• Con 7 mil simpatizantes, el Auditorio Municipal de Tijuana fue sede de un magno evento de lucha social
Eran las 3 de la mañana, no era un domingo cualquiera; desde muy temprana hora, en San Quintín, doña Jose empezaba a preparar su itacate, se lavó la cara, calentó el café para su esposo y empezó a hacer el lonche; tenía un evento importante, era su fiesta y la de otros miles. Para ello, empezó este 14 de junio con el mejor de los ánimos.
Morena en el poder quiso acabar con Antorcha y se demostró que no pudo; toca tomar las riendas al pueblo, demostrar que solamente con organización, con trabajo, educación y lucha se pueden cambiar las cosas.
Su esposo no iría a la fresa ni ella al mandado, hoy tocaba viajar a Tijuana, el camión llegaría por ellos a las 4 de la mañana, pues de San Quintín a la ciudad fronteriza son más de cinco horas y la cita era a las 9 de la mañana; por ello habría que alistar todo, además habría que levantar a los niños y echarle un grito a los vecinos para que salieran.
La Michoacana, así se llama su colonia; aquí es donde vive desde hace diez años, compró junto con su esposo un pedazo de tierra, lo pagaron juntos, eran 400 pesos semanales. Hace diez años que llegaron de Guerrero y aquí se establecieron.

Los dos trabajaban, pero tras un accidente ella dejó el jornal. Hoy su marido se encarga de mantenerlos a ella y a sus dos hijos.
Viven al día, aunque todos tienen sueños aspiracionales. Ella sólo esperaba un papel donde dijera que el terreno que compró era suyo, no sólo un recibo de pago. Antorcha lo logró, logró la regularización de la tierra y con ello el servicio de energía eléctrica, el agua potable y una serie de apoyos sociales que antes sólo llegaban en campañas electorales.
Como lo aseguró, a las puras 4 de la mañana estaba el camión en el parque del poblado y empezó a llegar la gente. Juana era la encargada de llevar atole, María llevó tacos de frijol con arroz y Martha, unas tortas: lonche para todos; así lo programaron en su última reunión previa a este festejo.

Del otro lado del estado, también en el valle, pero de Mexicali, otros cientos de antorchistas se preparan. Aquí durmieron un poco más, pues el camión salió a las 6 de la mañana, el trayecto era más corto, pero todos en general iban con la misma alegría, pues ellos pagaron este festejo, su festejo, 22 años de lucha, 22 años de esfuerzo y trabajo.
Pedro le apuesta a que su camión se llenará, pues en la reunión todos dijeron que acudirían para ver a sus hermanos antorchistas, a los que apoyaron en varias ocasiones para que se lograran sus demandas y de los que recibieron apoyo.
Pedro cumplió y el camión se llenó. Aquí fueron tamales con café el desayuno para el camino, tres horas de viaje.

Pasarían por la famosa Laguna Salada, el cerro del Centinela, altivo y viejo guardián, como se escribe en la letra de "El Cachanilla", además de la imponente Rumorosa; su destino: el Auditorio Municipal de Tijuana.
Así, ensenadenses, tecatenses y miles de tijuanenses abordaron un camión para llegar a este lugar, el que sería testigo y donde se escribiría parte de la historia del Movimiento Antorchista en Baja California, 22 años de haber llegado a la frontera y de haber contribuido en la lucha contra la pobreza, en mejorar las condiciones de vida de los bajacalifornianos, pero, sobre todo, de haber explicado y alentado a los que aquí radican de que una vida mejor es posible.

A las 8:00 de la mañana, la marea roja comenzó: antorchistas con playeras y banderas rojas; algunos todavía con el lonche, cumpliendo con su deber. Gente con sillas de ruedas y algunos adultos mayores apoyados con bastones, todos ellos haciendo el esfuerzo por estar en la primera fila; por conocer el mensaje que había y disfrutar del evento cultural que habían preparado para ellos.
Este lugar, el auditorio Fausto Gutiérrez Moreno, que había sido testigo de grandes luchas y partidos de basquetbol, hoy recibía por segunda ocasión la marea roja del antorchismo. En su túnel de acceso se ilustra la lucha del antorchismo en el estado: Ensenada, Tecate, Mexicali, San Quintín y Tijuana eran los municipios conquistados por el antorchismo, y hoy mostraba nuevamente su fuerza social en este punto; pocos hablan de haber abarrotado este lugar, Antorcha demostró que el lugar le quedó chico.

