MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Queremos paz, no cortinas de humo

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Díganme malpensada, pero para mí el “acoso” que el martes 4 de noviembre sufrió la presidenta Claudia Sheinbaum en las afueras del Palacio Nacional fue la respuesta de su equipo de comunicación a las violentas protestas públicas que tuvieron lugar en el estado de Michoacán por la indignación que levantó el asesinato del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, ocurrido el sábado 1 de noviembre.

Los comunicadores, periodistas y lectores curiosos saben que las “cortinas de humo” son estrategias utilizadas por gobiernos o individuos para desviar la atención pública sobre problemas reales y graves, como el ocurrido en Michoacán.

Las espontáneas e indignadas protestas en las que participaron miles de ciudadanos uruapenses momentos después de ocurrida la tragedia; durante el funeral y sepelio del político asesinado, y las que han sucedido en la capital michoacana, Morelia, que han estado subidas de tono no sólo porque los manifestantes irrumpieron en el Palacio de Gobierno, en donde causaron destrozos, sino porque exigían justicia y la revocación del gobernador morenista Alfredo Ramírez Bedolla, así como también de la presidenta Sheinbaum.

Para los estrategas de comunicación del gobierno, esos acontecimientos exigían un cambio de conversación en los medios de comunicación, de modo que se dejara de hablar del asesinato del político michoacano y se desviara la atención hacia un tema que captara la atención del país entero.

Por eso, los experimentados y manipuladores encargados de la comunicación de la presidenta Claudia Sheinbaum decidieron construir una cortina de humo para desviar la atención de los mexicanos. Y qué mejor que hacerlo con un delicado tema que está en boca de todos: el acoso hacia las mujeres.

De esta forma, convirtieron en “víctima” a la mujer más relevante del país, a la mismísima Sheinbaum, para asegurar que la estrategia tuviera éxito y desviara la atención del crimen político que tantos comentarios causó en contra de los gobiernos estatal y federal, incluido el hasta hoy considerado —por Morena y los chairos— como el “súper policía” Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México.

Los comunicadores, periodistas y lectores curiosos y preocupados por el acontecer político y social saben que las “cortinas de humo” son estrategias utilizadas por gobiernos o individuos para desviar la atención pública sobre problemas reales y graves, como el ocurrido en Michoacán. Las “cortinas de humo”, pues, son maniobras de distracción en las que se utilizan montajes semejantes a los del teatro.

El “acoso” a la presidenta Sheinbaum fue precisamente eso: un espectáculo cuidadosamente diseñado para desviar la atención de los mexicanos, estructurado en varios actos para difundirse de manera escalonada para que el tema siempre esté en boca de los mexicanos, por lo menos hasta que se acaben las protestas públicas de inconformidad:

  1. El grotesco video en el que se ve a un hombre abrazar y tocar a la presidenta sin que sus elementos de seguridad intervengan antes de que eso ocurra; más bien, parece que esperan a que el hombre actúe en contra de la Mandataria y, una vez que lo hace, se acercan a detenerlo.

  2. En ningún momento se observa que la presidenta se asuste o alarme cuando siente al hombre sobre ella; al igual que su personal de seguridad, parece esperar a que el sujeto actúe, luego a que lo haga su equipo, y solo después se da la vuelta serenamente para ver quién la abraza, pero sigue conversando con la mujer con la que interactuaba al momento del supuesto acoso.

  3. En la conferencia mañanera, Sheinbaum anuncia que denunciará a su acosador “para proteger a las mujeres mexicanas”.

  4. Como cierre del montaje, seguramente tendremos la noticia del castigo que se le impondrá al supuesto “acosador”.

  5. Las noticias dijeron que el supuesto acosador había atacado a otras dos mujeres. Como se ve, un plan perfectamente diseñado y escalonado para atraer la atención de los mexicanos durante varios días.

Se supondría que el nombramiento como presidenta municipal de Uruapan de la viuda del político asesinado, Grecia Quiroz, calmaría los ánimos de los rijosos inconformes, pero la indignación no ha bajado lo suficiente como para que el gobierno declare controlado el problema, por lo que siguen extendiéndose las protestas públicas por toda la entidad michoacana.

No sé si esas protestas estén encabezadas o pagadas por grupos políticos o de otro tipo, como he escuchado en varias voces, pero de lo que sí estoy segura es de que el mencionado asesinato despertó la indignación de millones de mexicanos de todos los rincones del país, y no fue porque conocieran quién era Carlos Manzo, sino porque, por años enteros, se han acumulado en su ser sentimientos de frustración e inconformidad por la inseguridad que casi todos hemos vivido en carne propia: robos, extorsiones, secuestros, violaciones, asesinatos, desapariciones de niños y jóvenes, etcétera.

Con este acontecimiento, muchos buscaron decir: ¡Justicia! ¡Basta! ¡Queremos paz! ¡Queremos progreso y desarrollo!, ¡Queremos que nos devuelvan nuestro país! Al igual que lo están haciendo miles de mexicanos a través de las redes sociales.

Pero con protestas espontáneas no vamos a lograr que cese la inseguridad ni que haya paz y desarrollo en México. Para alcanzar esas metas, debemos canalizar nuestra inconformidad y energía en la construcción del instrumento de lucha que nos ayude, primero, a adquirir conciencia de que el pueblo trabajador merece vivir mejor y que, para ello, debemos luchar contra los malos gobiernos que no combaten la inseguridad, sino que más bien parece que la alientan.

La herramienta fundamental que el pueblo de México necesita para construir verdaderamente un país en paz y en desarrollo es un partido de los trabajadores, que tome el poder político y cambie el modelo económico que actualmente mantiene en la inseguridad y la pobreza a la mayoría de los mexicanos.

A organizarse para formar un verdadero partido de los trabajadores; es decir, que represente y trabaje para mejorar la suerte de los desposeídos, lo cual solo podrá lograr cuando ese partido de los trabajadores tome el poder político del país y, a partir de ahí, construya un México que no genere inmensas cantidades de pobres, mientras otros, los menos, se enriquecen con el trabajo de los primeros.

Afortunadamente, el mundo cuenta con el ejemplo de China, la cual en las últimas cuatro décadas ha sacado de la pobreza extrema a 800 millones de sus habitantes. Los mexicanos somos un pueblo trabajador que, si se lo propone y enfoca, puede seguir el ejemplo de los chinos: sacar de la pobreza a los más de 120 millones de mexicanos, quienes sufren carencias económicas y, por tanto, carencias de todo tipo.

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