• El 85 % de los adolescentes en Puebla es sedentario: prefiere pantallas sobre actividades recreativas
Desde hace años se ha visto una realidad que hoy en día sigue creciendo y se vuelve más una preocupación para el futuro de nuestro país: las juventudes están hundidas en la ignorancia, por la falta de oportunidades para su desarrollo como futuros ciudadanos, todo gracias a que el gobierno no impulsa la educación en serio y al uso excesivo de las nuevas tecnologías, que mal informan a las masas con sus contenidos.
El tiempo libre, que debería ser un motor de libertad, salud y crecimiento, se ha transformado en el nido perfecto para la apatía y la enfermedad.
¿A qué quiero llegar con esto? A que día con día, cada nueva tendencia que surge de las sombras de cada red social se puede interpretar como vendas de ignorancia para nuestras juventudes, impidiéndoles ver que están cayendo al barranco del desconocimiento.
En Puebla, por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad de Tecnologías de la Información en los Hogares (Inegi), el 99 % de los jóvenes utilizan redes sociales de forma habitual. Más de un millón 70 mil usuarios que navegan por internet en el estado son menores de edad.
Podemos ver que los jóvenes poblanos están frente a una pantalla un promedio de siete horas diarias exclusivamente para estar sumergidos en las redes sociales. Por decirlo de otra manera, un estudiante pasa casi una jornada laboral completa desperdiciando su energía.

Entonces podemos hacernos una pregunta: ¿En qué momento se piensa, en qué momento se convive, en qué momento se ejercita el cuerpo, la mente y el alma?
Cada vez hay más jóvenes que son atrapados en el sedentarismo: más del 85 % de los adolescentes y jóvenes poblanos están encadenados a los dispositivos móviles; muchos han cambiado unas canchas de futbol, de basquetbol o de beisbol —las cuales están al aire libre, en donde ellos pueden hacer infinidad de actividades recreativas para su desarrollo y armonía con la sociedad— por la "comodidad" de estar sentados viendo las redes sociales en el celular o pegados en la televisión.
La mayoría ya no lee libros, revistas de política o diarios; ya no se informa sobre lo que pasa en la sociedad y no tiene, entonces, una visión crítica de la realidad de México y del mundo.

En las calles, las colonias y las juntas auxiliares de la capital poblana, los parques lucen vacíos (sin vida, sin cultura, sin comunidad). Este estilo de vida sedentario no sólo debilita sus cuerpos, sino que también marchita su salud mental, incubando niveles graves de estrés, depresión y ansiedad.
El tiempo libre, que debería ser un motor de libertad, salud y crecimiento, se ha transformado en el nido perfecto para la apatía y la enfermedad.
Ante esta alarmante realidad, las actividades paraescolares que se realizan en las escuelas antorchistas en la capital y en cualquier otro sitio en donde nuestra organización tenga presencia, no pueden seguir siendo vistas como un simple "relleno" educativo o un pasatiempo opcional por las tardes.

El deporte escolar, las bandas de música, los talleres de teatro y los clubes de ajedrez, de danza y de declamación son, más que nunca, la muestra más evidente de que existe una necesidad de salud pública y, por lo tanto, estos talleres son una herramienta de rescate social, son un salvavidas para nuestros jóvenes que están sumergidos en contenidos, ahogándolos en basura digital.
Para mí y para mi organización las escuelas deben convertirse en el contrapeso de la tecnología. Un salón de artes o una cancha deportiva son los únicos espacios democráticos donde un joven se ve obligado a soltar el teléfono, para mirar a los ojos a sus compañeros y aprender el valor de la disciplina, el esfuerzo físico y el trabajo en equipo en el mundo real.
No podemos permitir que el futuro se siga construyendo desde el aislamiento de una habitación oscura. Exigir, financiar y rescatar las actividades paraescolares es el primer paso indispensable para quitarles esas vendas de los ojos a las juventudes y devolverles el control de su salud y de su propio destino.
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