Respetables lectores, hoy escribo estas sencillas líneas para exponer el verdadero significado del concepto luchar dentro del Movimiento Antorchista, sobre todo porque el hartazgo de nuestros compañeros ante los incumplimientos del gobierno estatal se está agudizando, y también para dar una explicación a aquellos que han desconfiado de la credibilidad de Antorcha con motivo de la cuarta cancelación de la marcha estatal que estaba programada para el pasado 19 de junio.
Para empezar, hay que dejar claro que Antorcha no es una organización para hacer marchas y manifestaciones: somos un movimiento a nivel nacional que organiza al pueblo trabajador y desprotegido, para que se ponga a luchar y así exigir se les haga justicia mediante la exigencia del cumplimiento de sus derechos, como lo marca nuestra Carta Magna, v. gr., los artículos Tercero y Cuarto constitucionales.
Nuestra lucha no es exclusiva de marchas, mítines, cadenas humanas o similares; luchar es trabajar desde lo ideológico, es estudiar, investigar, cultivarnos con buena literatura, poesía, conocer la sociedad para ir hilando las ideas, hasta llevarlas a concretarlas materialmente, para que nos ayuden a transformar la sociedad, tal y como lo es el Centro Estratégico de Recuperación Ambiental del Oriente (CERAO), proyecto impulsado por el gobierno antorchista de Chimalhuacán en el Estado de México. Nuestra lucha, las ideas y cultura son una gran herramienta para ir concientizando y educando al pueblo, no es necesariamente andar marchando.

La lucha no es únicamente contra el gobierno; también es organizar un festejo en la colonia, un grupo de bailarines, fomentando la cultura y el deporte. Para muestra, a nivel nacional organizamos la Espartaqueada Cultural y Deportiva, las cuales se alternan cada año, y han adquirido gran calidad, demostrando habilidades para cada disciplina y donde se ve el trabajo antorchista que se realiza en cada área; en Sinaloa, estamos muy agradecidos -sabedores de la gran responsabilidad que conlleva-, porque la organización nos dio la sede del Torneo Nacional de Béisbol, este año viene el segundo.
A eso hay que agregar que nuestra lucha se pone en práctica con gestiones, reuniones con grupos en colonias y pueblos, donde la gente exponga sus problemas, lo que le afecta, como el mal servicio de agua, luz eléctrica, la falta de una vivienda digna, la pésima calidad del servicio médico o la falta de éste.

De esta sencilla explicación, debiéramos deducir que los mítines, marchas o cualquier tipo de manifestación pública, son el último recurso de nuestra lucha diaria, representa el 1% de un 99% de cosas que tiene que realizar un antorchista. Además de que el organizar, v. gr., una marcha nos quita tiempo, tiempo que bien lo podemos utilizar preparándonos, cultivándonos y realizando nuestras tareas cotidianas.
Luchar, es manifestar nuestro enojo social con este sistema económico tan lleno de malestares. Pero una manifestación pública, en la calle, es, pues, nuestro último recurso y representa solo un pequeño granito de arena aportado a nuestra lucha diaria de un 99% de cosas que tenemos que realizar antes; es una actividad social que se asemeja a una sacudida para despertar de nuestra propia quimera, llevando a la práctica nuestros conocimientos. Demostrando así, que el pueblo organizado en Antorcha, razona las situaciones y actúa sin agraviar a terceros. Por eso, cuando no queda otro camino nos manifestamos en la calle.

No entendamos que aplazar una marcha o cualquier movimiento signifique retroceder en nuestros ideales. Al contrario, si como consecuencia de nuestra movilización anunciada, nos resuelven, somos llamados y mediante el diálogo se resuelven algunas de las demandas, y, nuestros dirigentes nos evitan hacer una manifestación, nos están haciendo un bien, nos permiten continuar con nuestras actividades cotidianas, hacer las cosas a las que Antorcha nos ha guiado a hacer, a ponernos a estudiar, hacer deporte, practicar alguna actividad cultural. Vaya, hasta para invitar a los vecinos a que conozcan lo que hacemos, a ir a gestiones, a reunirnos con nuestros compañeros para planear nuestro quehacer político.
Por eso, hoy ante tiempos tan críticos, nuestro grupo social debe dejar ver que la unión, la fraternidad y la lucha son nuestra sólida base, base que nos distingue de cualquier otro movimiento social. Debemos tener tacto para tomar medidas racionales, las consecuencias de una manifestación pública en la calle son impredecibles, tanto como exponer a nuestros propios compañeros a un golpe de calor o de causar involuntariamente el estancamiento de una ambulancia de urgencia entre la multitud. Si bien sabemos que las manifestaciones públicas en la calle tienen su causa fundamental en la pobreza y en la falta de soluciones políticas adecuadas, nunca se debe abusar de ellas.
Sabedores de que Antorcha trata de predecir serenamente las marchas, que el tan sólo planearlas es ya una gran responsabilidad social, la cuestión se vuelve de grave responsabilidad cuando nuestro granito de arena se muestra ante la opinión pública. Pero ello, no debe de ponernos ni débiles ni frágiles, debe ser muestra de que nuestra lucha es transformadora, para combatir el actual modelo económico de México.
Ténganlo siempre presente, los antorchistas somos únicos, como lo deja plasmado en unas breves, pero grandiosas palabras nuestro compañero Gabriel Hernández García, dirigente del Movimiento Antorchista en el estado de Oaxaca:
Antorchistas
Y si los antorchistas
nos atrevemos
a volar tan alto,
es porque
merecemos el cielo
y porque
tenemos alas
para hacerlo.
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