• La práctica artística brinda sensibilidad frente al sistema mercantilista que oprime a los trabajadores
Vivimos un mundo convulsionado, habitado por millones de personas que sufren desigualdad, pobreza, guerra, abusos de poder y otras calamidades generadas por la concentración abusiva de riqueza en unas cuantas manos.
Vivimos en un mundo egoísta que se ha olvidado del hombre, que le niega no solamente el bienestar material sino también el espiritual. Porque a las clases trabajadoras y sus familias se les ha empobrecido no sólo económicamente, sino también culturalmente.
Millones de personas jamás han tenido la oportunidad de conocer las bellas artes como el teatro, la poesía, la danza, la pintura, el cine y la música, en general con ninguna expresión artística.
En México las cosas no son distintas. La mayoría de los mexicanos se encuentran alejados de las actividades artísticas, porque sus sencillos ingresos apenas les alcanzan para mal comer, curarse a veces, tener un espacio sencillo donde vivir, por mencionar algunas; es decir, a la pobreza material que padecen se suma como una pesada losa la pobreza cultural de la que se les hace víctima.
En Antorcha consideramos que el conocimiento y la práctica de las distintas disciplinas artísticas debe volver a su origen, es decir, al pueblo que las creó. Porque las bellas artes hacen al hombre más sensible y conocedor de su realidad, por tanto, puede inconformarse con las injusticias y luchar para acabar con ellas.

Masificar el arte y asistir a obras y eventos de calidad debe ser un derecho universal. Por eso el Movimiento Antorchista fomenta la práctica de las disciplinas artísticas y las difunde en distintos foros donde sencillas amas de casa, adultos, niños, jóvenes, estudiantes, campesinos, comerciantes, maestros y trabajadores en general hacen gala de sus habilidades y destrezas siendo partícipes de estas hermosas disciplinas, emancipándose de su pobreza espiritual.
En este contexto, el domingo 27 de septiembre el Movimiento Antorchista Nacional realizó su cuarta Jornada Nacional de Declamación, en la que participaron más de mil declamadores a lo largo y ancho del país.
Ese día, cientos de mexicanos, mujeres y hombres, niños, jóvenes y ancianos, salieron a declamar en todas las capitales de los estados de la república mexicana en donde, a través de ellos, tornaron a nosotros poetas revolucionarios de Centroamérica y el Caribe como Otto René Castillo, Roque Dalton, Nicolás Guillén, José Martí y Ernesto Cardenal, por mencionar algunos.
Los antorchistas consideramos a la poesía como obra de arte suprema, aunque poco difundida y menos practicada, es la más perfecta, la más educadora, formadora y transformadora frente a un mundo donde gobierna el dinero.
La poesía tiene el poder de hondura del pensamiento, sentimientos y emociones del poeta que transmiten amor, alegría, tristeza, así como hondos sentimientos de libertad y de inconformidad.
Nuestra Jornada Nacional de Declamación buscó despertar en el declamador y en los espectadores el sentimiento de inconformidad con el estado de cosas existente y así disponerse a transformarlo para bien de las mayorías empobrecidas, porque la poesía tiene el poder de hondura del pensamiento, sentimientos y emociones del poeta que transmiten amor, alegría, tristeza, así como hondos sentimientos de libertad y de inconformidad.
La poesía es resistencia, justamente contra este mundo tan sombrío en el que estamos viviendo de manera tan mercantilista donde pretenden amputarnos el espíritu, donde se nos quiere uniformar para convertirnos en tierra fértil para cualquier autoritarismo.
La poesía enriquece a quien la lee, a quien la declama y a quien la escucha porque le descubre espacios interiores que ignoraba tener y porque lo solidariza con sus semejantes.
La Jornada Nacional de Declamación, convocada por la Comisión Cultural del Movimiento Antorchista, no es un espectáculo, no es un acto comercial, es una convocatoria al pueblo trabajador para que encuentre en la poesía una manera de aprender a sentir el goce estético del que se le ha privado, condenándolo a ser únicamente un accesorio de las máquinas y de los procesos generadores de riqueza, sin que disfrute de esa riqueza producida.

Los antorchistas pensamos que este estado de desigualdad, pobreza, guerras e injusticias debe terminar, pero para que eso ocurra, la clase trabajadora debe reaccionar y actuar en consecuencia, y en ese despertar, la poesía juega un papel educador y determinante.
Decía Roque Dalton, poeta y activista político salvadoreño: "Los poetas de hoy estamos en un lugar exacto: estamos en el lugar en que se nos obliga a establecer el grito... Estamos en el lugar exacto que la noche precisa para ascender al alba... Estamos en el lugar donde se gesta definitivamente la alegría total que se atará a la tierra".
Nosotros somos los poetas; para ello hay que leer y declamar poesía, inconformarnos con este mundo inhumano, cambiarlo por otro más noble y luminoso para todos.
La consigna de la Jornada de Declamación fue alentar en el pueblo marginado el espíritu de superación y de lucha, utilizando como medio la cultura; hacer de los mexicanos, hombres y mujeres sensibles, solidarios y libres de pensamiento comprometidos con la construcción de una vida verdaderamente humana para los oprimidos. Lograrlo depende de nuestra participación decidida.
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