• Existen dos grupos burgueses pugnando por poder y mayores ganancias
En nuestro país se ha desarrollado sin mucho impedimento la burguesía comercial y, en cierto grado, también aquella dedicada a la producción agrícola.
Vemos importantes cadenas de tiendas distribuidoras que movilizan grandes volúmenes de mercancías y también consorcios empresariales que obtienen cuantiosos beneficios de la producción del campo mexicano. Sin embargo, no todos los grandes empresarios han tenido el mismo ritmo de crecimiento, por ejemplo, los del ramo de la producción industrial.
La burguesía nacional aspira a la gestión económica autónoma en el país, lucha por iguales condiciones para hacer negocios en el mercado capitalista internacional y acceder a niveles mayores de ganancia.
La superioridad del capital monopolista extranjero en la economía de países como el nuestro, el lento proceso de la industrialización, la falta de capitales necesarios y lo limitado del mercado interior, son algunos de los factores que frenan el crecimiento de la burguesía nacional industrial.
La dependencia de México, en cuanto a la producción industrial se refiere, es notoria y algunos grandes empresarios identifican en este aspecto una oportunidad para obtener ganancias.
Se inicia así una lucha entre elementos internos y externos por el desarrollo industrial, impulsada por la burguesía correspondiente, con la mirada siempre puesta en sus ganancias.
En el proceso histórico de la lucha de la burguesía por el crecimiento de sus negocios, por la eliminación de las trabas a la circulación de mercancías y la explotación de la mano de obra de los trabajadores, ha tenido necesidad de adueñarse del poder político de los países.
Desde esa posición puede establecer el marco jurídico necesario para el crecimiento de sus negocios y, además, para conocer inmediatamente las oportunidades para extraer riqueza.
Adán Augusto López Hernández, senador de la república; Marina del Pilar Ávila Olmeda y Mara Lezama, gobernadoras de Baja California y Quintana Roo, respectivamente; Octavio Romero, exdirector de Pemex; Alfonso Romo, Arturo Alcalde (padre de Luisa María y Bertha) y Armando Guadiana (finado), son sólo algunos empresarios que, de manera simultánea, son (o fueron, en el último caso) miembros del partido en el poder, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

No son los únicos; los demás empresarios se encuentran en el resto de los partidos, principalmente en el Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN).
Tampoco cometen algún delito; el marco legal vigente en México, propuesto y establecido por ellos o por sus operadores políticos, se los permite. Sin embargo, es necesario hacer notar que no están ahí de manera casual o por su amplio amor a la clase trabajadora; existen razones económicas que los han llevado hasta ahí.
Podemos caracterizar a los miembros de este grupo como parte, la más avanzada, de la burguesía nacional, que se ha constituido en partido político para lograr sus objetivos. Y están ahí por la necesidad que tiene la clase social a la que pertenecen o a la que sirven, de adecuar las condiciones para su desarrollo y para triunfar sobre la otra fracción que posee mayores capitales y, por tanto, obtiene ganancias superiores, enriqueciéndose en mayor proporción que los demás.
Debemos tomar en cuenta que, en los países en vías de desarrollo del capitalismo, como es el caso de la mayoría de los países latinoamericanos, la burguesía es heterogénea como clase: hay grande y mediana, monopólica y no monopólica y la que está muy ligada o menos ligada con el imperialismo.
Es a esa parte de la burguesía, sometida económicamente por el imperialismo, a la que, por razones de interés de clase, le interesa el desarrollo económico y político independiente de su país; ellos necesitan explotar, sin competencia extranjera, los recursos naturales y la fuerza de trabajo además del dominio irrestricto del mercado nacional.
En una determinada etapa del desarrollo de la lucha de clases, esta parte de la burguesía es capaz de expresar los intereses nacionales generales, por lo que es conocida con el nombre de burguesía nacional.

Y como este grupo representativo de la burguesía nacional requiere de la adecuación de las condiciones objetivas y subjetivas para expandir sus negocios y sus ganancias, adquiere, en cierta medida, un carácter progresista, que en determinados momentos y bajo ciertas condiciones puede jugar ese papel; sin embargo, no se debe pasar por alto que tienen intereses propios de la clase social a la que pertenecen; olvidar eso puede confundir al pueblo trabajador.
Su papel puede desempeñar cierto impulso a la lucha del pueblo, dependiendo de ciertos factores, por ejemplo, el nivel económico del país, la distribución de fuerzas de las clases, la magnitud del movimiento social, su experiencia política y el carácter de sus relaciones con el capital monopolista extranjero.
Es decir, pueden adquirir ese carácter progresista, en cierta medida, gracias a que somos un país en vías de desarrollo, al letargo en que se encuentra la clase trabajadora como fuerza revolucionaria y a su adversidad con la burguesía internacional.
De ahí nace la actitud antiimperialista de esta burguesía nacional, la cual adquiere en función de sus propios intereses de clase. Ellos también sufren las consecuencias del régimen establecido por los grandes empresarios, claro está, en diferente medida que las masas trabajadoras.
Es decir, la burguesía nacional aspira a la gestión económica autónoma en el país, lucha por iguales condiciones para hacer negocios en el mercado capitalista internacional y acceder a niveles mayores de ganancia.
Por tanto, se presentan contradicciones entre ella y el imperialismo, lo que hace posible que este sector de la burguesía se incorpore a la lucha antiimperialista. Su posición cambiará cuando, por ejemplo, se consolide su dominio económico.

Frente a ella está la otra fracción, la de la gran burguesía, la que no tiene diferencias con el imperialismo, la que es denominada y conocida como "la derecha", la que se lleva la mayor parte del botín: Ricardo Salinas Pliego (Grupo Salinas), Claudio X. González (empresario), Germán Larrea (Grupo México), Alberto Baillères (Grupo Peñoles), Eugenio López Alonso (Grupo Jumex), Antonio Chedraui (Grupo Chedraui), María Asunción Aramburuzabala (Grupo Modelo), Antonio del Valle Ruiz (Grupo Industrial Saltillo).
La pugna económica los conduce directamente a la lucha por el poder político. Las críticas que han expresado muchos de ellos hacia las condiciones de inseguridad, ciertas reformas laborales, la política económica y ambiental, las leyes fiscales, la pobreza y demás, vistas desde su óptica, son el recurso para demostrar lo inviable del gobierno de la burguesía nacional agrupada en el proyecto de la 4T.
Es esta fracción de la burguesía, la derecha, la que tiene lazos más estrechos con la burguesía internacional y el imperialismo, la que tiene amplias posibilidades de hacerse del gobierno en las próximas elecciones y, con ello, facilitar a los magnates estadounidenses un gobierno sumiso a sus intereses, que abra las puertas del país a las grandes empresas trasnacionales.
De hacerse realidad el triunfo de la derecha, México se sumaría al conjunto de países en los cuales los gobiernos obedecen a los intereses del imperialismo norteamericano como, por ejemplo, Argentina, Chile, Colombia, Perú y Ecuador, entre otros.
La solución no es, de ninguna manera, que permanezca Morena en el poder; cuando ellos se consoliden y fortalezcan, cambiarán su carácter antiimperialista y se convertirán exactamente en lo que hoy es la gran burguesía.
La solución está en el triunfo de un gobierno realmente del pueblo, impulsado por un partido de todos los trabajadores de nuestro país.
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