Algunos analistas geopolíticos explican la brutal agresión de Estados Unidos a Irán como una maniobra de su actual presidente, Donald Trump, para desviar la atención de la población de este país, dado que este mandatario está metido hasta el cuello en el escándalo de los llamados "archivos Epstein", los cuales, se ha dicho, lo señalan como destacado partícipe en actos de pedofilia, de abusos sexuales —y posiblemente canibalismo—.
Esta explicación es superficial, pues Trump está promoviendo la guerra en Irán y está amenazando con lanzar ataques militares en Cuba, México y en Colombia, entre otros.
El imperialismo ha decidido que para seguir siendo la potencia hegemónica debe apropiarse de todas las riquezas del planeta y que el petróleo es clave para dominar la economía mundial.
Sin descartar que ese objetivo secundario de cubrir con tierra el escándalo Epstein sea un motivo personal, lo cierto es que Trump obedece a la oligarquía imperial que está en plena decadencia económica, social y política.
El declive imperialista se expresa en los siguientes indicadores:
1. Un endeudamiento de Estados Unidos ya en estos momentos en 38 billones 856 mil 700 millones de dólares —2.5 billones más desde que Trump asumió el poder, hace 415 días; la deuda pública de Estados Unidos representaba en 1980 el 35 % de su PIB; hoy representa el 124.47 % de ese PIB.
2. Una balanza comercial deficitaria en extremo (de 2009 a 2025 el déficit comercial de Estados Unidos pasó de 509 mil 690 millones a más de 1.23 billones de dólares anuales). Este desbalance se debe a la desindustrialización de la otrora economía que llegó a producir hasta un 50 % de las manufacturas industriales mundiales (de 1945 a 1950); actualmente Estados Unidos sólo produce el 16 % de manufacturas a nivel global, mientras China ya produce el 35 %.
La desindustrialización de Estados Unidos lo obliga a importar muchos productos del exterior, lo que ha producido un crecimiento del desempleo, el empobrecimiento de la población, un crecimiento brutal de la desigualdad social, manifestada en carencia de vivienda de millones de familias, un acelerado deterioro de la atención en la salud de la mayoría de la población, el endeudamiento masivo de los habitantes, dadas las rapaces políticas de los servicios de salud privados y también por los altos costos de la educación superior; también como efecto de la deslocalización de su industria, hay una creciente pérdida de la capacidad productiva en el sector manufacturero.
3. La financiarización de la economía estadounidense; es decir, que en los últimos cincuenta años la economía de este país pasó de tener una proporción del doble de actividad financiera sobre la actividad productiva —industrial y agrícola—, a ser al día de hoy seis veces más grande. Es decir, Estados Unidos no produce riqueza real, sino que acumula mucha riqueza especulando en lugar de invertir en actividades productivas.
Las mismas empresas industriales que existen en Estados Unidos prefieren invertir gran parte de sus ganancias en actividades financieras.
4. El dólar ha estado perdiendo su papel hegemónico en la economía mundial; en 2001 el dólar representaba el 65 % de las reservas mundiales de divisas; en 2026 apenas representa el 40 % . Y ahora muchos países están a la espera del colapso del dólar como moneda de reserva de divisas, como moneda de intercambio internacional en el comercio, etcétera, por lo que hay una fiebre de acumular reservas en oro.
Si cae el dólar, cae el dominio económico que le ha permitido a Estados Unidos sancionar a todos los países que no se dejan avasallar por su hegemonismo.
El resultado de esta situación es que la economía imperialista más grande del planeta se ha vuelto más parasitaria, más expoliadora, y el trumpismo está tratando de revertir la decadencia económica tratando de obligar a las grandes empresas industriales a regresar a producir en territorio de Estados Unidos y está tratando de salvar al imperialismo de su declive total.
Y, como su política arancelaria ha fracasado, dado que los grandes capitalistas no están dispuestos a regresar a territorio de Estados Unidos, pues su tasa de ganancia ahí caería drásticamente, pues los salarios que pagan en países como China, Vietnam, India, México y otros países latinoamericanos son mucho más bajos.
Un factor muy importante que explica el crecimiento de la agresividad del imperialismo estadounidense tiene que ver con la alianza que ha hecho el gobierno de Donald Trump con las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos (las Bigtech), como Meta (Facebook, Instagram y WhatsApp), Amazon, Microsoft, Apple, Alphabet (Google), Nvidia y Tesla, las cuales están proyectando un crecimiento de sus inversiones y de sus inmensos capitales al desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y el incremento de sus negocios en comercio electrónico, en publicidad digital, software, nube, computación, fabricación de carros eléctricos, robots, instalación de "fábricas oscuras" (que ya no utilizan trabajadores), fabricación de armamento de alta sofisticación, etcétera.
