• El rezago social en la región afecta a más de 500 mil habitantes, mientras la falta de inversión productiva y servicios de salud obliga al abandono del campo
La pobreza en la zona maya de Quintana Roo no es una estadística lejana ni un discurso de oficina: es una realidad cotidiana que se vive entre la milpa, el jornal y la incertidumbre.
Mientras el gobierno estatal presume avances bajo el lema del “Bienestar Compartido”, 516 mil 935 habitantes —el 27 % de la población— de municipios como Felipe Carrillo Puerto, José María Morelos, Lázaro Cárdenas y Tulum enfrentan carencias profundas, falta de apoyos al campo y servicios básicos deficientes, de acuerdo con los últimos informes anuales sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social 2025 de la Secretaría de Bienestar.
“En las comunidades las familias tienen prohibido enfermarse porque no hay médicos ni medicinas, a pesar de que se diga lo contrario”.
La cantidad de pobres en la zona maya corresponde al 35.25 % del total del estado; es decir, 35 de cada 100 personas en pobreza en Quintana Roo son mayahablantes.
Dado que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) detalla que en la entidad hay 586 mil 728 personas que se autodescriben como indígenas, un tercio de esa población está en pobreza.
Asimismo, en la zona maya persisten altos índices de rezago en materia de educación, salud, seguridad social, vivienda y acceso a la alimentación nutritiva.
En entrevista, María Benita Pat Cobá, habitante de Tihosuco, retrató el contraste entre el discurso oficial y la vida real en una de las regiones más olvidadas del estado.

¿Es difícil la vida en el campo?
Sí. Y más cuando existe escasez de ayuda gubernamental. No hay que ignorar que la pobreza seguirá aumentando en todos los rincones de la zona maya si el gobierno estatal no toma las medidas pertinentes para hacerle frente a este fenómeno.
La difícil situación no cambiará con puros discursos de los que ya estamos hasta el cansancio, como: “Bienestar Compartido” o “Gobierno Humanista con Corazón Feminista”. Pero, ¿gobierno de quién, si nos estamos muriendo de hambre y no tenemos trabajo? Es indispensable que la "voluntad política" que pregonan nuestros gobernantes se materialice en acciones concretas.
Mucha gente se está yendo a la ciudad, dejando sus pequeñas parcelas o milpas porque las condiciones son adversas; hay escasez de apoyos, de producción y con una economía quebrada no se puede vivir del campo. En los últimos años, el clima nos ha desfavorecido mucho.

¿Cómo le hace la población para salir adelante?
Le hemos buscado, vivimos al día; mi esposo, mis hijos y yo trabajamos de lo que caiga: de albañil, jornalero, lavar ajeno, etcétera. Hay que trabajar en algo para conseguir “para la papa”.
La mayoría de la población ha dejado de lado el azadón, el machete y la yunta debido a que año tras año logran menos de la misma parcela de tierra.
Además, en las comunidades, las familias tienen prohibido enfermarse porque el servicio de salud es deficiente; no hay médicos ni medicinas, a pesar de que se diga lo contrario. Estamos muy mal los pueblos humildes.
¿Cuáles serían las soluciones para reducir estos niveles de pobreza rural?
La vida en el campo es muy difícil y muchos han optado por vivir en las grandes urbes porque no hay oportunidades ni proyectos productivos ambiciosos que impulsen la producción. Mientras no se destine inversión para el desarrollo del campo, la vida seguirá siendo difícil.
Ante esta situación, ¿qué le diría al gobierno?
El gobierno y sus instituciones están obligados a intervenir; tienen un compromiso con el pueblo en la reducción de la pobreza y la desigualdad. Estos flagelos no son temas aislados, son resultado de este sistema injusto y de la mala distribución de la riqueza.
Por eso no debe sorprender a nadie el incremento de la migración, ya que es el resultado de la falta de oportunidades. Este problema debe estar en la agenda de las autoridades y deben solucionarlo, pero no hay preocupación.
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