Es necesario acabar con la brecha de marginación y pobreza que tienen hundida a la entidad chiapaneca, pero es urgente entender, que los grandes cambios que requiere no pueden venir de ocurrencias o de la creencia de que el problema principal es que "no tienes porque no trabajas" y que para salir del atolladero la clave es trabajar; y si lo vemos así, cualquiera que diga eso, tiene mucha razón, pero ¿qué pasa?
Chiapas ha ocupado por años los primeros lugares en enfermedades gastrointestinales y parasitarias, problema que se relaciona de forma directa con la carencia de drenaje y la falta de agua potable de calidad.
En la entidad la gente trabaja más de ocho horas al día y al final de la jornada recibe una paga miserable que no le alcanza para satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia.
Por ejemplo, cobra entre 150 pesos hasta 250 pesos al día, con esto come, se transporta de su casa al trabajo, se viste, compra medicamentos, y, sobre todo, paga los servicios básicos, como el agua, la luz y el drenaje.
Aquí el motor de la fuerza de trabajo vive en condiciones deplorables, sus hijos no tienen buena alimentación, ni buena salud, ni escuelas donde estudiar dignamente y enfrentando una injusta distribución de la riqueza, que se ve reflejada no sólo en el mal salario que se percibe, sino en las carencias en servicios básicos de vivienda que viene a impactar inmediatamente en la salud.

Chiapas ha ocupado, por varios años consecutivos, los primeros lugares nacionales en enfermedades gastrointestinales y parasitarias, un problema que se relaciona de forma directa con la carencia de drenaje y la falta de agua potable de calidad.
No lo dice Antorcha, lo evidencia el reciente diagnóstico del Programa Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (PNOTDU) 2026-2030, el cual revela que más de 100 mil casas no tienen conexión al alcantarillado y 13 mil carecen de electricidad.
Con apenas un 40.6 % de cobertura total en agua potable, y lamentablemente, Chiapas concentra, junto con Oaxaca y Guerrero, el mayor rezago estructural en infraestructura doméstica básica de México. Además, la población indígena, representa cerca del 28 % del total nacional.

Algunos meses atrás, habitantes de la colonia Los Laureles, del municipio de Cintalapa, denunciaban la falta de reestructuración del sistema de aguas negras, a consecuencia de una mala planeación, ya que el drenaje principal quedó al aire libre, provocando que las aguas residuales que mantenía las calles principales con mal olor y el fluido constante de aguas negras, había traído problemas graves, como los que se habían ocasionado en una escuela primaria.
Lo más reciente, hubo una crisis por el desabasto de agua potable en Tuxtla Gutiérrez, más de 600 colonias permanecieron sin suministro por unas tres semanas. Colonias como Albania Alta, Flor de Mayo o Loma Bonita, evidencian que las fallas en la red hidráulica son constantes y sin solución de fondo.
Pero ¿qué se necesita para salir de este problema? Que haya una distribución ordenada y mejor pensada del gasto público, que cada peso que recibe la entidad, se dirija a resolver problemas de fondo y no se desperdicie regalando dinero, mientras el pueblo vive en total marginación, pues muy pocas familias están en la gloria.
Chiapas, requiere una reorientación del gasto social, de manera que se beneficie a las clases más desprotegidas, pero no dándoles dádivas, dinero en efectivo o limosnas oficiales, por el contrario, dirigiéndolos a obras y servicios que beneficien al pueblo: hospitales, vivienda, carreteras, transporte público, etcétera, que darán empleo a muchos chiapanecos y activarán el desarrollo.
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