MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Mexicanos y centroamericanos, hermanos y víctimas de la pobreza

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Algunos analistas dicen que el objetivo de la primera caravana de migrantes centroamericanos es llegar a la frontera con Estados Unidos el 6 de noviembre próximo, justo el día en que se llevan a cabo las elecciones intermediarias, legislativas y gubernamentales de ese país. Por otro lado, el presiente Donald Trump dijo que los recibirá —no precisamente para saludarlos— en la frontera con México, con cinco mil 200 soldados y dos mil 92 miembros de la Guardia Nacional. No podemos estar seguros de lo que pasará llegada la fecha, pero lo que sí es seguro, es que esta desigual batalla se dará en territorio mexicano.

Recientemente se informó en un medio nacional del ingresó de una cuarta caravana de migrantes en el territorio mexicano, se dice que está conformada por alrededor de dos mil salvadoreños. Sin embargo, no se tiene la cifra exacta de los migrantes que han ingresado al país en las cuatro caravanas que se anuncian. De lo que sí se tiene certeza es de lo que huyen: de la pobreza y sus consecuencias, como la violencia y la falta de trabajo.

Se dijo en algunos medios que la primera caravana estaba integrada, en su mayoría, por inmigrantes de origen hondureño, que salieron en éxodo masivo, abandonando su patria con la intención de no volver. ¿Qué fue lo que orilló a esta gente a salir huyendo de su tierra? Veamos algunos datos.

En un análisis publicado en el portal de noticias mundo.sputniknews.com, se afirma que Honduras es el segundo país más pobre del continente americano, después de Haití; que de los 9 millones de personas que lo habitan, 6.2 millones son pobres, lo que equivale al 67% de la población, y de ellos 2.7 millones, el 45%, viven en la pobreza extrema. Los 120 mil trabajadores que laboran en las maquiladoras —en su mayoría mujeres de entre 18 y 30 años— reciben salarios miserables. El promedio del salario mínimo es 8 910 lempiras al mes, equivalente a 7 400 pesos mensuales. La tasa del empleo informal alcanza un 70.7%, aproximadamente 2.5 millones de hondureños de los 3.6 millones que conforman la Población Económicamente Activa (PEA), según datos de la Conferencia Nacional de Estadística 2017. Las diez familias más ricas de Honduras han marcado la vida política del país durante los últimos 30 años. Según la estadística oficial, cada día se asesina en Honduras 14 personas, alcanzando una tasa de homicidios al año de 56.7 por cada 100 mil habitantes. Se sabe que la caravana migrante se formó en la ciudad hondureña más violenta del mundo, San Pedro Sula, con una tasa de 142 homicidios por cada 100 mil habitantes. La Mara Salvatrucha, la pandilla Barrio 18 y otras agrupaciones criminales aliadas a los narcos de los carteles mexicanos, convirtieron al país en una base importante de trasiego de cocaína, marihuana, heroína, metanfetaminas e ingredientes y precursores químicos.

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Lo anterior conforma una especie deradiografía de lo que pasa actualmente en este país centroamericano. Lo dicho, al margen de la manipulación mediática e ideológica que está aprovechando muy bien el imperialismo, se refleja una realidad bien conocida por los mexicanos: pobreza, violencia, corrupción e injusticia social.

Podríamos analizar, una a una, la situación económica y social de los países centroamericanos —y de México— para darnos cuenta de que, salvo contadas excepciones, el panorama es parecido, o peor como el caso de Haití, pero no es la intención por ahora. Lo que nos interesa ahora es resolver las siguientes preguntas: ¿Qué pasará con los centroamericanos que vienen en las caravanas, si el señor Donald Trump logra impedir, con su fuerza militar, que ingresen a Estados Unidos?, ¿el gobierno de AMLO les dará asilo político a todos, convidándoles también de vivienda, empleo, apoyo asistencialista y las becas que les prometió en campaña a los "ninis", adultos mayores, discapacitados y madres solteras? O, ¿emulando el dictado del señor Trump, AMLO utilizará las armas y otros mecanismos afines para impedir el paso a los parias centroamericanos y empujarlos más allá de nuestra frontera sur? La resolución de estas inquietudes debería ser del interés de todos los mexicanos, pero sobre todo de los pobres, que podemos entender —porque sentimos en carne propia—, el suplicio por el que están pasando todas esas familias de migrantes que hoy deambulan por nuestra patria.

Pero, ¿cuánto nos falta a los mexicanos para enfilar en éxodo masivo igual que los hondureños o lo salvadoreños, rumbo al paraíso americano del señor Trump? No mucho, de hecho se sabe que estados importantes, como Michoacán, tienen a casi la mitad de su población conformada por migrantes que viven en Estados Unidos. Hace mucho que los mexicanos están emigrando hacia el norte de nuestra frontera, sólo que nuestras caravanas son más pequeñas y sin propaganda, desafiando el desierto. México y los centroamericanos somos hermanos de la misma tragedia.

No obstante, la solución a la pobreza no es el paraíso americano. Tan no lo es, que ahí se encuentran los más de 7 200 militares que el señor Trump ordenó apostar en la frontera con México, con órdenes precisas de repeler con balas cada piedra arrojada en su contra. La solución no está en la economía norteamericana porque es ella quien amenaza con cortar las "ayudas" que, dice, generosamente les brindó hasta hoy a los gobiernos centroamericanos causantes del éxodo de repudio a la pobreza e injusticia en sus países. Todos los pobres, centroamericanos y mexicanos, debemos entender la lección de las caravanas de migrantes; el enemigo común es la pobreza, y el imperio norteamericano su promotor. Encausemos la lucha para conquistar el gobierno, y gobernemos todos juntos por un mundo mejor. Esta debe ser la meta y la solución.

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