* El antorchismo tamaulipeco respalda a Irán ante ataques de Estados Unidos que cobraron la vida del líder supremo
El antorchismo tamaulipeco se suma la solidaridad expresada al pueblo iraní, por la agresión armada del imperio estadounidense, que tiene como objetivo —como lo hace en todo el mundo— apoderarse de sus recursos naturales y dominarlo para usarlo en su beneficio ante las otras potencias, por su ubicación y recursos, que buscan el control y dominio del resto de los países, a sus determinaciones.
Lo que ha impedido los planes de Trump al atacar a Irán el 28 de febrero del 2026 y asesinar al líder supremo iraní es la unidad del pueblo y su respaldo a sus gobernantes.
Para entender la importancia y el alcance de lo acontecido en estos meses que van del año 2026, y cómo es que el imperialismo, acorralado por los problemas que enfrenta ante su gran desarrollo, convirtiendo a Donald Trump en su "gran salvador", a costa de que termine de dar la puntilla con sus acciones desenfrenadas, a la fiera herida: el capitalismo.
Como siempre, es a través de la historia, como podemos explicarnos el fenómeno: recurriendo a su inicio, desarrollo y actualidad, pues así veremos las causas del por qué las cosas se nos presentan como tal, teniendo al final una explicación objetiva, científica del acontecer humano: de la historia. Veamos.
Eran las 8:15 de la mañana, del 6 de agosto de 1945, cuando el avión bombardero B-29 Enola Gay de Estados Unidos, dejó caer su carga mortífera sobre la ciudad de Hiroshima, Japón, causando la muerte instantánea de más de 120 mil personas y la destrucción casi total de la ciudad.

A los tres días siguientes, el 9 de agosto, a las 11 de la mañana con dos minutos, el también bombardero Bockscar de Estados Unidos dejó caer "la bomba", esta vez sobre la ciudad de Nagasaki, Japón, causando la muerte instantánea de más de 73 mil personas y la destrucción de la ciudad.
En total, 200 mil muertos al instante, más los que murieron después y una devastación apocalíptica, causada por las bombas nucleares lanzadas por los Estados Unidos de Norteamérica. Era el final de la Segunda Guerra Mundial, 1945, hace 81 años, y parece que el mundo ha olvidado el suceso.
Desde entonces ha sido el pretexto perfecto de los Estados Unidos de Norteamérica para invadir, destruir y saquear a los países de sus riquezas naturales, para financiar su crecimiento, desarrollo y sus ganancias, fin último de los monopolios industriales que se han apoderado del mundo.

De acuerdo con el argumento de que Irak poseía armas nucleares, el 20 de marzo del 2003, una coalición de países liderada por los Estados Unidos de Norteamérica invadió Irak. Tomando Bagdad el nueve de abril del 2003. Tomaron prisionero al presidente Sadam Husein y tras un "juicio" a modo, fue ahorcado el 30 de diciembre de 2006. ¡Fue falso todo lo que le endilgaron!
Después han usado, además del pretexto de que los países desarrollan armas de destrucción masiva, como los que ellos usaron sin miramientos o son "dictaduras que atentan contra sus propios pueblos" o son terroristas que amenazan la seguridad de los Estados Unidos o del mundo.
Últimamente son acusados de narcoterroristas. La cosa es tener el pretexto para apoderarse de sus recursos.
No le importa recurrir a ninguna artimaña y se ha declarado el todopoderoso con "el objetivo de hacer a América grande otra vez".

Cual fiera herida, al borde de la muerte, y en un intento desesperado de proteger las cuantiosas ganancias de él y sus adláteres de la OTAN, amenaza con desatar la que puede ser no la tercera, sino la "Última Guerra Mundial".
Asimismo, gritó voz en cuello que desaparecería a "los locos que se le han opuesto a sus designios": El pueblo iraní. Y digo, ¡el pueblo iraní! porque es lo que deberemos rescatar como gran enseñanza de estos días aciagos en los que está en juego la especie humana.
¿Qué ha sido lo que realmente ha impedido que se realicen los planes de Trump, al atacar a Irán el 28 de febrero del 2026 y asesinando en su casa al líder supremo iraní? El ayatolá Alí Jamenei, quien llevaba más de tres décadas al frente de su país.

¡La unidad del pueblo iraní y su respaldo a sus dirigentes, a sus gobernantes, haciendo valer en los hechos, la máxima de que: el pueblo, unido, jamás será vencido!
Nos toca actuar en consecuencia: unidos luchemos por tomar el poder político de nuestro país y llevarlo a lograr una vida mejor para el pueblo trabajador; única manera real de mostrar nuestra solidaridad a su gran lucha.
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