabiliza a los gobernantes de ineptitud, violaciones de derechos humanos o incluso de complicidad con grupos criminales, nunca demostrada fehacientemente pero usada para fincarles cargos penales y obligarlos a negociar tratos comerciales, inversiones favorables a los norteamericanos y compromisos de bloquear a China o a cualquier otro país competidor de Estados Unidos. Si se resisten, entonces aumentar la escala de la presión, lo que puede incluir incursiones armadas contra supuestos grupos criminales, como se ha anunciado que ocurrirá en México, o acciones de agresión militar directa contra integrantes del grupo gobernante, como se vio en Venezuela.

 “Mexicanos, debiéramos, por precaución si no por solidaridad, ser más cautelosos con lo que aplaudimos o criticamos. No vaya a ser que mañana nos traten igual, y no haya para entonces país libre y soberano alguno que pueda tendernos la mano, o alzar su voz en favor nuestro”, advirtió hace siete años nuestro dirigente nacional y hoy lo reiteramos con urgencia.

 

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