• La precariedad laboral y la falta de oportunidades son los factores principales que inciden en la salud mental
“A veces, Sachka sentía el deseo de dejar de hacer todas esas cosas cuyo conjunto constituye lo que se llama la vida; sentía el deseo de no lavarse por la mañana con agua fría, en la que nadaban pedacitos de hielo; de no ir al colegio, donde todos le zaherían; de no tener dolor en la espalda y en todo el cuerpo cuando su madre, para castigarle, le obligaba a permanecer veladas enteras de rodillas.
Cambiar las condiciones objetivas garantizaría la atención médica a quien lo necesite; de lo contrario, sólo seguiremos poniendo nuestra esperanza en un angelito de cera que con el calor se puede derretir.
Pero como sólo tenía trece años y no conocía aún los medios que emplean los hombres para no vivir más cuando han vivido ya bastante, seguía yendo al colegio, permaneciendo horas enteras de rodillas, y le parecía que aquella desgraciada vida no se acabaría jamás; pasarían años y años, y él estaría siempre obligado a ir al colegio y a permanecer de rodillas en casa”, así nos empieza a narrar Leónidas Andréiev la vida del pequeño en el cuento "El angelito".
Se escribió en 1899 y narra la vida del pequeño Sachka y su familia, evidenciando las problemáticas que enfrentan a causa de la división de clases, que provoca que haya ricos y pobres. Su padre se perdió mucho tiempo en el alcohol, por no poder entablar una relación amorosa con una mujer de la clase alta, vicio que lo enfermó y deterioró drásticamente; su madre, que años anteriores era víctima del alcoholismo de su esposo, y que tras caer enfermo tomó el rol de sostén económico de su familia, también se volvió alcohólica y toda su inconformidad y coraje lo descargó en su hijo y en su esposo; Sachka, maltratado, viviendo en la miseria de su familia, sin sueños por no conocer otro tipo de vida, no tuvo ganas de seguir viviendo.

Este cuento, escrito hace más de 127 años, narra al pie de la letra la vida actual de miles de familias que viven en la pobreza; vida que no ha cambiado a pesar del tiempo que ha pasado desde el siglo XIX hasta el siglo XXI, donde se ha desarrollado la ciencia y la tecnología, misma que es aplicada a la medicina, a la educación, a la comunicación y que ha influido en muchos aspectos y, sin embargo, no ha logrado incidir de forma significativa en la transformación para bien en la vida de los pobres, pues esta sigue siendo similar a la de finales del siglo XIX, ya que, aunque hay más capacidad de producción de riqueza, esta no se distribuye, sino que se concentra en unas cuantas manos.
En estas condiciones se encuentran miles de familias en todo el país, y Michoacán, a pesar de que el Inegi en 2025 lo posicionó como la entidad que ocupa el lugar número trece en la aportación del PIB nacional, también este mismo organismo en el 2024 señaló que el 34.3 % de la población se encontraba en pobreza multidimensional y el 5.4 % en pobreza extrema; el 46.1 % carecía de acceso a la salud y el 25.7 % presentaba rezago educativo.

Estos datos nos reflejan lo que sucede en el estado; a pesar de ser uno de los principales productores de riqueza, su población no vive bien, no le alcanza para curar a sus hijos, educarlos, alimentarlos o vestirlos.
Estas condiciones tan precarias, así como lo señala Leónidas Andréiev en su cuento, influyen en el desarrollo de las personas de todas las edades, y, aunque la depresión es una enfermedad con causas fisiológicas, estas condiciones se convierten en agravantes con el estrés crónico al que viven sometidos, el cual eleva el daño en las neuronas del hipocampo; aunque el estrés crónico no es el único factor que provoca la enfermedad de depresión, sí es un factor muy común en una gran cantidad de casos.
Con todos estos datos no es de extrañarnos que Michoacán ocupe el segundo lugar a nivel nacional con el 16.6 % en cuanto a indicios de depresión, tal como lo señala la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (Enbiare) publicada el pasado 14 de julio por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en donde menciona que estamos sólo por debajo del estado de Zacatecas.

Esta problemática social no se puede atender de forma aislada ni de forma local; se necesita una política a nivel nacional en la cual la prioridad sea un reparto de la riqueza más equitativo, a través de mejores salarios, políticas fiscales progresivas (que paguen más los que tienen mayores ingresos), que se garantice el empleo para todos y más obra social; sólo así se podrá disminuir la cantidad de personas que sufren depresión, pues se modificarían las condiciones materiales que inciden en la generación de estrés crónico.
Obviamente, cambiar las condiciones objetivas garantizaría la atención médica a quien lo necesite; de lo contrario, sólo seguiremos poniendo nuestra esperanza en un angelito de cera que con el calor se puede derretir.
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