• La transición hacia un mundo multipolar y el surgimiento de nuevos bloques económicos desafían la hegemonía occidental
El desarrollo ininterrumpido del capitalismo en el mundo se vio frenado por la Revolución rusa de 1917. El nacimiento de una república proletaria, con un sistema político y económico diferente al predominante en la mayoría de los países, representó el aniquilamiento de la unipolaridad prevaleciente hasta entonces.
El fin del imperialismo es inevitable porque el uso de la violencia armada no puede revertir las leyes objetivas de la historia ni frenar la organización política de los pueblos.
A partir de ese momento, con la creación del polo socialista, el capitalismo vio truncadas sus aspiraciones al dominio de todos los países del orbe para la extracción de materias primas y mano de obra que alimentaran la producción industrial y un mercado asegurado para la venta de sus mercancías, con el correspondiente enriquecimiento desmedido de los grandes cárteles y trusts nacidos de la competencia entre burgueses.
No resultaba tan fácil ahora a los grandes industriales de países como Alemania, Inglaterra, Francia y Estados Unidos de Norteamérica abusar de su fuerza para sojuzgar a los más débiles y arrebatarles sus riquezas naturales; estos, conscientes de la imposibilidad para enfrentar con sus propias fuerzas y recursos la agresión de esas potencias, se encaminaron hacia el polo socialista buscando el apoyo y la solidaridad, fortaleciéndolo y, simultáneamente, debilitando al capitalismo.

El despertar de las colonias y la lucha de clases
Los países sometidos, considerados colonias de las metrópolis capitalistas como China, Angola, Ghana, Corea y Vietnam, entre otros, descubrieron en el socialismo la posibilidad de encaminar a sus pueblos hacia el progreso, librándose del avasallamiento emanado de la ambición imperialista y haciendo frente a la guerra de rapiña.
La formación de ese nuevo mundo, con una organización económica y política diferente en la que los trabajadores y su bienestar son la preocupación principal de los gobiernos, creó una contradicción: la del trabajo y el capital. Esta constituyó la esencia del contenido de las relaciones entre los dos polos —los Estados socialistas y los capitalistas— determinando, a partir de entonces, una lucha de clases entre ellos.
La contracción de la esfera del dominio del imperialismo, obligada por la existencia de un bloque opositor que limitó el expansionismo colonialista, forzó a los países capitalistas a desarrollar una serie de agresiones, directas o veladas, contra los pueblos progresistas y, particularmente, contra el país que se atrevió a poner el ejemplo de que un mundo mejor es posible: Rusia.

El papel del Brics en la actualidad
En la actualidad, ese polo opositor a la tiránica subyugación capitalista lo representan los países que conforman el llamado Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). No lo hacen porque invadan militarmente territorios, sino porque, de la misma manera que sucedió en tiempos de la Unión Soviética, son varios los países que han preferido una relación económica con este organismo. Esto representa para el imperialismo norteamericano un mercado menos y, a su vez, la imposibilidad de materializar la plusvalía con la venta de las mercancías que producen sus industrias; es decir, la reducción de sus ganancias.
La respuesta del imperialismo norteamericano ha sido brutal: la agresión contra Venezuela el 3 de enero de 2026; el reforzamiento del bloqueo económico y humanitario implementado contra Cuba; el amago con el castigo a los países que lo desafíen y que se atrevan a comerciar con ellos; las crecientes amenazas al gobierno iraní y la utilización del pueblo ucraniano como carne de cañón —sacrificando la vida de sus jóvenes solo para intentar someter a Rusia— son solo algunos ejemplos que demuestran que no está dispuesto a seguir perdiendo aquellos territorios que considera suyos.

Soberanía y organización popular
El gobierno estadounidense, exponente indiscutible del imperialismo, tiene presente que la soberanía de los pueblos es el germen de donde surge la decisión de unirse con quienes les ofrecen cooperación en lugar de sojuzgamiento, progreso en vez de estancamiento y miseria.
Por eso, la agresión a los países progresistas es un intento por destruir los movimientos populares que luchan por otro tipo de organización social; el ataque a Venezuela está destinado a eliminar el movimiento impulsado por el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y el bloqueo al pueblo cubano es la forma en que se pretende destruir el ejemplo del Partido Comunista de Cuba (PCC).
Sin embargo, el final del imperialismo es inevitable y es su propio desarrollo el que lo determina. Es un error creer que con el uso de la violencia se pueden cambiar las leyes objetivas de la historia; la militarización y la promoción de guerras locales para desestabilizar gobiernos progresistas no detendrán su caída.
La alternativa de los pueblos para detener esta agresión es la formación y el fortalecimiento de un polo que haga frente a la amenaza, tal como lo demostró el periodo histórico en que se creó el bloque socialista. Al mismo tiempo, es necesario incrementar la lucha política para terminar con el sistema capitalista, tomando en cuenta que la guerra es engendrada por la propia naturaleza de este régimen social y que solo acabando con la propiedad privada y las clases sociales terminará este fenómeno y los daños que ocasiona.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario