Más de ocho años tuvieron que transcurrir para que más de mil 600 familias humildes de la colonia Villas Miramar, en el municipio de Bahía de Banderas, puedan decir que por fin contarán con un pedacito de tierra propio para vivir con sus familias,(un estudio socioeconómico realizado por el Instituto de Vivienda del Estado pudo constatar que más del 95 por ciento de ellos no alcanza a ganar ni dos salarios mínimos para sostener a sus familias).
La mayoría de los que ahí habitan fueron engañados por fraccionadores que, después de sacarles el poco dinero que tenían, los abandonaron a su suerte, dejándoles una colonia sin servicios y con un problema legal que estuvo a punto de llegar hasta el desalojo de sus humildes hogares. Durante mucho tiempo buscaron el auxilio de todo tipo de autoridades y partidos políticos, que sólo los utilizaron mientras satisfacían sus intereses electorales para luego volverlos a dejar a su suerte. Fue entonces que un grupo de valientes y decididos colonos buscaron la asesoría del Movimiento Antorchista Nacional, al que sólo conocían de oídas, por la ayuda que la organización brinda a otros pobres en otros lugares del país.
Fueron tres años de intensa lucha contra los intereses económicos del gobierno municipal y estatal, quienes emprendieron una campaña de terror y agresiones, utilizando para ello los recursos públicos y la fuerza policiaca, para obligarlos a pagar exorbitantes cantidades de dinero y para que desistieran de su lucha y abandonaran los terrenos donde ya tenían proyectado la construcción de fraccionamientos que les dejarían cuantiosas ganancias, no olvidemos que dicha colonia se encuentra asentada en el municipio turístico de Bahía de Banderas, considerado como uno de los tres municipios, a nivel nacional, donde más turistas nacionales y extranjeros llegan para vacacionar.

Miles de antorchistas se solidarizaron con su lucha y acudieron a multitudinarias marchas en la Ciudad de México, hasta llegar a un número de 150 mil personas, quienes exigieron a la Secretaría de Gobernación su intervención y solución definitiva al problema. Hoy, gracias a la tenacidad de su lucha y a la atinada dirección antorchista, han logrado que la SEGOB se comprometa a iniciar la regularización de su colonia, entregar escrituras a todos los colonos y a la introducción de la energía eléctrica para toda la colonia.
No ha faltado, como en muchos casos, que quienes eran los promotores de su desalojo, ahora quieran aparecer como los héroes de la película. Pero los colonos no se dejan engañar, saben perfectamente que si no se hubieran organizado y luchado bajo la dirección del Movimiento Antorchista, hubieran corrido la misma suerte de miles de mexicanos humildes que han sido víctimas de la voracidad de los fraccionadores y de las autoridades insensibles que ven el poder como un mecanismo para aumentar sus riquezas. Además de ello, han comprendido que para conseguir el resto de los servicios y hacer una colonia progresista, la lucha debe continuar.
Y por si faltará algo, se han dado cuenta que viven en un país sumamente injusto, donde de nada sirve que México esté colocado dentro de las 15 economías más poderosas del mundo si más de 100 millones de compatriotas se encuentran sumidos en una pobreza lacerante, que no les permite tener un empleo o, si lo tienen, es con un salario de miseria que no les alcanza para nada; que no pueden curar a sus familias y tampoco les permite educar a sus hijos. Por todo eso han decidido mantenerse en pie de lucha: primero para garantizar que el Gobierno Federal cumpla su palabra empeñada y, segundo, para luchar por cambiar este modelo económico que sólo beneficia a los sectores más poderosos de nuestra patria.
Saben perfectamente bien que están a punto de ganar una batalla, pero no bajan la guardia y tampoco se dejan endulzar el oído con los cantos de sirena; por el contrario, hoy más que nunca se mantienen firmes y más convencidos de que lo único que tienen los pobres es su unidad y su lucha y que con ella siempre llegarán a puerto seguro.
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