MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Desplazan grietas a más de 500 familias de Chilpancingo

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• El rezago habitacional y las fallas geológicas causan graves estragos en Guerrero dejando numerosos hogares destruidos

El rezago social de acceso a vivienda adecuada en Guerrero es de aproximadamente 400 mil, siendo una de las entidades con mayores niveles de rezago social y habitacional en el país, junto con Chiapas, Tabasco, Tlaxcala y Oaxaca.

A este problema se suma la aparición de grietas de diferentes tamaños, causado por un deslizamiento de ladera e inestabilidad del terreno provocados por la acumulación de agua subterránea.

Esta inestabilidad y la falta de planeación urbana en la zona norponiente de Chilpancingo han provocado daños en unas 800 viviendas de dieciséis colonias.

En la zona, el paisaje parece haberse desgajado en viviendas, calles y terrenos inhabitados; el silencio es el único acompañante en muchas zonas donde las casas se hundieron o están resquebrajadas y a punto de caer.

Pobladores señalan que ahí pasa la famosa falla de San Andrés, pero especialistas afirman que se trata de un deslizamiento de ladera y la presencia de agua en el subsuelo.

Uno de los factores, señalan, es la transformación del río Huacapa debido a la urbanización, ya que, al encontrarse con muros de concreto, el agua deja de escurrir de manera natural y comienza a acumularse en determinados lugares.

Esto aumenta la humedad y el peso del suelo, favoreciendo procesos de inestabilidad y movimientos de ladera. Otro factor es la falta de planeación urbana.

Entre las colonias afectadas están Villas Tlalmecac, Tlacaélel, Siglo 21, Santa Julia, Las Estrellas, San Rafael Norte, Ampliación San Rafael, Santa Cruz, Las Terrazas, 21 de Septiembre, Casas Geo, Huajal, Las Gaviotas, Timotlán y Ángel Aguirre.

En estas, entre 700 y 800 casas presentan graves fisuras en paredes y pisos, el concreto de las calles está levantado, rompiendo pavimento, redes de drenaje y de agua potable.

De las casi 800 viviendas afectadas, 400 fueron declaradas inhabitables por las afectaciones estructurales que presentan.

El deslizamiento de ladera continúa avanzando, entre uno y dos centímetros por mes, según los monitoreos, al tratarse de un fenómeno progresivo cuyo desplazamiento se acelera en temporada de lluvias.

El deslizamiento de ladera e inestabilidad del terreno provocados por la acumulación de agua subterránea y la falta de planeación urbana en Chilpancingo han causado daños en unas 800 viviendas.

Actualmente se está en espera del resultado de un estudio geológico realizado por la Sedatu, con un costo de 20 millones de pesos, para conocer las causas del deslizamiento y hundimiento en dieciséis colonias.

Lo anterior permitirá ver qué zonas son habitables, mientras el resto será designado área de reserva ecológica, con el fin de evitar la instalación de nuevos asentamientos humanos.

En tanto, la Conavi anuncia la primera etapa de la construcción de unas 400 viviendas en un predio donado por el ayuntamiento en la comunidad de Petaquillas, al sur de la ciudad.

Aunque el censo oficial informa que existen entre 700 y 800 viviendas afectadas, el número podría aumentar porque el fenómeno está en constante movimiento y, por tanto, continúa el desplazamiento.

El problema inició en agosto de 2014 y tras doce años de incertidumbre, hay un leve atisbo de solución para las familias afectadas.

En su mayoría, siguen viviendo en ese lugar a pesar del riesgo de ser aplastados porque detrás del miedo hay sentido de pertenencia, interés por defender su único patrimonio, recuerdos e historia.

Otros afectados optaron por pagar renta y unos más viven con familiares en zonas cercanas.

Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) del Inegi, cuatro de cada diez familias en México no habitan una vivienda propia.

Estas personas, ahora damnificadas, a base de años de esfuerzo compraron terrenos, la mayoría en colonias regulares, donde construyeron sus casas, que para muchos representa su único patrimonio.

Lamentablemente, el deslizamiento de tierra ha desplazado a más de 500 familias que hoy se encuentran sin hogar.

Mientras autoridades de los tres niveles no atiendan su exigencia de ser reubicadas en una zona segura, seguirán viviendo en zozobra porque el suelo en el norponiente de Chilpancingo sigue en constante movimiento.

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