• La cultura en Oaxaca debe ser un derecho para todos y no un privilegio mercantil o turístico, enfatiza la autora
Oaxaca es reconocido en México y en el mundo por su enorme riqueza cultural, pues a la vista de todos, somos un estado de pueblos originarios, de músicos, danzantes, poetas, artesanos, pintores, escritores y jóvenes que mantienen vivas tradiciones construidas durante generaciones.
Pero lo que no logran ver es que detrás de esta imagen de Oaxaca como potencia cultural existe una realidad que no puede ignorarse: el acceso a la cultura sigue siendo profundamente desigual.
Para el Movimiento Antorchista, la cultura no puede reducirse a festivales, espectáculos turísticos o acontecimientos extraordinarios en la capital del estado. La cultura es una necesidad humana y un derecho que debe estar al alcance de todos, particularmente de quienes menos tienen.
El pueblo trabajador también tiene derecho a leer un libro, aprender música, practicar danza, acudir al teatro, desarrollar sus capacidades artísticas y contar con espacios dignos donde pueda expresarse. No es justo que el acceso a las manifestaciones artísticas dependa del lugar donde una persona nació o de cuánto dinero tiene en el bolsillo.
El propio Gobierno de Oaxaca reconoce que una de las tareas de la Secretaría de las Culturas y Artes es garantizar el acceso y ejercicio de los derechos culturales de las y los oaxaqueños y fomentar programas de desarrollo y esparcimiento cultural de manera igualitaria.
Pero entre reconocer un derecho y garantizarlo existe una enorme distancia. Veamos cómo es que la cultura es para unos cuantos, mientras las comunidades carecen de espacios.

Los datos disponibles muestran la dimensión del reto, pues en 2021 Oaxaca contaba con 479 bibliotecas, once teatros, 52 museos, 146 centros culturales, dieciséis librerías, 34 galerías y 23 auditorios culturales registrados en el anuario estadístico correspondiente.
Estos espacios, además, no significan que todos los oaxaqueños tengan un acceso real y cotidiano a ellos, porque no hay que olvidar que Oaxaca es un territorio extenso, con 570 municipios y comunidades dispersas entre las ocho regiones.
Para miles de familias de las zonas rurales y colonias populares, asistir regularmente a una actividad artística implica recorrer grandes distancias, pagar transporte y, muchas veces, sacrificar parte de un ingreso familiar que apenas alcanza para cubrir las necesidades básicas.
Por eso, hablar de masificación cultural exige llevar infraestructura, talleres, maestros, instrumentos, libros y actividades artísticas hasta las colonias y comunidades donde vive el pueblo trabajador. No basta con tener teatros y museos en la capital.
Hay que construir casas de cultura, bibliotecas, auditorios, canchas y espacios de formación artística en los barrios, agencias, colonias y comunidades, lo que no será posible con una inversión raquítica.
El presupuesto general de Oaxaca para 2026 fue presentado por el Gobierno estatal como un presupuesto "histórico" de 108 mil 916 millones de pesos, porque son 5 mil 915 millones más que el aprobado para 2025.

