MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Tiempos de definición

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• El panorama actual exige a las clases populares organizarse y forjar una mejor sociedad

El Movimiento Antorchista Nacional participó en la segunda Asamblea Mundial de los Pueblos en Moscú y en ella, a través del ingeniero Aquiles Córdova Morán, nuestro secretario general, planteó la tesis de que es la hora de los pueblos y, digo yo, no puede ser de otra manera, veamos. 

Ahí, hizo referencia a la necesidad de que las organizaciones del planeta tomemos en cuenta la importancia que los pueblos del mundo tienen en su calidad de creadores de la riqueza como pueblos trabajadores, pues la riqueza sólo puede provenir del trabajo humano. 

Es cierto que el capital, como elemento para conjuntar los medios de producción privados con el trabajo social para crear riqueza, ha hecho aportaciones muy importantes para la humanidad; sin embargo, la producción hecha con estas características, es decir, con los medios de producción privados y el trabajo social, da como resultado una impresionante creación de riqueza, pero, al mismo tiempo, una gran concentración de esa riqueza y, como consecuencia, una condición de vida de pobreza, de marginación, de miseria y de desigualdad.

El capital, para mantener el statu quo, es decir, el hecho de que ponga a trabajar a todo el pueblo a su servicio para obtener la máxima ganancia, ha diseñado feroces campañas en contra de todo sistema que promueva la idea de que el pueblo lo merece todo, la idea de que el pueblo debe regir los destinos de un país en su condición de creador de la riqueza, la idea de que el pueblo es verdaderamente soberano y libre para elegir su propio destino y no el destino que le impongan desde fuera.

El capitalismo, desde que fortaleció su posición al término de la Segunda Guerra Mundial, ha impuesto la idea de que el mundo debe regirse sólo por los principios del capital y que no hay otra sociedad posible que la que se rige con base en el capital privado. 

El fortalecimiento del capitalismo al término de la Segunda Guerra Mundial se debe, entre muchas, a dos razones que quiero destacar: primero, todos debemos saber que el triunfo de la humanidad se debe al gran sacrificio del heroico pueblo ruso de la Unión Soviética, pero Rusia sufrió seriamente con la lamentable pérdida de 27 millones de sus habitantes; ante esta debilidad y desgaste derivado del triunfo sobre el nazismo, en segundo lugar, los norteamericanos, que en términos prácticos no habían sufrido bajas por la guerra, aprovecharon para lanzar dos bombas atómicas al prácticamente rendido imperio japonés, por lo cual, el verdadero mensaje estaba dedicado a la Unión Soviética.

Asimismo, los estadounidenses aprovecharon la débil posición en Europa y le pusieron de frente al fantasma del comunismo para asustarlos y obligarlos a contraer deuda con ellos y en la "reconstrucción" de Europa, quedaron atados a los intereses de Estados Unidos y fue utilizada como escudo para contener a la Unión Soviética, violentando todos los tratados habidos y por haber, pues la OTAN, que no debía crecer ni un centímetro, pasó a convertirse en un cinturón para la defensa de los intereses de Estados Unidos y el objetivo siempre fue (y ha sido, desde la invasión napoleónica de 1812), Rusia.

La Guerra Fría, que comenzó realmente desde el nacimiento de la Unión Soviética misma, se prolongó hasta 1991, año en que cayó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. 

Esta guerra tenía como propósito generar una campaña permanente en contra del comunismo, en contra de los derechos del pueblo organizado y fueron las desviaciones del Partido Comunista de la URSS, que por espacio no es posible explicar acá con detalle, pero que expone a fondo el libro El socialismo traicionado, detrás del colapso de la Unión Soviética 1917-1991 de los autores Roger Keeran y Thomas Kenny. 

Asimismo, tenía el propósito de generar la hoy llamada rusofobia, para que la gente, sin saber por qué y sin tener motivo, se pusiera en contra del pueblo ruso, ignorando el verdadero papel de dicho pueblo en la salvación de la humanidad al derrotar a Hitler, como queda dicho más arriba.