En el escenario se encontraban ya dos compañeros, su voz resonaba en las paredes de este recinto: "¡Se ve, se siente, Antorcha está presente!". Lo coreaban insistentemente, tras la primera voz, dos veces era repetida esta frase.
Sí, Antorcha estaba presente en cada uno de los antorchistas que uno a uno fue abarrotando este lugar.
"¡22 años de lucha, de la organización, muestra de avance y de superación!": a una sola voz el edificio parecía caerse, pues el resonar de estas voces, entrenadas por años de lucha, hacía énfasis en demostrar que había acudido al llamado su organización y era necesario que se supiera.

Con la entrada de los Grupos Culturales de la Frontera del Movimiento Antorchista de Baja California comenzó la fiesta; una probadita de lo que vendría más adelante. De ello disfrutaba Jose y su familia, no alcanzó el primer lugar, pero sí uno de los mejores; ella al igual que los más de 7 mil antorchistas que acudieron, demostraban y reafirmaban su compromiso con la lucha del antorchismo, con la lucha de la clase trabajadora, pues al igual que ella, Pedro, Juan, María, Clemente y muchos habían cambiado su forma de pensar y de vivir, habían conocido esta arma que pregona Antorcha y que es una de las más temibles, la organización.

10 de la mañana: "¡Se ve, se siente, tenemos dirigentes!", todos de pie, agitando banderas, levantando gorras y sombreros. Entre el público hacían su arribo hombres bien reconocidos, los compañeros mayores, le llaman algunos, los que han dado guía a la lucha y han sabido encabezar a la organización más grande del país; a la cabeza el invitado especial, Everardo Lara Covarrubias, integrante de la Dirección Nacional del Movimiento Antorchista; Dióscoro Gómez Vázquez, dirigente del antorchismo en Baja California; Ignacio Acosta Montes, ahora dirigente del Regional Noroeste de Antorcha y quien habría estado al frente de Antorcha en Baja California por más de catorce años; dirigentes de los estados, Pável Calderón de Sinaloa, Bernardino Domínguez de Sonora y Ricardo Mendoza de Baja California Sur, acompañando a este contingente, José Juan Bautista y Jorge López, integrantes del Regional Noroeste; hombres que han ido marcando la historia de Antorcha en diferentes entidades y que hoy eran testigos de la fuerza que ha tomado en la frontera.

Aplaudido y elogiado, Dióscoro Gómez, hombre de baja estatura pero de grandes logros; hoy dirigente de los bajacalifornianos, abrió el evento.
Reconocido como uno de los líderes más dinámicos, Gómez dijo que Antorcha está más viva que nunca, agradeció el esfuerzo de sus compañeros antorchistas y dijo: "Que el maestro Aquiles, secretario general del MAN, sepa que en Baja California hay Antorcha, que estamos creciendo y que nuestra llama irradia más calor y que hoy demostramos que hay Antorcha para rato", efusivo, durante su ponencia de bienvenida, aseguró que Antorcha ha logrado más de 3 mil 500 acciones de vivienda, que han impulsado el nacimiento de quince colonias y con datos, aseguró que a pesar de no estar en el poder, han beneficiado a antorchistas y no antorchistas con apoyos sociales y obras de infraestructura social.

Seguido de números de los Grupos Culturales del Movimiento Antorchista Nacional, tocó el turno a quien le gusta ser llamado compañero, no licenciado, no doctor; "simplemente compañero Everardo".
Su mensaje fue claro: "El capitalismo está en crisis, el mundo vive una serie de problemas económicos y sociales, Morena en el poder quiso acabar con Antorcha y se demostró que no pudo; toca tomar las riendas al pueblo, demostrar que solamente con organización, con trabajo, educación y lucha se pueden cambiar las cosas, Antorcha lo demuestra con este evento y a 52 años de Antorcha a nivel nacional, estamos conscientes de que vamos por el camino correcto".

Su discurso acompañado de consignas dejó el mensaje grabado en cada uno de sus compañeros: a seguir trabajando, fortalecer a la organización y educarse, comprender la realidad para transformarla. El evento continuó con bailes de Veracruz, con canciones de los Grupos Culturales del MAN.
12:30 horas: "¡Nos vamos, nos vamos, pero luego regresamos!", los maestros de ceremonia despidieron a los más de 7 mil hombres y mujeres que han luchado por una vida más justa; es momento de regresar y los tijuanenses les han preparado lonche a los antorchistas de San Quintín, "porque aquí la comida no falta". Hoy, la tarea está cumplida.
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