El 13 de diciembre de 1971, al recibir el premio Nobel de Literatura, el gran poeta chileno Pablo Neruda pronunció un célebre discurso titulado “Hacia la Ciudad Espléndida”. En él, estableció un principio que considero indispensable, como guía, para interpretar el origen de distintas “reformas” que hacen los gobiernos en distintos países, como es el caso de México.
El análisis del incremento a la tarifa del transporte público debe ir más allá del dato numérico; debe hacerse una síntesis, analizar el problema como un todo, y poner en primer lugar al usuario, quien es el que se forma a las cinco de la mañana para encontrar un asiento disponible.
Neruda declaró: “Al extender hasta estas consecuencias extremas el deber del poeta, con razón o sin ella, decidí que mi postura dentro de la comunidad y ante la vida debía ser la de tomar partido con humildad. Lo decidí al ver tantas desgracias honorables, victorias solitarias, derrotas espléndidas. En medio de la arena de las luchas de América, comprendí que mi tarea humana no era otra que unirme a las extensas fuerzas de las masas organizadas del pueblo, unirme con vida y alma al sufrimiento y la esperanza, porque sólo de esta gran corriente popular pueden surgir los cambios necesarios para los autores y para las naciones”.
Esta insistencia, tanto de Neruda como de muchos otros, en que la sociedad se identifique con la clase a la que pertenece, especialmente con la clase trabajadora, y adopte una posición bien definida, es fundamental para comprender con precisión los intereses que impulsan los distintos “cambios” promovidos desde el poder político. Aunque en ocasiones estos parezcan beneficiar o afectar a ciertos grupos, las cosas no siempre son lo que aparentan. Veamos.
Se ha anunciado en Jalisco un incremento al precio del pasaje del transporte urbano; la tarifa pasará de nueve pesos con 50 centavos a catorce pesos a partir de abril de 2026, un ajuste que representa el 43.37 % sobre el costo actual.
¿Quiénes tomaron la decisión? El comité técnico tarifario, conformado por los líderes empresariales, sindicatos corporativizados y el gobierno del estado, argumentando los “altos costos de operación” que vuelven inviable ofrecer dicho servicio público.
¿Pero y el usuario, ese que tiene que levantarse muy temprano para poder encontrar un lugar disponible, ese que tiene que pasar todos los días hasta cuatro horas de traslado de su hogar hasta su centro de trabajo, ese que tiene que soportar el amontonamiento de los pasajeros porque las unidades son insuficientes para trasladar a más de 800 mil pasajeros todos los días?
A ellos no se les consultó; nuevamente, como siempre, se tomó una decisión netamente numérica en favor de obtener la máxima ganancia, abandonando el sentido social del transporte público. ¿Quién es el más capacitado para resolver un problema, o, mejor dicho, quién puede proponer la solución más efectiva a un problema? Pues el que vive el problema, él lo conoce en todas sus partes integrantes. Sin embargo, tampoco es novedad; nuevamente fue ignorado.
De acuerdo con los datos de la Estadística de Transporte Urbano de Pasajeros (ETUP), en junio de 2025 el sistema de transporte urbano de Guadalajara movilizó a 25.6 millones de pasajeros, es decir, un aproximado de 853 mil diarios. No es casual que veamos un sinfín de unidades de transporte con sobrecupo y, en algunos casos, hasta colgados de las puertas del mismo.
Tal situación no ha mejorado a lo largo del tiempo; así se puede explicar el incremento estrepitoso del parque vehicular de los jaliscienses, ya que, según datos del Inegi, del 2010 a 2024 la cantidad incrementó en un 78.3 % y la entidad acumula 4.9 millones de automóviles, de los cuales 3 millones 115 mil circulan en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG).
Si usted no lo cree, basta con padecer las interminables filas de tráfico a todas horas del día. Pero adicionalmente a lo ya mencionado, el 40 % de los usuarios debe usar entre dos y tres rutas para poder llegar a su destino, lo que habla de una conectividad poco eficiente.
El transporte público es un elemento básico en las ciudades; de él depende el desarrollo económico y social, así como el acceso a servicios de educación, salud, comercio, recreación, entre otros. La falta o deficiencia de este servicio genera una serie de desigualdades, pues limita el derecho de movilidad de los ciudadanos.
El análisis del incremento a la tarifa del transporte público debe ir más allá del dato numérico; debe hacerse una síntesis, analizar el problema como un todo, y poner en primer lugar al usuario, quien es el que se forma a las cinco de la mañana para encontrar un asiento disponible.
Con la misma firmeza con la que se escucha y atiende a los concesionarios, deben escuchar y sobre todo atender a los miles de usuarios todos los días; al final, son los que padecen las deficiencias del transporte público.
Se anunció un subsidio por parte del ejecutivo estatal por un total de mil 200 millones de pesos, monto que permitirá un subsidio de tres de pesos por viaje mediante la “Tarjeta Única Al Estilo Jalisco”, monto distinto al recién anunciado por la Secretaría de Hacienda de Jalisco, quien presupuestó 777 millones 373 mil de pesos para 2026; sólo suma el 64 % del monto anunciado. Pero dicha medida emergente carece de integralidad, ya que solamente es un subsidio que se trasladará, lo queramos ver o no, a los concesionarios; los beneficiados últimos serán ellos; se les garantizará la obtención de la máxima ganancia a costa del Estado.
Nuevamente, podemos darnos cuenta, como en todos los países en que impera el modo de producción capitalista, de que los costos operativos se trasladan a la clase trabajadora y el Estado juega su papel de guardián de los intereses de los que más tienen. Seguimos padeciendo los males de dicho modo de producción que pone por encima del desarrollo armonioso del hombre la obtención de la máxima ganancia.
Recordemos que el punto en donde inicia el desplazamiento diario de todos los usuarios del transporte público depende del lugar donde vive, en muchos casos, zonas en donde el costo de la vivienda le es accesible, a pesar de que esté en las orillas de la mancha urbana; ese lugar le determina su capacidad adquisitiva y su punto de destino, que es determinado por la zona donde pueda conseguir empleo, uno que tenga una remuneración mínima para poder cubrir sus necesidades vitales, y ese muchas veces se encuentra en la zona céntrica de la mancha urbana, ya que cerca de su lugar no hay fuentes de empleo que le permitan su subsistencia.
En estas circunstancias, el transporte público se vuelve un artículo de lujo, algo alejado de la función social que debería jugar.
Incrementar su costo sin resolver sus carencias estructurales es una medida que, bajo cualquier fachada, termina perjudicando a quienes ya cargan con las mayores dificultades sociales. Volvemos al punto de inicio, recordando que las medidas del transporte público no son tomadas por los usuarios fundamentalmente, sino por aquellos guardianes de la obtención de la máxima ganancia.
Por eso conviene, como decía Neruda, tomar partido, estar del lado de la clase trabajadora, que es la más sufriente, organizarnos y luchar por nuestros intereses de clase; eso nos ayudará a que no sucumbamos a los cantos de sirena de más de uno y nos defendamos como un solo hombre y un solo ideal en la dirección que nos beneficie a todos. No hay más.
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