MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

“Es la hora de los pueblos”: la educación que impulsa Antorcha

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• Durante 50 años la organización ha preparado a jóvenes de excelencia para transformar a la sociedad

Las ceremonias de graduación suelen ser el momento para reconocer el esfuerzo de quienes concluyen una etapa de su formación, así como de todos aquellos que contribuyen para lograrlo. 

Sin embargo, la clausura de cursos del Instituto Tecnológico de Tecomatlán, de la Escuela Normal Superior Mixteca Baja y del CBTA 110, donde el maestro Aquiles Córdova Morán, secretario general del Movimiento Antorchista Nacional, fungió como padrino de estas generaciones, fue mucho más allá que una ceremonia académica. 

El conocimiento no debe ser únicamente un medio para obtener bienestar personal, sino una herramienta para contribuir al desarrollo del país y al mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo.

Su discurso, como siempre aleccionador, por el cúmulo de conocimientos que ha adquirido a lo largo de los años y su experiencia, se convirtió en una cátedra del tipo de ciudadanos que busca formar el proyecto educativo impulsado por Antorcha: profesionistas con sólidos conocimientos científicos y técnicos, pero también con conciencia social, amor por México, sensibilidad artística y disposición para poner su preparación al servicio del pueblo.

No fue casualidad que esta y muchas otras generaciones que egresaron este año de escuelas antorchistas en todo el país llevaran por nombre “Es la hora de los pueblos”. 

Para el maestro Aquiles, ese lema resume el momento histórico que vive la humanidad y la responsabilidad que recae sobre las nuevas generaciones. Por ello afirmó: “Es la hora de los pueblos. ¿Por qué? Porque sólo los pueblos organizados pueden parar la amenaza que se cierne sobre el planeta entero”.

Durante su intervención, el maestro desarrolló un amplio análisis sobre la historia del imperialismo, los conflictos internacionales y las tensiones económicas que, desde su punto de vista, colocan al mundo en una situación de enorme peligro. 

Pero el propósito de esa explicación no fue impartir una lección de historia o de geopolítica. Su intención fue que los jóvenes comprendieran que la educación no puede limitarse a obtener un título profesional; debe servir para entender la realidad y actuar sobre ella.

Recordó que desde hace años las escuelas de Tecomatlán trabajan con un objetivo muy claro: “Hace tiempo que en las escuelas de Tecomatlán, a los alumnos se intenta inculcarles una visión de futuro revolucionario. Porque realmente, si México sigue por los rieles por los que va, no podemos soñar con un México próspero”.

Estas palabras permiten comprender a fondo el proyecto educativo del Movimiento Antorchista, que ha fundado, a lo largo y ancho del país, escuelas desde el nivel preescolar hasta el profesional, convencida de que la educación debe formar seres humanos integrales, es decir, jóvenes con excelencia académica, pero también con disciplina, amor por el arte, por el deporte y, sobre todo, comprometidos con la sociedad.

En este contexto, el maestro Aquiles dirigió una de las reflexiones más importantes de su discurso a los egresados: “Tenemos que pensar qué vamos a hacer con nuestra profesión, a quién le vamos a servir”, dijo. Con esto colocó en el centro el verdadero sentido de la educación: 

“El conocimiento no debe convertirse únicamente en un medio para obtener bienestar personal, sino en una herramienta para contribuir al desarrollo del país y al mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo”. Justo como lo ha venido haciendo el Movimiento Antorchista a lo largo de cinco décadas.

En un momento en que miles de jóvenes consideran que emigrar es la única posibilidad de progreso, el maestro Aquiles hizo un llamado a confiar en México y a comprometerse con su transformación:

“Quédense en nuestro país. Aquí hay muchas carencias, pues vamos a combatirlas, compañeros. No se vale ver las carencias del país y huir para no enfrentarlas. Vamos enfrentándolas juntos”.

El maestro Aquiles también dedicó un espacio importante a los futuros docentes, recordándoles la gran responsabilidad que implica educar:

“Lo que necesita México es maestros que le abran los ojos al pueblo, a los niños, a los jóvenes que vayan a educar; díganles la verdad y llámenlos a que se organicen”. 

En esa frase queda plasmada la concepción antorchista de la educación: enseñar no consiste solamente en transmitir conocimientos, sino en formar ciudadanos críticos, conscientes y comprometidos con su sociedad.

Otro aspecto fundamental de su discurso fue la importancia que otorgó a la organización social. Frente a los grandes problemas del país y del mundo, sostuvo que ningún individuo puede resolverlos por sí solo:

"La organización les puede dar trabajo; la unidad logra que los problemas individuales dejen de ser individuales y se conviertan en problemas colectivos; entonces se resuelven más fácilmente porque son muchos los que le entran a la solución”. 

Esta idea explica por qué las escuelas antorchistas buscan formar jóvenes dispuestos al trabajo colectivo y a ser solidarios con sus hermanos de clase.

A su vez, también hizo defensa de la cultura como parte esencial de la formación humana. Al felicitar a los jóvenes que participaron en el programa artístico de la clausura, afirmó: “Una manera de combatir la invasión ideológica del imperialismo es reviviendo los valores de la cultura mexicana”. 

Asimismo, dijo: “sólo Antorcha pone, en realidad y en serio, en el centro de la educación de los jóvenes y del pueblo en general, la cultura”.

De esta manera, puede entenderse mejor por qué en las escuelas impulsadas por el Movimiento Antorchista la música, la danza, el teatro, la poesía y el deporte ocupan un lugar tan importante como las ciencias y la tecnología. Para Antorcha, la educación integral sólo puede lograrse cuando el desarrollo intelectual va acompañado del crecimiento artístico y deportivo.

En la parte final de su mensaje, el maestro Aquiles sintetizó el compromiso que espera de las nuevas generaciones:

“Para cambiar y mejorar nuestra realidad tenemos que estar con los ojos bien abiertos, bien despiertos y dispuestos a sacrificar lo que haya que sacrificar para que el país cambie y cambie en favor de los que menos tienen”.

La clausura de cursos del Instituto Tecnológico de Tecomatlán, de la Normal Superior y del CBTA 110, fue, sin duda la confirmación de un proyecto educativo que el Movimiento Antorchista ha construido durante décadas en todo el país. Un proyecto que no aspira únicamente a formar buenos profesionistas en distintas ramas del saber, sino ciudadanos cultos, críticos, organizados y comprometidos con las causas del pueblo.

Por eso, el nombre que identifica a los egresados de este año adquiere un significado especial. “Es la hora de los pueblos” no es sólo el lema de una generación; es una invitación a que la juventud preparada asuma la responsabilidad de comprender su tiempo, defender a México y poner su inteligencia, su trabajo y su profesión al servicio de la sociedad.

 

 

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