MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El pueblo no necesita mandamases: necesita su propio partido

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• Rumbo a 2027, las pugnas electorales cuestan millones de pesos a una clase trabajadora sumida en la pobreza

Es fulano, es zutana, es mengana, leemos desde hace más de un año en las bardas de muchas ciudades mexicanas, gigantescos y costosos anuncios espectaculares que promueven nombres y apellidos de los que ansían un hueso en las elecciones de 2027, principalmente los que quieren ser gobernadores.

Para que el pueblo verdaderamente sepa elegir a los que lo representen en el poder, es indispensable su educación política; la conciencia de clase.

Millones de volantes impresos a todo color con las caras photoshopeadas de hombres y mujeres que se quieren presentar simpáticos, pulcros, confiables… hasta honrados, con tal de conseguir las preciadas candidaturas del partido Morena, que busca conquistar las diecisiete gubernaturas que estarán en juego, doce de las cuales ya gobierna, más la de San Luis Potosí, en donde el gobernador es del Partido Verde, su aliado.

Y aunque sólo son diecisiete de las 32 gubernaturas las que se renovarán el año entrante, suman 277 los deseosos de "servir al pueblo" o ambiciosos de poder que pretenden las candidaturas morenistas.

Casos extremos son los de Guerrero, donde se inscribieron dieciséis personas, o Sinaloa, donde acudieron doce aspirantes, o Michoacán, Baja California, Tlaxcala y Querétaro, donde hubo diez inscritos por cada estado.

Millones y millones de pesos ya se han gastado y se seguirán gastando en ese carnaval electoral en el que, a final de cuentas, nada cambia para el pueblo, salvo el nombre de los gobernantes que le cierran la puerta y le niegan los derechos a vivienda, salud, empleo, salario digno y educación que la Constitución garantiza sólo de nombre pero que los presidentes municipales, gobernadores y presidentes de la república de todos los colores se han encargado de convertir en letra muerta.

Letra muerta son también las promesas de campaña, como bien lo sabe el pueblo mexicano. De los diecisiete estados que renovarán gubernaturas en 2027, Morena gobierna los nueve con mayor percepción de corrupción de la población hacia el gobierno estatal, de acuerdo con datos del Inegi; sí, precisamente los que llegaron al poder prometiendo acabar con la corrupción, a la que en algún momento declaró "muerta" el expresidente López Obrador.

Tal corrupción hoy "goza de cabal salud", como bien se encargan de recordarnos los propios morenistas que, en la pelea por el hueso, no dudan en "sacarse los trapitos al sol", como dice la sabiduría popular de las comadres que al enojarse se sacan sus verdades.

Un ejemplo claro de esto es el pleito casado entre el exgobernador de Baja California, Jaime Bonilla, y la actual mandataria, Marina del Pilar: ladrones, narcos, corruptos y tramposos son algunos de los insultos con los que se han obsequiado generosamente.

No pretendemos echar agua donde ya hay lodo, ni abonarle a lo mucho que se ha dicho y escrito en esta telenovela en la que está convertida la política electoral para distraer al pueblo de sus principales problemas. 

Por el contrario, nuestro objetivo es llamar a la reflexión a ese mismo pueblo que es víctima de las toneladas y toneladas de propaganda (y de mentiras) de las precampañas y las campañas electorales, a los trabajadores que son los que pagan, en última —y muchas veces en primera— instancia, toda esa parafernalia nauseabunda de la disputa por el poder, los que son víctimas de las mentiras de los que prometen las perlas de la virgen para impresionarlos y escamotearles sus votos.

Ni en las próximas campañas ni en las actuales precampañas y pleitos se busca una mejora sustancial para las condiciones de vida y de trabajo de los mexicanos, mucho menos se plantea la construcción de un México libre de explotación y abusos contra los trabajadores y sus familias: todo se reduce, una vez más, a quiénes ocuparán los puestos desde donde se manejarán —o malversarán— los recursos públicos que deberían servir para dignificar las condiciones de vida, brindando vivienda digna, salud, cultura y educación al pueblo, pero que se destinan al beneficio de los negocios de los que ya lo tienen todo; no se trata de quiénes serán los mandamases, sino de quiénes serán los representantes del pueblo.

Para que el pueblo verdaderamente sepa elegir a los que lo representen en el poder, es indispensable la educación política del pueblo, la conciencia de clase.

Se trata de una tarea ardua y difícil —es decir que requiere un esfuerzo prolongado y constante y cuya solución es complicada—, pero indispensable para que las cosas cambien de raíz en nuestra patria, y que el Movimiento Antorchista Nacional se ha echado sobre los hombros y forma parte nuclear de nuestros objetivos.

Para que el pueblo pueda llegar al poder político se requiere además que ese gigante dormido que es la clase trabajadora no sólo despierte, sino que se ponga en acción, como un solo hombre con un ideal compartido, con una guía clara y una organización eficaz, perseverante y disciplinada.

Se requiere que de las entrañas del pueblo emerjan sus líderes auténticos, forjados y probados en la lucha cotidiana; se necesita que los trabajadores cuenten con su propio instrumento partidario, no con el objetivo de ganar elecciones, sino de cambiar el rumbo del país de una vez y para siempre, en favor de los que sostienen con su trabajo a la nación y al mundo entero. Esa es la tarea más urgente.

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