"Ya quiero curarme, quiero caminar, correr, jugar futbol, ir a la escuela otra vez; quiero ser abogada para ayudar a los necesitados; para ayudar a mi pobre mamá y a mis hermanitos que necesitan ayuda". Nos comenta muy preocupada Erika Jazmín, una valiente niña de 13 años, habitante de la comunidad de Escalerillas que desde hace meses ha luchado por su vida, enfrentando el doloroso y complicando tratamiento de pacientes con cáncer.
"Todo empezó desde el mes de julio, cuando andaba jugando futbol y me caí al suelo, golpeándome mi rodilla, mi papá y mi mamá, me atendieron sobándome la pierna y poniéndome ungüentos, ellos pensaban que me iba a curar, pero al paso de los días el dolor de mi rodilla iba en aumento y me apareció una pequeña infección, que después se me hizo un tumor; me llevaron al Hospital Central, me revisaron y me dieron un tratamiento, pero el dolor seguía", nos explica la pequeña.
"Se puso más feo, porque el tumor creció y se fue extendiendo sobre la pierna, y ya fue cuando los doctores del hospital nos informaron que la niña tenía osteosarcoma, cáncer de hueso de la rodilla, a partir de allí, Jazmín, y toda la familia, hemos estado viviendo un calvario, porque compartimos el sufrimiento de nuestra hija, y porque no contamos con los recursos necesarios para curarla", nos relata el papá de érika, José Sergio Montalvo, un modesto jornalero eventual, padre de otros tres pequeños, hermanos de la niña.
Dice el progenitor que por el momento los doctores han logrado controlar el cáncer de la extremidad de la menor, pero que para evitar que le amputen la pierna y poder salvarla de la mortal enfermedad, necesita una nueva intervención quirúrgica, cuyo costo asciende a 280 mil pesos y se requiere el recurso de manera urgente (para antes del 17 de diciembre) porque la vida de la niña está en peligro.
Los padres de la menor y familiares, se han ocupado de gestionar apoyos ante diversos organismos sociales de beneficencia, al DIF (Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia) estatal y municipal, a patronatos y Servicios de Salud, pero los apoyos han resultado mínimos e insuficientes. Apoyos significativos y reales para apoyar a la niña al momento, han provenido de sus vecinos de Escalerillas, así como de sus compañeritos de la secundaria técnica Núm. 44, quienes han organizado rifas y quermeses para ayudar a su amiguita. También ha sido destacada la solidaridad de los antorchistas de este lugar, que han acompañado a los familiares de Erika en todas las gestiones ante las dependencias de salud, para exigirles que cumplan con su obligación de garantizar la salud y que se le atienda de manera urgente, cueste lo que cueste la operación.

Este problema de salud y de criminal desatención médica de Jazmín ya no debería existir en esta sociedad, en este mundo tan avanzado en todos los terrenos; y sobre todo, en la tecnología aplicada a la medicina, con capacidad de crear seres vivos clonados y prolongar la vida de los humanos; sin embargo, aún hay gente que muere por una mala atención de un simple problema gastrointestinal o bronquio-respiratorio, pulmonar, coronario o infecciones de heridas o golpes mal atendidos, como el caso la niña; y en todos estos casos el común denominador son las condiciones de pobreza en que viven quienes caen en la desgracia de enfermarse o accidentarse. Esto, por los groseros índices de pobreza que hay en nuestro país, que registra el Banco de México. Primero. Mexicanos en situación de pobreza: más de 80 millones, de acuerdo a algunas ONG (Organización No Gubernamental); 53 millones según los datos de Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) . Segundo. En situación de pobreza extrema: 10 millones. Tercero. Pobreza alimentaria: 7 millones; 1 millón 200 mil niños padecen desnutrición crónica. Uno de cada tres indígenas es víctima de desnutrición. Cuarto. Cada día mueren 25 personas debido al hambre.
El caso de Jazmín es un aviso, una alerta de lo malo en que vivimos en esta sociedad; de lo absurdo y obsceno, de la abismal desigualdad social entre las clases sociales, en que unas cuantas familias detentan más de la mitad de la riqueza social en nuestro país, mientras la mayoría de los mexicanos, millones de ellos no saben qué van a comer el día de mañana o cómo atenderán su salud. La muerte por falta de atención médica o desnutrición, es el destino trágico de miles de mexicanos.
El caso de Jazmín es también un llamado al despertar de la unidad y solidaridad de los desposeídos, ahí está el cobijo y apoyo que en lo inmediato le están brindando sus propios vecinos y compañeros de escuela; lo mismo que otros sectores de esta localidad, como los ejidatarios y los taxistas antorchistas, realizando colectas y actividades económicas para aportar a las necesidades de atención médica de la niña.
Pero lo más importante del caso de esta pequeña es su estimulante y contagioso espíritu de lucha ante las adversidades: ante el dolor, ante su situación de pobreza, ante la negligencia y frialdad de las autoridades de salud en el estado, que anteponen el excesivo pago de su curación, antes que salvarle la vida. Su ánimo, su inquebrantable deseo de salir de este trance, de volver a su escuela (en la que ocupa los primeros lugares de desempeño escolar) de volver a correr, a jugar futbol con sus compañeros, por todo esto y muchas cosas más, es invaluable su valiente ejemplo; sus ilimitadas ansias de vivir y de servir a los demás.
¡Jazmín, vive por favor! Nos haces falta en este mundo tan lleno de frialdad e indiferencia, tan sin esperanza, sin fe; revive a los sin vida; a los que van por este mundo sin sentido y sin motivos de existencia. Punto.
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