En una colaboración anterior expuse algunas ideas acerca del voto verdaderamente libre y cómo, para alcanzarlo, el elector debe estar informado y consciente de qué es lo que quiere, de en qué medida es posible, y cómo lo puede alcanzar, sin lo cual, el puro libre albedrío le convierte en alegre esclavo no sólo del fenómeno social al cual nunca va a controlar sino de manipuladores mediáticos entrenados y dedicados de profesión a hacerle pensar y actuar en favor de beneficios inconfesables, a veces hasta en contra de sus propios intereses.
Hay otro aspecto del asunto que nos puede ayudar a entender el engaño que nos quieren hacer tragar con el mamotreto del "voto libre". No es accidental que en estos días los teóricos de todo pelo se acomidan y empeñen en hacerle creer al pueblo que el voto es asunto personal y que todo intento de orientarlo y hasta de articularlo es antidemocrático y debe ser repudiado y condenado. "Nadie puede condicionar o inducir el voto, la elección es libre". ¡Cuidado!, aquí hay otro engaño perverso.

En realidad, no existe el voto condicionado. Es cierto que existe el intento pernicioso de parte de quienes tienen algún tipo de autoridad material o espiritual sobre algún grupo de gentes y que el uso de esta para "condicionar" el voto es un modo de atentar contra su "libre decisión". Un patrón, por ejemplo, que les ordene a sus empleados votar de manera "obligatoria" por alguna opción; o un líder social o espiritual (religiosos, por ejemplo) que aproveche su influencia para "obligar" a sus feligreses a votar de algún modo o aceptar un x candidato, aunque este sea un verdadero bandido; o bien, más común, que las instituciones o sus titulares de cualquier rango "condicionen" la entrega de algún apoyo o programa a determinada orientación del voto, etc. Nada más que quienes condenan esta práctica no dicen que eso es del todo imposible, pues el voto es secreto y no hay manera de saber el sentido en el que ha votado una determinada persona ni, por lo tanto, de premiarle o castigarle por ello.
En cambio, sí existe el intento de inducir el voto. Esto quiere decir que la decisión de una persona esté influenciada por otra de algún modo, con lo cual pareciera que la decisión del primero no es libre, no es "su decisión". Pero así nada más, sin especificar el contenido y los medios de la persona que intenta influir en la decisión de otra, se puede convertir también en una trampa. El hombre es un ser social, y eso quiere decir, entre muchas otras cosas, que su conciencia y voluntad son el fruto de su interacción con otros seres sociales de los que aprende TODO lo que sabe. No existe ser alguno en esta vida terrenal que tenga una consciencia preestablecida, que ya sepa todo y que no necesite aprender de los demás. Siendo esto así, como lo es, todo nuestro pensamiento es un caso específico resultado de una red de inducciones que recibimos de todos aquellos seres con los que convivimos. Para el caso concreto de una elección, como decisión personal, el elector toma información exterior, datos, razones, argumentos, que le permitan decidir su preferencia. Por eso mismo existen las campañas electorales, ¿Hay acaso otro modo de lograr que los contendientes den a conocer a los votantes sus propuestas de manera que el elector, con esa información, tenga elementos de juicio para decidir la orientación de su voto?, las campañas electorales, ¿no son, precisamente por ello, verdaderas jornadas para "inducir" el voto?
Pero las campañas son, dirá alguien, un recurso validado por el mismo proceso y la autoridad electoral, y cumplen precisamente esa función, de manera que son un modo honesto de "inducir" el voto. ¿Será, amigo lector?, ¿no vemos que ellas en vez de plataformas para dar a conocer los principios del candidato, o su plan de Nación, o sus propuestas, son verdaderas campañas de terror colectivo, manipulación de los instintos más bajos del público votante, espesas guerras de estiércol, atestadas de mentiras, calumnias, datos manipulados, todo menos información fidedigna y seria acerca de lo que el candidato y su equipo proponen, y todo este fárrago confuso y lúbrico con la única intención de engañar al votante e "inducir", o más bien manipular su voto?
