• Asumir los gastos en hospedaje y alimentación al formarse en otro lugar orilla a muchos universitarios a desertar
Antes de ingresar a la universidad en Morelia, Danna Jatzyri Luna tuvo que considerar cuánto le costaría estudiar fuera de su lugar de origen. Originaria de Tepetongo, decidió presentar su examen de admisión para la licenciatura en Derecho en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo después de estudiar en una escuela con modalidad sabatina, donde consideraba que únicamente recibía los conocimientos básicos de su carrera elegida.
La decisión de continuar con su formación académica significó asumir gastos de transporte, alimentación, materiales escolares y un sitio de alojamiento.
Para quienes deciden salir de su lugar de origen, estudiar una carrera implica resolver situaciones adicionales al acceso a una universidad.
Para las y los jóvenes que deben trasladarse de su municipio o estado para acceder a la educación superior, ingresar a una universidad es solamente el primer paso.
El problema comienza al intentar mantenerse, debido a que implica cubrir gastos que no tendrían que asumir quienes pueden estudiar cerca de casa, como renta, alimentación, transporte, materiales para uso académico y productos de uso personal.
Cuando estos gastos superan las posibilidades económicas de una familia, continuar y concluir una carrera se convierte en una dificultad constante.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), durante el ciclo escolar 2023-2024, la matrícula de educación superior a nivel nacional fue de 4 millones 52 mil estudiantes.
Para el ciclo 2024-2025 aumentó a 4 millones 158 mil 880, un incremento de 106 mil 880 estudiantes, equivalente aproximadamente al 2.6 %.
En Michoacán, la matrícula de nuevo ingreso pasó de 114 mil 151 a 121 mil 485 estudiantes durante el mismo periodo, un aumento de 7 mil 334, equivalente aproximadamente al 6.4 %.

Sin embargo, el crecimiento de la matrícula no significa que todos los jóvenes logren permanecer en las aulas hasta concluir sus estudios.
Con base en la matrícula de inicio del ciclo escolar 2023-2024, la tasa de abandono de la educación superior fue de 7.1 % a nivel nacional, equivalente a aproximadamente 287 mil 692 jóvenes.
En Michoacán, el porcentaje alcanzó el 10.4 %, equivalente a aproximadamente 11 mil 872 jóvenes. La diferencia entre ambas tasas fue de 3.3 puntos porcentuales.
A esta situación se suma la diferencia en la esperanza de escolaridad. Durante el ciclo escolar 2023-2024, el indicador fue de 13.5 años a nivel nacional y de 12.7 años en Michoacán.
Para 2024-2025, la esperanza nacional aumentó a catorce años, mientras que en Michoacán permaneció en 12.7 años. La brecha pasó así de 0.8 a 1.3 años.
Este indicador no establece el momento en que una persona abandona sus estudios, sino los años de escolaridad que, bajo las condiciones educativas observadas, se espera que alcance la población.

Las estadísticas permiten dimensionar el comportamiento de la educación superior en el estado y el país. Sin embargo, sus efectos pueden observarse con mayor claridad cuando se conocen las condiciones que enfrentan quienes deben trasladarse para estudiar.
Es precisamente en este contexto donde se sitúa la historia de Danna. Antes de trasladarse a Morelia, sus gastos significaron una dificultad ligeramente mayor, lo cual la llevó a considerar abandonar sus estudios:
"Consideré abandonar mis estudios cuando estudiaba en la universidad sabatina. Aunque no era cara, el dinero se me iba en transporte, hospedaje y comida, gastando una quincena en comidas y transporte, mientras que la otra la gastaba en mi colegiatura".
Al llegar a la capital michoacana para continuar sus estudios, hubo cambios significativos en sus gastos, influyendo directamente en la posibilidad de continuar con sus estudios, debido a que ingresó a las Casas del Estudiante "Espartaco":
"Llegar a una casa del estudiante influyó bastante para seguir estudiando, ya que no gasto en hospedaje y comida, incluso en material de papelería, ya que al inicio me lo proporcionó la misma casa. Además, tienen actividades culturales y deportivas, con las cuales se puede invertir el tiempo libre, aparte de no interferir con mi horario escolar".
Actualmente, Danna considera que la compra de algunos libros en físico y la comida fuera de la casa representan gran parte de los gastos a cubrir. Además de los materiales escolares, un universitario foráneo debe considerar la compra de productos de higiene personal y transporte, gastos que se suman a los relacionados directamente con la carrera.

La dificultad para cubrir estos gastos no se limita a un caso en particular. Andrea Guillén, originaria de Panindícuaro, estudia ingeniería en biotecnología y tuvo que salir de su comunidad debido a la falta de oportunidades en su municipio.
Para ella, el transporte y los materiales universitarios forman parte de los principales gastos durante su formación.
"En mi pueblo no hay universidades y también se percibe una falta de oportunidades", señaló Andrea al explicar las razones que la llevaron a estudiar fuera de su lugar de origen. La ausencia de instituciones educativas cercanas convierte el traslado en una necesidad para quienes desean continuar con una carrera que no pueden cursar en su comunidad.
Cecilia Ríos, originaria del municipio de Maravatío y estudiante de la licenciatura en Derecho, enfrenta una situación similar: "En mi municipio solamente había universidades privadas, y la Universidad Michoacana es la institución pública más cercana".
Entre sus gastos se encuentran el transporte público, algunas comidas y los libros, mientras que los medicamentos pueden representar una dificultad adicional cuando enfrenta algún problema de salud.
Para algunos estudiantes, el problema comienza incluso antes de llegar a la universidad, ya que la oferta educativa disponible en sus municipios no siempre coincide con la carrera que desean estudiar o con las posibilidades económicas de sus familias. Salir del lugar de origen permite acceder a una institución distinta, pero implica asumir nuevos gastos.

