• Potencias mundiales dominan organismos internacionales mientras millones sufren guerras y pobreza
Ayer, 28 de septiembre, concluyó la 81ª Asamblea General de la ONU. En ella, los dirigentes de los países poderosos del mundo pronunciaban discursos sobre la paz.
Mientras hablaban de justicia y de la urgencia de cuidar el planeta, millones de personas eran víctimas de las guerras, el hambre y la pérdida de sus medios de vida.
La Franja de Gaza en ruinas, Irán asediado, Yemen ocupado y las regiones autónomas de Ucrania que decidieron incorporarse a la Federación Rusa son ejemplos concretos de la hipocresía occidental.
Ante esta realidad, conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿quién se beneficia?

Según el portal dailyedutalk.com, Estados Unidos se ha gastado 29 billones de dólares en los ataques a Irán. Pero obtendrá 2 trillones de dólares en los próximos diez años en convenios de infraestructura, energía y defensa con países de la región.
Estos acuerdos incluyen a Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, lo que representa 71 % de ganancia. Los Estados Unidos crean crisis y obtienen ganancias de la reconstrucción.
Los países que buscan defender su soberanía han llevado sus reclamos a la ONU. Sin embargo, esta organización está dominada por aquellos que violan el derecho internacional.
Es claro, pues, que ningún acuerdo entre gobiernos resolverá por sí mismo la situación de los pueblos si estos permanecen fuera de las decisiones.
Por ello, es de gran relevancia el cuestionamiento que el secretario general del Movimiento Antorchista, Aquiles Córdova Morán, realizó en la Segunda Asamblea Pública Mundial celebrada en Moscú.
Él preguntó: ¿quién tiene el poder y a quién sirve? Llevó con ello una exigencia que no puede reducirse a las relaciones diplomáticas.
Esto debido a que los pueblos necesitan organizarse para decidir qué hacer con la riqueza que producen. Pero el cuestionamiento no es para los demás países, sino para México.
Ningún acuerdo entre gobiernos resolverá por sí mismo la situación de los pueblos si estos permanecen fuera de las decisiones.
Tenemos trabajadores capaces y riquezas naturales, pero millones de familias viven pendientes del precio de la comida.
Millones de jóvenes abandonan sus estudios por falta de dinero y miles de comunidades llevan años esperando servicios básicos.
Cambian los gobiernos y sus discursos, pero esas necesidades permanecen. No basta, entonces, con alternancia política para resolver estas cuestiones; el pueblo trabajador debe tomar el poder.
Cuando Antorcha habla de que los trabajadores tomen el poder político, habla de construir una fuerza organizada que pueda intervenir en las decisiones públicas.

Se busca gobernar en beneficio de la mayoría. Eso exige preparación, unidad y una lucha sostenida.
También exige evitar que una nueva minoría decida mientras el pueblo vuelve a quedar al margen. La Asamblea de Moscú abrió un espacio para llevar esta discusión más allá de nuestras fronteras.
El acuerdo para que Antorcha participe en la organización de un encuentro de la Asamblea Pública Mundial en México en 2027 puede servir para discutir con otras voces de América Latina.
Se hablará sobre la desigualdad, la dependencia económica y la defensa de la soberanía. Pero, sobre todo, cómo hacer efectiva la participación de los pueblos en las decisiones de su destino.
"Es la hora de los pueblos", dijo Aquiles Córdova Morán. Esa frase nos compromete.
Si queremos defender nuestra soberanía y construir una sociedad más justa, debemos organizar al pueblo y llevarlo al poder. Los poderosos no van a entregárnoslo nada más porque las clases trabajadoras exijan administrar las riquezas que ellas producen: tendremos que conquistarlo juntos.
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