Por supuesto que en medio de esa avalancha de signos se llegan a colar uno que otro contenido más o menos sensato, pero en general, las campañas oficiales proponen modelos y situaciones que no tienen conexión con los electores reales, pero que logran más o menos captar su atención y los entretienen. El grupo social pierde en ellas su perfil verdadero, se confunde con la masa general de "votantes", como si sus características sociales reales no existiesen o confundiéndolas con las que las campañas les proponen, de manera que pierda de vista sus verdaderos intereses, los cuales no logra ubicar y por consiguiente no tiene más remedio que conformarse con lo que le ofrecen campañas, candidatos, partidos y medios. Estos se encargarán de hacerle tomar partido por las opciones que ellos mismos le proponen, so pena de quedar marginado del proceso o convertirse en un inadaptado.
También aquí, quien sale ganando es el más hábil para manipular y el que más dinero le mete a medios de comunicación. Así, por ejemplo, al trabajador no se le explican cuáles son sus verdaderos intereses de clase ("¡las clases no existen, sólo existen los ciudadanos!"), y cuáles las medidas que se debieran proponer en defensa de esos intereses; en lugar de ello, lo lamparean con los "intereses" de "la mafia del poder", de los "incorruptibles" y los "corruptos", de los "populistas", de "los amorosos", etc. Para lograr este público amorfo, inconsciente y manipulable, el manipulador necesita, entre otras cosas, ponerlo en cuarentena contra todo intento de educarle y hacerle razonar, en caso de que alguien intente hacerlo, ¡hay de aquel que ose acercar la luz a las tinieblas de la masa!, será encadenado a una peña para que las aves de rapiña le coman las entrañas por toda la eternidad. Pero como sí existen esos osados, más vale prevenir.
Lo primero es hacerle creer al votante que su indefensión ante la manipulación es "libre elección", que todo intento no oficial de hacerle reflexionar es "inducir el voto". Así, la mente de esta persona se predispone a toda razón, se cierra inconscientemente a cualquier tipo de explicación, bajo el argumento de que es un intento de infringir su sacrosanta libertad de elegir y la debe despreciar. Aquí tenemos nuevamente a ese "libre albedrío" sin conocimiento de causa, es decir al voto ignorante, superficial, enajenado convertido en caldo de cultivo para las campañas de manipulación. Esto es lo que le llaman la "libre elección".
El voto personal, es otra falacia propia de manipuladores. Que la ejecución material del voto es personal no tiene duda, por lo menos en las democracias modernas en las que es "personal, libre y secreto" y nadie va a poder votar en masa, o colectivamente, o por encargo, o quien sabe de qué otra fantástica manera; intentar definir así el carácter personal del voto es una perogrullada. En realidad, aunque el acto mismo del voto sólo se puede realizar de manera personal, el voto no es asunto personal, en la misma medida en que sus resultados tampoco lo son. El voto es una responsabilidad social y el votante, con toda su libertad de elegir debe tener claro que lo que decida hacer con "su" voto afectará de manera definitiva a toda la sociedad en su conjunto.
Y aquí se debe decir que lo que suceda el 1 de julio será resultado de la decisión de la mayoría de votantes que estén en la disposición de hacerlo, tengan la posibilidad legal y física de votar, y de las habilidades reales de quienes hayan sabido influenciar su decisión final; y si el resultado no resulta ser el que realmente conviene a las grandes mayorías, es decir al pueblo trabajador, no será responsabilidad de ese pueblo, ni siquiera la será de quienes han usado todos los recursos a su alcance para inducir su voto, sino de quienes debieran educarle y crearle una consciencia capaz de enfrentar el reto para hacer lo que realmente represente sus intereses, dadas las circunstancias históricas, y no lo han logrado. Al educador nadie le dijo que no le iban a hacer trampa.
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