El capitalismo, desde que fortaleció su posición al término de la Segunda Guerra Mundial, ha impuesto la idea de que el mundo debe regirse sólo por los principios del capital.

Así, a la caída del socialismo, el capitalismo se quitó la máscara y vino el neoliberalismo. Se teorizó que el Estado no debía ser el responsable de las dificultades de la ciudadanía y se obligó a los trabajadores, ya explotados de por sí, a pagarlo todo.

Todo se privatizó: la seguridad, su fondo para el retiro, la salud, la medicina, la escuela, etcétera; cada quien debía rascarse con sus propias uñas. 

Al trabajador, de esta manera, se le trata como un insumo más de la producción: no se le sube el salario, se le explota y encima se le exige que se haga cargo de pagar su vida sin recibir ninguna clase de apoyo. 

Todo lo anterior ha tenido el único fin de elevar la tasa de ganancia de los capitales. Pero, conforme la tasa de ganancia no sube, entonces, las clases poderosas han tenido que probar de todo: la guerra, la invasión, la intromisión, el uso de las redes para manipular a los pueblos, en resumen, el capitalismo ha querido hacer del mundo uno solo: una forma de vestir, una música que escuchar, una forma de pensar, de ver la vida, una sola manera de aspirar, una forma de tener la vivienda, etcétera, como dijo Aquiles Córdova en su intervención.

Pues bien, las cosas nos han llevado al punto en el que la decadencia del poder del capital ha llegado al grado de hablar en Estados Unidos de "compra de votos" con el bono Trump y a la intolerancia hacia los mexicanos diciéndoles que "muevan su trasero a su país si tanto lo aman", pero, llegado a un punto, hagan lo que hagan las clases poderosas, no hay remedio.

El problema en este punto consiste en que, fuera de sí, las clases poderosas están haciendo con el mundo un campo de batalla para vender sus armas e imponer su voluntad:

  • Genocidio en Gaza con la anuencia estadounidense.

  • Ataques a Irán sin haber ninguna razón y, por cierto, donde encontraron una respuesta popular no esperada, pues creían que quitando las cabezas del gobierno se acabaría el apoyo de las masas y no fue el caso.

  • El aliento y apoyo a Ucrania, con el propósito de atacar a Rusia, como por ejemplo, el reciente ataque con más de mil 500 drones para desestabilizar el proceso electoral que finalizaba el 20 de septiembre.

  • El secuestro ilegal del presidente Nicolás Maduro de Venezuela para hacerse con el petróleo venezolano.

  • La intervención abierta de Estados Unidos para tener gobiernos afines en América Latina.

  • El cerco inhumano en Cuba, que impide con barcos militares estadounidenses que lleguen suministros a Cuba como el petróleo, entre otros.

  • El ataque a Irán para debilitar el ingreso de petróleo a China, guerra arancelaria contra los productos chinos.

  • Fortalecimiento del rearmamiento de Japón y permanente amenaza de defensa de Taiwán, etcétera. 

Todos estos elementos configuran las condiciones para llegar a una definición: o el mundo sigue por el camino del imperialismo o surge un camino de transición hacia un mundo multipolar que lleve, a su vez, a un nuevo orden mundial basado en la cooperación y en la distribución equitativa de la riqueza producida por el trabajo del ser humano.

Es la hora de los pueblos y nos toca definirnos a favor de los pueblos. Debemos proponernos educarlos para que vuelvan los pueblos a ser actores principales y no marionetas del poder imperial manejados por los invisibles hilos de las redes sociales. 

Son los pueblos los únicos capaces de tomar el poder y construir una sociedad más justa y mejor para toda la humanidad. 

Hay que definirnos y nos definimos a favor de los creadores de la riqueza, a favor de los trabajadores que forman los pueblos del mundo por la construcción de un mundo mejor para los trabajadores del mundo.

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