• Más de 83 mil habitantes carecen de servicios básicos ante el nulo desarrollo del municipio
Cuando se menciona a Quintana Roo, la mayoría de los mexicanos piensa en playas de arena blanca, hoteles de lujo, turismo internacional y una economía pujante que genera miles de millones de pesos cada año.
El crecimiento económico pierde parte de su significado cuando no se traduce en una mejor calidad de vida para todos los quintanarroenses.
El rostro del estado está asociado con destinos como Cancún, Playa del Carmen, Tulum y la Riviera Maya, reconocidos mundialmente por atraer millones de visitantes. Sin embargo, esta visión de “prosperidad” contrasta con la realidad, oculta la otra cara de la moneda en la que viven miles de familias en otros municipios del estado, especialmente en Felipe Carrillo Puerto, en el corazón de la zona maya.
Mientras el turismo continúa creciendo y generando riqueza, una parte importante de la población enfrenta condiciones de pobreza que limitan su bienestar y sus oportunidades de desarrollo, todo esto es una deuda social que la actual alcaldesa morenista Mary Hernández no ha atendido, pese a la promesa de lograrlo ahora en su segunda administración como presidenta municipal, que ya está a un año de concluir.
Los datos del propio gobierno federal reflejan con claridad esta problemática. En Felipe Carrillo Puerto, 89 mil 878 personas no tienen acceso a la seguridad social, 83 mil 811 carecen de servicios básicos en sus viviendas y 34 mil 621 no cuentan con acceso a una alimentación nutritiva y de calidad.
Estas cifras no representan únicamente estadísticas; detrás de cada número existen familias que enfrentan diariamente dificultades para satisfacer necesidades tan elementales como recibir atención médica, disponer de agua potable o asegurar alimentos suficientes para sus hijos.
Esa situación de pobreza y rezago social resulta preocupante dado que Quintana Roo es considerado uno de los motores económicos del país y presenta estas condiciones de desigualdad. El crecimiento económico pierde parte de su significado cuando no se traduce en una mejor calidad de vida para todos los quintanarroenses.

Uno de los aspectos más preocupantes en la zona maya es la falta de acceso a la seguridad social. Casi 90 mil habitantes viven sin la protección de salud. Muchas personas trabajan en el campo, en empleos temporales o dentro de la economía informal, donde las prestaciones laborales prácticamente no existen.
Además, la ausencia de seguridad social limita el acceso a tratamientos médicos preventivos, afectando la salud de las familias y aumentando el riesgo de enfermedades que podrían evitarse con una atención oportuna.
Por otra parte, la falta de servicios básicos representa otro problema que no puede minimizarse. Más de 83 mil personas viven en hogares donde aún existen carencias relacionadas con el acceso al agua potable, calles pavimentadas, vivienda, electricidad o infraestructura adecuada.
Estas deficiencias afectan directamente la calidad de vida y limitan las posibilidades de desarrollo de las comunidades. Un hogar sin agua potable o sin saneamiento adecuado incrementa el riesgo de enfermedades, especialmente entre niñas, niños y personas adultas mayores.
Asimismo, la falta de infraestructura dificulta el acceso a la educación, al transporte y a mejores oportunidades laborales.
Suma y sigue. La inseguridad alimentaria constituye otra realidad preocupante. Que 34 mil 621 personas no tengan acceso a una alimentación nutritiva y de calidad significa que miles de familias enfrentan dificultades para consumir alimentos suficientes y balanceados.
Esta situación tiene consecuencias profundas, especialmente durante la infancia. Una alimentación deficiente puede provocar desnutrición, retraso en el crecimiento, problemas de aprendizaje y menor rendimiento escolar. En los adultos, una dieta inadecuada incrementa el riesgo de enfermedades crónicas y reduce la productividad laboral, perpetuando así el círculo de la pobreza.

Las causas de esta problemática son diversas y complejas. Mientras el gobierno municipal está más empecinado en el venidero proceso electoral, en obtener a cualquier costo un cargo de elección popular, antes la gubernatura, ahora la diputación federal del distrito dos, la población de Felipe Carrillo Puerto lucha para salir adelante por sí sola; por algo es el municipio más pobre del estado, debido a la inacción e incompetencia de su gobernante en turno.
El municipio posee una importante población indígena maya, con comunidades que históricamente han enfrentado condiciones de marginación y limitado acceso a servicios públicos.
Asimismo, miles de familias dependen de actividades agrícolas de subsistencia, la apicultura, la producción artesanal o pequeños comercios que generan ingresos insuficientes.
Además, la distancia entre muchas comunidades y los principales centros urbanos dificulta el acceso a servicios de salud, educación superior y oportunidades de empleo mejor remuneradas.
Otro factor que influye es la concentración del desarrollo económico en la zona norte de la entidad. Mientras municipios turísticos reciben importantes inversiones en infraestructura, transporte y servicios, otras regiones avanzan a un ritmo mucho más lento.
Esta diferencia genera desigualdades sociales entre el sur, centro y norte de Quintana Roo que afectan directamente las condiciones de vida de la población. El crecimiento económico debería distribuirse de manera más equilibrada para que todos los municipios puedan beneficiarse de la riqueza que genera el estado.
Aunado a lo anterior, combatir la pobreza requiere mucho más que programas de apoyo económico. Si bien estos pueden aliviar necesidades inmediatas, no solucionan las causas estructurales del problema.
Es indispensable fortalecer la educación, mejorar la infraestructura básica, ampliar la cobertura de los servicios de salud y generar empleos formales que permitan a las familias obtener ingresos estables.
También resulta fundamental impulsar proyectos productivos que aprovechen el potencial económico del municipio, como el turismo comunitario, la producción agrícola sostenible, la conservación ambiental y el fortalecimiento de las cooperativas locales.
Los trabajadores del campo de la zona maya, como luchadores históricos por la libertad contra el cacicazgo, deben reivindicar la lucha de sus antepasados a través de la unidad y lucha firme para acabar con la indiferencia y menosprecio de sus gobernantes, exigiéndoles mejores condiciones de vida y que les den lo que por derecho les corresponde, porque la pobreza no debe verse únicamente como un problema de quienes la padecen, sino como un desafío que afecta al desarrollo de todo el estado.
Una sociedad con altos niveles de desigualdad enfrenta mayores problemas de salud, educación, seguridad y crecimiento económico.
Reducir la pobreza es tarea impostergable de todos los quintanarroenses, y en especial de los habitantes de la zona maya, que enfrentan mayores dificultades; una vez logrado, beneficiará no sólo a las familias más vulnerables, sino también al conjunto de la sociedad.
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