Este Bigtech es el sector más dinámico de la economía de Estados Unidos (aunque algunos economistas como el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz advierten que el enorme crecimiento de la IA puede convertirse en una burbuja y estallar, creando una crisis que arrastraría a toda la economía como en la crisis de 2008 que se originó en el sector inmobiliario).
Sin embargo, los grandes tiburones de las grandes tecnológicas tienen muy claro que, para desarrollar la aplicación de la IA en muchas áreas de la producción en telecomunicaciones, en la industria manufacturera, etc., requiere de grandes cantidades de energía eléctrica, al grado de que, al desplegarse esta aplicación de la IA, multiplicaría enormemente las necesidades de esa energía.
Y, por tanto, es claro que la política de Trump en su alianza con las Bigtech lo está llevando a acelerar la apropiación violenta del petróleo en muchas partes del mundo (hace cinco años esas Bigtech en total sumaban 9.65 billones de dólares, en 2026 ya es de 21.03 billones; su crecimiento fue de más del 100 % ).
Y otro factor más importante que el anterior es la necesidad de parar el declive del dólar; para fortalecer al dólar hay que controlar la extracción y refinamiento de petróleo a nivel mundial, pues así el combustible seguirá vendiéndose en los petrodólares.
Las últimas guerras e invasiones promovidas por el imperialismo han sido con ese doble propósito: apropiarse de los recursos naturales (sobre todo petróleo, y ahora las "tierras raras" o "materias críticas") y mantener la hegemonía del dólar. Así fue en Libia, así fue en Irak, Siria, así es en Venezuela.
Lo que probablemente no calcularon bien los halcones gringos y su perro de presa en Medio Oriente fue que Irán tenía una estrategia muy bien pensada y también que ha acumulado recursos militares para enfrentar la agresión. Esa estrategia militar la diseñó durante décadas, pues los dirigentes iraníes estaban claros desde que triunfó la revolución islámica en 1979 (revolución que depuso al sanguinario shá, Reza Pahlevi, y permitió la nacionalización del petróleo y el gas iraníes, los cuales estaban en manos de compañías británicas y estadounidenses).
Irán es el segundo país en reservas de gas y el tercero en reservas de petróleo, lo que siempre ha hecho suponer que, tarde o temprano, el imperialismo y el sionismo israelí iban a tratar de acabar con el régimen de república Islámica para volver a poner a un gobierno títere que permitiese el control de la nación persa. Pero hay otra razón del odio del sionismo y las monarquías del Golfo Pérsico: Irán profesa la fe chiita dentro del islamismo y las monarquías árabes son sunnitas; millones de musulmanes siguen a los ayatolas iraníes, pues luchan contra la dominación estadounidense y contra las monarquías abyectas y opresoras de los pueblos.

La estrategia de Irán hoy se ha puesto a la vista del mundo, y algo muy importante de esta estrategia de guerra asimétrica es que golpea no solo en lo militar, sino en lo económico y geopolítico al imperialismo. Veamos:
Irán está lanzando misiles "viejos" contra Israel y contra las bases norteamericanas del Golfo Pérsico con el fin de desgastar a los ejércitos agresores; cuando llega un misil que puede costar 100 mil dólares, los israelíes y estadounidenses lanzan en promedio tres de sus misiles defensivos (por ejemplo, los "Patriot"), los cuales tienen un costo total —los tres— de 9.6 millones de dólares. Sin embargo, la eficacia de los misiles de Irán se basa en su tecnología avanzada, y sobre todo en que Rusia y China le están proporcionando información satelital de alta resolución en tiempo real, lo cual está permitiendo que esos misiles estén llegando con mucha precisión a los objetivos que quiere destruir Irán.
Hasta el momento, los cálculos más conservadores señalan que los imperialistas han gastado cerca de 2.5 billones de dólares en esta guerra, sin tomar en cuenta las enormes pérdidas de equipo militar (aviones derribados, radares costosísimos destruidos); ese desgaste, pasado un tiempo, impedirá defender sus posiciones al sionismo y a Estados Unidos, dado que Irán podrá penetrar con más facilidad la "cúpula de hierro".
Al bombardear a países aliados de Estados Unidos ubicados en el Golfo Pérsico, está demostrando Irán que las bases militares y el poderío gringo no pueden detener las oleadas de misiles iraníes, lo que pone en entredicho que Estados Unidos tiene la capacidad de proteger a sus aliados. La situación se torna muy peligrosa para países como Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin, Arabia Saudí, Catar e Irak, dado que no solo están viendo afectada su producción y venta de energéticos, sino que su turismo se ha paralizado, y los capitales que anidaron ahí —como forma de lavar dinero— ya piensan emigrar.