El costo de una vivienda constituye uno de los principales gastos para quienes deciden estudiar fuera de casa. Danna explicó que algunos abandonan temporalmente sus estudios por cuestiones económicas y posteriormente los retoman: "Un conocido abandonó la universidad para generar recursos y después volvió a estudiar, más que nada por las rentas", respondió al referirse a una de las principales dificultades económicas que enfrenta él y otros jóvenes.
El costo del alojamiento también influye en la posibilidad de combinar los estudios con un empleo. Danna considera que podría pagar una renta y trabajar, pero reconoce que los horarios universitarios no se prestan para conseguir un empleo que se adapte a la disponibilidad del tiempo.
Cecilia coincide en que los horarios de la universidad representan una limitación para trabajar durante la etapa universitaria.
Diana Carranza, originaria de Ciudad Altamirano, Guerrero, y estudiante de la licenciatura en Derecho, presenta una experiencia distinta. Mencionó que su traslado no ocurrió inicialmente por motivos educativos, sino por el impacto de la delincuencia en la actividad económica de su lugar de origen:
"Nos mudamos completamente por situaciones de delincuencia. Corrieron a las empresas, limitando el ingreso de productos y elevando precios, además de disminuir la calidad de los mismos. Quienes querían vender ahí tenían que pagar una cuota, afectando sus precios. Vivo cerca de Morelia desde hace dos años aproximadamente, pero con un familiar, y al ingresar a la universidad decidí entrar a la casa del estudiante".
Entre los principales gastos de Diana se encuentran los productos de higiene personal, materiales escolares, internet y otros gastos relacionados con su permanencia. Además, mencionó su intención de cubrir parte de sus necesidades económicas por su cuenta: "Ocasionalmente dependo de mis papás, pero me estoy desprendiendo un poco de eso porque comencé a trabajar los fines de semana".
Adicionalmente, Diana admitió que en algún momento pensó en abandonar sus estudios: "Lo pensé por algunas situaciones personales, pero no quisiera hacerlo, y en caso de existir dificultades económicas, buscaría la forma de salir adelante, aunque la casa del estudiante me apoya bastante en dicho aspecto".
Para las estudiantes entrevistadas, residir en las Casas del Estudiante "Espartaco" representa una diferencia importante con respecto al costo de una renta.
Danna señaló que estos espacios le permitieron reducir gastos de hospedaje y alimentación, además de que al inicio del ciclo le proporcionaron materiales de papelería. Andrea también considera que residir ahí disminuye sus gastos y reduce las dificultades económicas que podrían afectar en sus estudios.
Diana coincide en que el alojamiento ha reducido considerablemente sus gastos, contribuyendo a disminuir los costos de comida, hospedaje y transporte, además de permitirle destinar recursos a otras necesidades, facilitar su movilidad hacia su facultad y mantenerse enfocada en sus estudios al poder destinar parte de su tiempo para ello.
Pero el abandono de los estudios no siempre ocurre únicamente por la falta de dinero. Diana conoce casos de jóvenes que decidieron comenzar a trabajar, tomarse un año antes de continuar con su formación o emprender un negocio.
Estas experiencias muestran que las dificultades económicas, familiares y personales pueden modificar la trayectoria educativa de los estudiantes.
Aunque la matrícula de educación superior en Michoacán aumentó entre los ciclos escolares analizados, el estado mantiene una tasa de abandono superior a la nacional y una esperanza de escolaridad que no registró crecimiento entre 2023-2024 y 2024-2025.
Los datos muestran una diferencia entre el número de jóvenes que ingresan al sistema y las condiciones que encuentran para permanecer en él.
Para quienes deciden salir de su lugar de origen, estudiar una carrera implica resolver situaciones adicionales al acceso a una universidad. Cada día deben encontrar la manera de cubrir transporte, alimentación, materiales y alojamiento, mientras intentan cumplir con los horarios y exigencias académicas.
Para algunos, el apoyo familiar o un empleo puede ser suficiente; para otros, la posibilidad de contar con un lugar donde vivir reduce una parte importante de esos gastos.
Danna forma parte de las y los jóvenes mexicanos que han experimentado lo que significa que los costos pongan en riesgo la continuidad de sus estudios. Ahora, mientras cursa su licenciatura, reconoce que el apoyo que recibe por parte de la casa del estudiante en la que reside le permite concentrarse en su formación académica.
Su experiencia resume una dificultad que las cifras no muestran explícitamente, resaltando que ser admitido en una universidad es solamente el comienzo y que el desafío real consiste en encontrar las condiciones que les permitan permanecer ahí hasta terminar la carrera.
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