Sin embargo, existen ajustes y decisiones presupuestales dentro de la política cultural que merecen ser del escrutinio público.
Tal es el caso de "Bani Stui Gulal", espectáculo tradicional que había sido reincorporado a las festividades de la Guelaguetza en 2024 y 2025 y que fue excluido de la edición 2026. Motivo por el que integrantes del Grupo Folklórico de Oaxaca alzaron la voz al no ser convocados y al señalar que la Seculta argumentó falta de presupuesto.
Cuestión que posteriormente el titular de la dependencia explicó se trataba de un ajuste derivado de criterios de austeridad. Este caso en concreto demuestra que el problema no consiste solamente en cuánto dinero existe, sino en cómo se decide gastarlo y cuáles son las prioridades culturales de un gobierno.
En 2025, por ejemplo, se reportó un gasto de 17.4 millones de pesos en los conciertos de Rubén Blades, Lila Downs y Siddhartha durante las festividades de la Guelaguetza.
Mientras que el apoyo al espectáculo "Bani Stui Gulal" había sido de aproximadamente 1.17 millones de pesos tanto en 2024 como en 2025, cifras que han generado un debate público sobre la distribución de los recursos culturales.
Hablar de masificación cultural exige llevar infraestructura, talleres, maestros, instrumentos, libros y actividades artísticas hasta las colonias y comunidades donde vive el pueblo trabajador.
Desde nuestra perspectiva, la discusión debe ir más allá de un espectáculo específico: ¿cuánto dinero público se destina a la formación artística permanente de niños y jóvenes de las comunidades?, ¿cuántas colonias populares tienen una casa de cultura?
¿Cuántos municipios cuentan con maestros de música, danza, teatro o artes plásticas?, ¿cuántos jóvenes pueden acceder gratuitamente a instrumentos y talleres?
Esas son las preguntas que deberían orientar la política cultural porque la cultura no puede convertirse solamente en mercancía turística y Oaxaca no puede ser visto únicamente como un escaparate cultural para el turismo.
Sobre todo porque las expresiones culturales de nuestros pueblos tienen un valor que rebasa ampliamente su capacidad para atraer visitantes. Son memoria, identidad, educación, organización y una forma de comprender el mundo.
Cuando una comunidad conserva su música, sus danzas, sus fiestas, sus lenguas y sus tradiciones, está conservando una parte fundamental de su historia.
La propia política cultural estatal reconoce la necesidad de fortalecer el acceso a la cultura. En 2025, la Seculta reportó más de 4 mil actividades culturales en las ocho regiones, con una inversión superior a 112 millones de pesos y más de 1.4 millones de beneficiarios, lo que demuestra que en la entidad hay artistas promesas.

Y es justamente esa la función de las jornadas nacionales culturales que impulsamos a lo largo y ancho del país, como la que recién pasó de declamación y la que se realizará el próximo 24 de octubre, de coros, rondallas y voces; puesto que son un foro donde vemos, sobre todo, a la clase humilde impulsando y haciendo arte.
Para el Movimiento Antorchista, el arte cumple una función profundamente social, combatir la desigualdad. Porque un joven que aprende música desarrolla disciplina, sensibilidad, memoria y capacidad de organización.
Un niño que practica danza fortalece su seguridad y su capacidad para trabajar colectivamente. Una persona que lee, desarrolla su pensamiento y su capacidad para comprender críticamente la realidad.
Además, los antorchistas hemos sostenido históricamente que el arte debe servir para elevar la conciencia, la sensibilidad y la organización del pueblo.
No queremos una cultura reservada para las élites económicas ni una cultura convertida exclusivamente en espectáculo para turistas, queremos que los hijos de los obreros, campesinos, comerciantes, colonos y trabajadores puedan acceder a las mismas oportunidades culturales que quienes tienen recursos económicos.
Queremos que en las colonias populares haya espacios donde un niño pueda aprender guitarra; donde una joven pueda practicar danza; donde un estudiante pueda leer; donde un grupo de vecinos pueda organizar una obra de teatro; donde los adultos mayores puedan transmitir sus conocimientos y tradiciones a las nuevas generaciones.

Y al recorrer las regiones, comunidad por comunidad y colonia por colonia, podemos ver que es necesario que la política cultural de Oaxaca establezca como prioridad la descentralización real de los recursos y de la infraestructura cultural.
Donde el presupuesto debe contemplar, entre otras medidas: la construcción y rehabilitación de casas de cultura, bibliotecas y auditorios comunitarios en colonias populares y municipios marginados; programas permanentes y gratuitos de música, danza, teatro, pintura, literatura y artes plásticas.
Entrega de instrumentos musicales a niños y jóvenes de comunidades de bajos ingresos, creación de escuelas municipales y comunitarias de arte, programas de formación artística para niños y jóvenes en las ocho regiones, mayor apoyo a grupos culturales independientes y comunitarios, entre otras.
Que deben formar parte de una política integral de desarrollo social, junto con educación, vivienda, salud, empleo, infraestructura y servicios básicos.
Por eso, en Antorcha llamamos a los trabajadores, estudiantes, artistas, maestros, campesinos, colonos, artesanos y jóvenes a defender una política cultural verdaderamente popular, que no concentre los recursos en unos cuantos espacios ni reduzca la cultura a mercancía.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario