MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Ganarle a la burguesía la iniciativa política

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• El pueblo debe organizar fuerzas frente al oportunismo electoral en los próximos comicios

Cuando en la política oficial la falta de principios y el oportunismo son la norma, nosotros nos debemos preguntar cuál es la forma en la que la clase trabajadora debe involucrarse en la lucha política. 

Los partidos políticos ya andan en campañas, aunque legalmente aún no sea tiempo, ya se promocionan como cualquier mercancía, haciendo todo para ganarse el voto en las próximas elecciones, mientras el pueblo, de manera pasiva, les sigue el juego.

Si bien es cierto que los partidos tienen monopolizado el sistema electoral, que todos los candidatos sepan que a cada lugar en el que lleguen se encontrarán con un pueblo organizado que impondrá sus intereses.

Desde una postura revolucionaria, ya desde el siglo pasado se estableció la necesidad de la participación política de la clase trabajadora en su lucha por la construcción de una sociedad más justa. Federico Engels en “Sobre la acción política de la clase obrera” menciona que:

“La experiencia de la vida actual, la opresión política a que someten a los obreros los gobiernos existentes, tanto con fines políticos como sociales, les obligan a dedicarse a la política, quiéranlo o no”. Esto Engels lo menciona en el contexto en el que algunas corrientes socialistas plantean la abstención política.

Para Engels, como para el socialismo revolucionario, era claro que si se quería la construcción de una sociedad en la que no se violen los derechos básicos de las clases trabajadoras, en la que no existan las clases sociales, el único método para lograrlo era “la dominación política del proletariado”, la imposición de los intereses de los explotados, es decir, de la gran mayoría de la población. 

Esto implica que la participación de los explotados en la lucha política no se dé de manera subordinada a otras clases sociales, como sucedió en las revoluciones burguesas de Europa. En el caso mexicano, la revolución de 1910-1917 en la que el sistema burgués se consolidó, contó con la participación de las clases trabajadoras, pero no se reivindicaron los intereses de ellas, sino las favorables a la burguesía.

En el caso mexicano, la independencia política de la clase trabajadora ha sido anulada. La revolución hecha gobierno sometió a los sectores populares mediante el corporativismo, causando que la movilización popular se diera desde arriba. Incluso en los momentos en los que se observó un beneficio para ellas, fue dictado desde la figura presidencial; el periodo de Lázaro Cárdenas es un ejemplo claro. De tal manera que, hasta la fecha, el control ideológico, la iniciativa política proviene de la clase dominante. A pesar de los intentos por la construcción de un partido que sea la vanguardia de la clase oprimida, esto no se ha logrado.

La anticipación de las campañas es una muestra más de cómo la burguesía no pierde el tiempo, de cómo ésta busca mantenerse a la cabeza y dar pauta de lo que es la lucha política. Así, dictan a los trabajadores una lucha política que se reduce a decidir qué sector de la burguesía los va a dominar un periodo más. Toda la discusión política se centra en cómo los políticos cambian de partido, de cómo abandonan los cargos y sus responsabilidades para salir a hacer proselitismo etcétera, en fin, una política oportunista, marrullera, que nada tiene que ver con lo que le interesa a todos los pobres de este país.

Aunque hay quienes puedan pensar que por lo viciado que está la política lo mejor es no meterse, “predicar la abstención, dice Engels, significaría arrojarlos en los brazos de la política burguesa”, por lo tanto, para corregir el rumbo, la salida es la organización popular.

Que si bien es cierto que los partidos tienen monopolizado el sistema electoral, que todos los candidatos sepan que a cada lugar en el que lleguen se encontrarán con un pueblo organizado que impondrá sus intereses, y que si quieren el voto, este les va a costar más de lo que hasta ahora han pagado.

No nos dejemos engañar por las falsas promesas que cada periodo electoral nos hacen: aprendamos de ellas y organicémonos para imponer, en un primer momento, nuestros intereses más sentidos. 

La tarea de la construcción de un partido propio de la clase trabajadora sigue su curso, por ahora, hagamos que la política y la democracia burguesa trabajen para nosotros, mientras sigamos educándonos y organizándonos para las luchas futuras por la toma del poder político.

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