En primerísimo lugar, quizás invirtiendo un poco el orden de la exposición, quiero dejar claro que todo el antorchismo nacional se volcará en apoyo y defensa de nuestros compañeros antorchistas de Puebla si se mantiene la misma política agresiva y asesina en su contra, instrumentada hasta el día de hoy por intereses muy poderosos de esa entidad, con la complacencia u omisión de las autoridades encargadas de procurar justicia, por decir lo menos.
Al asesinato del presidente municipal antorchista de Huitzilan de Serdán, Puebla, Manuel Hernández Pasión, ocurrido el 10 de octubre de 2017 a escasos kilómetros de la cabecera municipal de Zacapoaxtla, han seguido una serie de agresiones y amenazas que, por lo visto, no solamente no se intenta evitarlas, sino, muy por el contrario, son auspiciadas a través de todos los mecanismos a disposición de las fuerzas fácticas que operan en Puebla, a ciencia y paciencia de las autoridades y, asimismo, se ha echado a andar toda la maquinaria mediática que desde siempre, y sin ningún pudor, ha servido a los poderosos y que, además, ha tenido la encomienda de sembrar la leyenda negra contra el antorchismo y sus muy respetables líderes, a más de preparar el ambiente para las agresiones y asesinatos cometidos en contra de antorchistas poblanos, lo sepan o no, estén o no conscientes de las consecuencias de sus actos.

Es el Movimiento Antorchista poblano la organización más golpeada, vituperada y agredida físicamente por los cacicazgos de las diferentes regiones y por los propios grupos influyentes encumbrados en el poder público; los hechos de los últimos cinco meses, desgraciadamente, vuelven a demostrarlo: en octubre de 2017 fue asesinado el presidente antorchista Manuel Hernández Pasión y, a pesar de todas las pruebas que la Fiscalía General de Puebla tiene en sus manos y de haber detenido, dijeron, a los asesinos materiales (por cierto, solo después de que Antorcha anunció una marcha de 40 mil antorchistas el día del informe del gobernador José Antonio Gali Fayad), aún no aprehenden a los verdaderos asesinos, a quienes ordenaron el crimen, a los actores intelectuales, que, de acuerdo con las propias investigaciones y toda la evidencia, todo apunta al cacicazgo de la Sierra Nororiental de Puebla, comandado por el actual presidente municipal de Zacapoaxtla Guillermo Lobato Toral, al archiconocido cacique de Huitzilan Alonso Aco Cortés y a un delincuente metido a cura para protegerse de la ley de los hombres. Han pasado cinco penosos meses y en lugar de hacer justicia, la Fiscalía poblana trata de desandar lo ya avanzado y busca cómo torcer el camino para no llegar a los verdaderos culpables, declarando que el posible móvil del homicidio fue el robo, o bien, quizá, una pugna con sus compañeros antorchistas. ¡Vaya pues, los antorchistas y toda la familia de Hernández Pasión pasamos de víctimas a victimarios!
Posterior al asesinato de Manuel, varios destacados antorchistas recibieron amenazas de muerte y fueron allanadas oficinas y casas a plena luz del día, sin que hasta el momento haya un solo individuo detenido por tales hechos. La más reciente agresión la sufrió un grupo de nueve jóvenes antorchistas, entre los que se encontraba Ovidio Celis Córdova, hijo del diputado federal y líder estatal del antorchismo poblano, Juan Manuel Celis Aguirre y de la destacada y querida compañera, dirigente de los antorchistas del centro del estado de Puebla, Dra. Soraya Córdova Morán. Víctimas de una emboscada, escrupulosamente armada y que denota relación con mafias y con el poder público, los jóvenes antorchistas estuvieron a punto de ser linchados y quemados vivos tras ser instigado en su contra un grupo de pobladores de Zacachimalpa, junta auxiliar de Puebla, acusándolos de secuestradores y de invasores de tierras; el lugar preparado (una escuela primaria), la rápida irrupción de un grupo armado dirigido personalmente por el líder de un sindicato de transportistas de materiales de la construcción y el incendio provocado por este grupo delincuencial en los departamentos que habitan varias familias antorchistas, y en cuyo rescate, según la prensa poblana, iban los sicarios, porque estaban "invadidos", revelan claramente que los actores materiales de tan horrenda agresión a los nueve jóvenes, todos estudiantes y gente de bien, estaba orquestada desde alguna esfera del poder, o bien por gente con mucho poder económico y político con acceso a información privilegiada, a poder de mando en algunos funcionarios y en la policía y al control claro de mafias y sicarios ¿Con qué propósito, cuál es el objetivo de tan vil e inhumana agresión?
A todo lo anterior se suma la embestida mediática de los últimos días, tomando como pretexto, en esta ocasión, el lamentable asesinato, en la madrugada del pasado 1º de marzo, de Aarón Varela Martínez, vecino del municipio de Santa Clara Ocoyucan, municipio conurbado a la capital poblana y gobernado por un antorchista. Según la prensa poblana era precandidato de MORENA a la presidencia municipal y "férreo crítico" del gobierno municipal antorchista, cuestión completamente desconocida entre los habitantes de Santa Clara Ocoyucan. Lo que sí se sabe es que, de acuerdo con las investigaciones, el señor Varela fue encontrado muerto a balazos, a quemarropa, en el asiento del conductor, con el motor de su vehículo encendido y los cristales de la cabina sin ningún rasguño. Por las circunstancias en que encontraron el cuerpo de Varela Martínez y el vehículo, se desprende claramente que sus homicidas eran conocidos suyos. Por estos lamentables hechos, medios de comunicación como La Jornada de Oriente, Diario Cambio y el director y dueño de Milenio Puebla, se han cebado en nuestro movimiento, acusando sin demostrar absolutamente nada, que los asesinos de Aarón Varela son los antorchistas. Dichos medios y sus comunicadores, como lo han hecho casi siempre, utilizan su pluma no para defender la verdad e informar al público, sino para defenestrar, calumniar y ofender a una organización honrada, la única hasta el momento que organiza y educa al pueblo de México; su pluma una vez más puesta al servicio de los poderosos, y seguramente vendida a buen precio, pues consideran, como afirma Umberto Eco en su obra Número Cero: "los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar". Así han tratado siempre de inducir a la opinión pública a un linchamiento mediático, político y físico contra Antorcha, pero para su coraje, Antorcha cada día crece más, cada día más poblanos y mexicanos en general se agrupan en nuestras filas, porque es la auténtica organización de los pobres, y si hoy han arreciado los ataques y agresiones ello se debe precisamente al crecimiento y peso político y electoral que ha alcanzado el Movimiento Antorchista a nivel nacional, en particular en el estado de Puebla. Así que, adelante antorchistas poblanos, vamos por el camino correcto en favor de los pobres de México.
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