MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Por todos los caídos, nosotros estamos de pie: Antorcha

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• Tras 26 años de la masacre del 18 de agosto en Chimalhuacán, la organización honra a diez mártires y urge a impulsar el movimiento

Chimalhuacán, Edomex. 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco; 10 de junio de 1971 en el casco de Santo Tomás en Santa María la Ribera; 28 de junio de 1995 en el vado de Aguas Blancas, Guerrero; 22 de diciembre de 1997 en Acteal, Chiapas y 18 de junio de 2000 en Chimalhuacán, Estado de México, son algunas de las fechas recientes en que los movimientos sociales en nuestro país han sufrido la represión armada directamente del gobierno o bien, de algunos de los grupos de pistoleros al servicio del caciquismo.

Los individuos somos mortales, pero la lucha de los pobres, mientras haya pobreza, es inmortal.

La lista es más grande; dentro de ella debe contemplarse también a los acontecimientos en Cananea, Sonora en 1906 y Río Blanco, Veracruz, en 1907, hechos que forman parte de la historia de nuestro país, en los cuales puede observarse la confrontación entre quienes luchan por mejores condiciones de vida y la respuesta de los gobernantes.

No resulta sencillo determinar con exactitud la cantidad de muertes que ha provocado la respuesta a las aspiraciones de libertad, justicia y trabajo del pueblo mexicano. En 2024, el Mecanismo de Esclarecimiento Histórico (MEH) documentó 8 mil 594 víctimas de graves violaciones a los derechos humanos, varios de ellos, muertos o desaparecidos. La cifra, en realidad, es aún mayor.

Desde los acontecimientos en el Templo Mayor y Cholula, hasta los tiempos recientes, se han sucedido una serie de movimientos sociales que ejemplifican el antagonismo entre opresores y oprimidos, una constante que sólo tendrá fin con la desaparición de las clases sociales.

En ese contexto, a 26 años de la masacre del 18 de agosto de 2000 en Chimalhuacán, en la cual perdieron la vida diez integrantes del Movimiento Antorchista, Abel Pérez Zamorano afirmó que los caídos son “de los muertos que nunca mueren”, frase pronunciada por Tomás Borge haciendo referencia a Carlos Fonseca, y que permanecen vivos a través de las obras que ayudaron a construir, de la memoria de sus compañeros y, sobre todo, a través de la lucha organizada que, sostuvo, debe continuar mientras persistan la pobreza, la injusticia y el abuso.

Ante miles de personas y familiares de quienes perdieron la vida en aquellos hechos, Pérez Zamorano llamó a convertir el recuerdo de los caídos en una fuerza para mantener la organización y continuar la lucha social.

“Los individuos somos mortales, pero la lucha de los pobres, mientras haya pobreza, es inmortal”, afirmó el dirigente, quien sostuvo que la existencia de una organización social está vinculada a las condiciones que la hacen necesaria. En ese sentido, señaló que mientras existan personas en situación de pobreza que necesiten organizarse y defender sus derechos, Antorcha seguirá siendo necesaria.

En su mensaje evocó la masacre ocurrida el 18 de agosto de 2000, cuando simpatizantes que se encontraban reunidos en la explanada municipal para acompañar la toma de protesta de Jesús Tolentino Román Bojórquez, fueron atacados a balazos por los opositores al progreso y a la pérdida de los privilegios políticos y económicos en la entidad.

Para Antorcha, señaló Pérez Zamorano, el sacrificio de los fallecidos no debe quedar reducido a una conmemoración anual. Su legado permanece en las transformaciones materiales alcanzadas en todos los rincones del país en que se luche por una vida mejor y en la organización de quienes continúan participando en el movimiento social.

“Siguen existiendo en las obras”, sostuvo al enumerar algunos de los espacios en los que, desde su perspectiva, permanece el trabajo de quienes murieron: tomas de agua potable, calles pavimentadas, escuelas, espacios deportivos, vialidades, hospitales y unidades médicas.

El dirigente planteó además otras dos formas de permanencia: la memoria de quienes conocieron y quisieron a los caídos y la inspiración que su ejemplo genera para continuar actuando. “No basta ser recordado; nuestros héroes viven entre nosotros impulsándonos, dándonos ánimos todos los días”, expresó.

Antorcha no surgió de una decisión individual, sino de una “necesidad histórica” derivada de la injusticia, el abuso y la pobreza extrema. Se cumplen 52 años de existencia y su permanencia es una muestra evidente de que continúa siendo necesaria, enfatizó el dirigente social.

Durante estos años, Antorcha ha vivido también la violenta represión que ha provocado la muerte de innumerables luchadores sociales que la historia oficial no recoge y que, sin embargo, forman parte del sacrificio que el pueblo mexicano sufre en la lucha por una patria justa y digna para los trabajadores; la sangre de Amílcar Campos se une a la de Marco Antonio Sosa Balderas, Ricardo Calva Reyes, Federico López Caballero, Crescencio Sánchez Damián, José Guadalupe Martínez, Faustino Pérez, Carmen Carreón, Macario Hernández, Rogelio Martínez y Armando Santana Rodríguez, formando un torrente que un día derribará los cimientos de la injusticia y la miseria.

En este sentido, el también integrante de la Dirección Nacional del Movimiento Antorchista reconoció a los familiares de los fallecidos, a quienes señaló como parte de la cuota de dolor y sacrificio que dejó aquel episodio. Afirmó que Antorcha tiene una deuda de gratitud con ellos y calificó las muertes de los antorchistas como “honrosas, dignas, fecundas”, al considerar que contribuyeron a transformar la realidad política y social de Chimalhuacán.

Finalmente, Pérez Zamorano llamó a no limitar el homenaje a los caídos al recuerdo, sino a convertirlo en acción cotidiana. “No los olvidemos y honremos su memoria trabajando y luchando todos los días”, expresó ante los asistentes.

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