Aunado a esto, Irán está bloqueando el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % de todo el petróleo a nivel global. Y también ahí pasa gran cantidad del gas producido en Catar y otras naciones. Los analistas y expertos en temas de recursos energéticos señalan que se incrementarán mucho los precios de gas y petróleo, lo cual afectará las economías de Europa y Asia. Particularmente se señala que, de agravarse la crisis energética global, Europa tendrá graves problemas para sostener su planta productiva y mantener funcionando las cadenas de suministro. Es tal la determinación de Irán que no se descarta que esos aliados de Estados Unidos del Golfo Pérsico tengan problemas con el agua potable que consumen, dado que la mayoría de estos países obtiene hasta en un 90 % de su agua por la desalinización del agua del mar; bastaría que las plantas desalinizadoras fueran bombardeadas para que hubiese una gravísima crisis hídrica en toda esa región.
La estrategia iraní no podía dejar de lado la situación geoeconómica mundial; al aumentar el precio del petróleo y el gas en más de un 100 % —y se puede elevar aun más el costo de los principales combustibles—, ha provocado ya la elevación de los niveles de inflación en gran parte del planeta (la gasolina desde la agresión se ha incrementado un 16 % en su precio en Estados Unidos). Y no sólo es la gasolina, es la elevación de todos los productos en sus precios, lo que trae descontento. A diferencia de la invasión a Irak en 2003, en la que la manipulación logró que las encuestas en la población estadounidense "apoyara" en un 80 % , ahora ese apoyo es de menos del 30 % . Y Trump y su grupo político pueden perder las elecciones intermedias y perder el control de las cámaras de representantes y de senadores, lo que abriría las puertas para un juicio político al presidente pedófilo y un ataque más feroz a la llamada "coalición Epstein". Las consecuencias económicas de la respuesta iraní es lo que está haciendo que gobiernos claramente proimperialistas como el de España y Gran Bretaña se nieguen a permitir que sus bases aéreas sean utilizadas por Estados Unidos para reabastecimiento y logística de guerra.
Sin embargo, estos momentos bélicos provocados por el imperialismo son de gran peligro, dado que Israel, al ver que su Estado peligra ante la respuesta iraní, puede lanzar ataques nucleares, lo que puede desencadenar una hecatombe nuclear; la humanidad corre gran peligro por las ambiciones y el hambre de ganancias de los peores depredadores y carniceros que ha conocido la humanidad.
El imperialismo en esta fase terminal de su existencia trata de revertir la ley que Marx llamó "Ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia", la cual es consecuencia de la variación de la composición orgánica del capital, en la que los capitalistas, al invertir cada vez más en medios de producción más avanzados, las máquinas van sustituyendo a los obreros, lo cual hace que la tasa de plusvalía vaya disminuyendo. Para enfrentar esa disminución, el imperialismo ha decidido sustituir sus pérdidas con un incremento del saqueo, ha decidido que para seguir siendo la potencia hegemónica debe apropiarse de todas las riquezas del planeta y ha entendido que el petróleo es clave para dominar la economía mundial, pues las nuevas tecnologías como la IA necesitan ahora más que nunca de grandes recursos energéticos; ese imperialismo voraz ha entendido que debe seguir controlando las finanzas y el comercio mundial a través de los petrodólares.
Estados Unidos amenaza a Cuba y amenaza a México, y en estos momentos nos asaltan las preguntas: ¿Puede México enfrentar una invasión de Estados Unidos si no tenemos a un ejército y un armamento capaz de detener a los chacales imperiales? ¿Tenemos a un pueblo concientizado y organizado para enfrentar a la ferocidad de los peores depredadores de la humanidad? ¿Conviene que México siga siendo un país dependiente económicamente de Estados Unidos?
Durante décadas los partidos políticos que han gobernado México han sido obsecuentes, muy dóciles a los dictados de la potencia del Norte, y lejos de permitir que el pueblo esté organizado y politizado, han buscado desaparecer los intentos de organizar al pueblo trabajador; han combatido a las organizaciones que han buscado llevar conciencia de clase y llevar conciencia nacionalista profunda al pueblo.
Y hoy que los halcones imperiales sobrevuelan los cielos del mundo en busca de presas, es hora de que el pueblo mexicano reflexione colectivamente, es hora de fortalecer la lucha de los pueblos del mundo.
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