MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Cómo hacer valer el derecho a la educación

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  • En México más de 27.2 millones de personas sufren rezago educativo y 41 % de los jóvenes no concluye el bachillerato

Todos los mexicanos, pero sobre todo los antorchistas, debemos entender en qué consiste el derecho a la educación y lo que podemos y debemos hacer para que se haga realidad. Nuestra Constitución, fruto del sacrificio de los mejores hijos de México, dice en su artículo tercero que "Toda persona tiene derecho a la educación. El Estado... impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior. La educación... básica... y la media superior serán obligatorias".

El rezago educativo en México es de más de 27.2 millones de personas; el 26.6 % de la población mayor a 15 años.

No es un juego de palabras que los próceres de la patria se aseguraran, con la autoridad de las armas, de que la educación se incluyera en nuestra máxima ley como una garantía social; esto es, no sólo como un derecho humano, individual, sino como una obligación de la sociedad para garantizarla, que debe asentarse en el cuerpo público, en el Estado. Así, no sólo tenemos en general el derecho —como posibilidad formal, o permiso legal— a estudiar, sino que es tarea del Estado asegurarse de que todos tengamos acceso a ese derecho.

Los gobiernos que siguieron a la revolución, unos menos y otros peor, no han logrado el pleno ejercicio de este derecho, por ende, no han cumplido su obligación de asegurar que el cien por ciento de nuestros connacionales ("toda persona") estudien.

Por supuesto, ha habido casos excepcionales de funcionarios que han dedicado su vida a ayudar a hacer efectivo el pleno derecho a la educación de calidad, no es casualidad que en cada estado de la federación existan casas del estudiante que han retomado los nombres de sus mejores educadores locales para hacerle honores a su esfuerzo (en el caso de Campeche el Albergue Estudiantil "Doctor Héctor Pérez Martínez" en la capital, o el "Manuel Crescencio García Rejón" en el municipio maya de Hopelchén, por ejemplo), pero, pese a esos grandes hombres, el caso es que estamos aún muy lejos de esa meta de la plena educación:

El rezago educativo (número de personas sin educación básica terminada) en México es de más de 27.2 millones de personas (diciembre de 2025), el 26.6 % de la población mayor a 15 años. Este rezago se describe por estos factores: la inasistencia escolar, la deserción y la falta de culminación de estudios. 

Así, 41 % de los jóvenes no concluye el bachillerato, sólo el 22 % de los adultos jóvenes tiene título universitario, debajo del promedio de OCDE, que agrupa a 38 países, según registros de 2025. En educación básica que sí debiera estar al 100 %, en la población de 3 a 17 años, hay 11.6 % (3.8 millones ) en rezago educativo.

El resultado es obvio: la prueba PISA 2022 ubicó a México en los últimos lugares de la OCDE en matemáticas, lectura y el último en ciencias. 

Dos de cada tres estudiantes mexicanos no alcanzan el nivel básico en matemáticas: México obtuvo 407 puntos, por debajo de los 478 puntos del promedio de la OCDE.

Matemáticas: 395 puntos (antepenúltimo lugar), sólo por encima de Costa Rica y Colombia.

Lectura y ciencias: 415 y 410 puntos respectivamente, mostrando un rezago significativo.

No, los mexicanos no somos tontos o inferiores; sólo no tenemos acceso a la educación en incumplimiento de nuestra Constitución.

Mucha discusión ha generado el tema, me referiré al debate acerca de las acciones que se deben emprender para abatir el rezago, esto es, para cumplir con el pleno derecho a la educación o, mejor dicho, que todos tengan acceso a la educación.

Hay quienes afirman que estudiar es un asunto de voluntad o algo parecido, la cual debe ser cultivada, motivada, estimulada y reducen todo el problema a esto; incluso el asunto de la desigualdad, que incide en el acceso a la educación, la enfocan como asunto emocional más que material, y afirman que lo que debe hacer el Estado es motivar a los niños y jóvenes a estudiar, y las acciones, luego, deben reducirse a crear en ellos ese "estado emocional" que los disponga a estudiar y a no abandonar los estudios.

Esto y no otra cosa significa reducir las políticas oficiales en educación a "...buscar las causas del rezago educativo y escolar no en las ‘carencias’ de la niña, el niño, la o el adolescente, sino en las barreras del contexto y en las limitaciones tanto del sistema educativo como de nuestro quehacer pedagógico".

Pero mientras los que "dirigen" la educación se preocupan más por temas como la "inclusión", la "equidad" y las enfocan superficialmente solamente en el lenguaje y las frases, cada ejercicio fiscal se gasta menos dinero en infraestructura educativa: el rezago en la infraestructura escolar en México es crítico: cuatro de cada diez escuelas carecen de servicios básicos (agua, luz, sanitarios) y siete de cada diez no tienen internet, según informes de 2025.

La inversión en 2026 será de las más bajas en la OCDE, concentrándose, además, en nómina y becas, no en mejoras físicas o nuevas escuelas e instalaciones.

La precariedad de las aulas perpetúa la brecha socioeconómica y limita las oportunidades de aprendizaje, especialmente en zonas rurales. Las condiciones inadecuadas de los planteles (falta de sanitarios, aulas en mal estado) son factores que contribuyen a la deserción.

México destaca como uno de los países de la OCDE que menos invierte por estudiante, sólo por encima de Perú, mientras que las familias mexicanas cubren casi el doble del gasto educativo que el promedio en la OCDE, lo que evidencia barreras económicas y sociales, que no "motivacionales", que limitan el derecho a aprender.

Nosotros afirmamos, junto a los pensadores sociales más científicos y comprometidos, que estudiar no es un asunto de voluntad ni emocional, el acceso o no acceso a la educación no es un estado sensitivo sino material.

Por mucha voluntad y deseo que tenga un niño o joven para estudiar, si no hay escuelas a su alcance (geográfico y sobre todo económico), ese potencial estudiante no va a estudiar, será un número más en la estadística de rezago.

En pocas palabras, si se quiere realmente abatir el rezago y poner a todos a estudiar, se deben construir escuelas e instalaciones educativas en todas partes, que ningún pueblo se quede sin una escuela cercana.

De lo que se trata es de invertir en escuelas para todos de todos los niveles y de calidad. Por supuesto, esto no es fácil ni será rápido, pero nada se está haciendo de eso. Eso, y no otra cosa, es lo que debemos exigir y por lo que debemos luchar.

Mientras eso es posible, que sí lo será cuando el pueblo organizado tenga en sus manos el poder del Estado, en medio de tanta injusticia y demagogia acerca de la lucha social por la educación, las casas del estudiante se levantan no sólo como ilusión o arenga moral, sino como acción efectiva que durante 45 años en el país y 39 en Campeche, ha permitido a miles de jóvenes de escasos recursos que continúen sus estudios hasta concluirlos, dándoles condiciones materiales (tan tangibles como el edificio donde viven y el alimento que se llevan a la boca), para que puedan estudiar a pesar de su pobreza y de la falta de atención por parte del Estado que debería resolver sus necesidades educativas para hacer efectivo su derecho a la educación.

Nuevamente, es la lucha organizada del pueblo, orientada por un plan concreto de lucha y por un proyecto de nación integral, como el que les propone Antorcha, la que pueden y deben hacer los mexicanos humildes para hacer efectivo este derecho.

Aprovecho para saludar humilde pero entusiastamente a los estudiantes organizados en la FNERRR por su 27 aniversario de lucha y les acompaño de corazón en su festejo por este, y por los 45 años de existencia de las casas del estudiante en el país.

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