El gobierno de Sinaloa nos pidió no marchar, argumentando que ya tenía "respuestas positivas" a nuestro pliego petitorio. Mentira. Esos compromisos, si los cumplen, son migajas insuficientes para calmar el hambre de tierra, techo y servicios que padecen las familias trabajadoras de Sinaloa. Pero ¿por qué este afán por negar la solución a una crisis que ya es insostenible?
Para este 2026, se quitaron la careta: ni un solo peso programaron, y sólo porque la presión social los obligó, reasignaron 3 miserables millones.
La carencia de suelo y el deplorable estado de las viviendas han llegado a un punto crítico, agravado por la violencia que ha despojado a miles de familias de sus hogares. Y como siempre, en este sistema capitalista, la furia de la calamidad se ensaña con los más humildes.
La secretaria general de gobierno, con una tozudez digna de los viejos regímenes priistas y panistas, se negó a aumentar su ridícula oferta de cuatro hectáreas para desplazados y precaristas de Culiacán y Guamúchil.

La excusa es la misma de siempre: "No hay dinero". Es cierto que la economía de Sinaloa retrocedió un 0.5% en 2024, producto de un clima de violencia que convierte a Culiacán en un polvorín. Pero que no nos vengan con cuentos.
El presupuesto estatal para 2026 asciende a más de 78 mil 300 millones de pesos, 8 mil 340 millones más que el año anterior. Sí hay dinero, y sobra. Lo que falta es voluntad para destinarlo a los que más lo necesitan.
Y esto ocurre en el estado que gobierna el partido que prometió que "primero los pobres". Veamos los hechos: en 2024, Rocha Moya presumió mil 183 millones de pesos para "vivienda". ¿Dónde están? Las casas de los trabajadores siguen siendo de lámina y cartón. Para 2025, la burla fue de 25 millones.

Y para este 2026, se quitaron la careta: ni un solo peso programaron, y sólo porque la presión social los obligó, reasignaron 3 millones. Esto, mientras un estudio de la Universidad Autónoma de Sinaloa advierte un déficit de más de 500 mil viviendas. Esa es la verdadera cara de un gobierno que le da la espalda al pueblo.
Por eso, el Movimiento Antorchista hace bien en llamar a las familias a organizarse y luchar. Estos datos y la actitud desdeñosa del gobierno confirman una verdad absoluta que ya proclamó Carlos Marx: la liberación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores.
No esperemos soluciones de las dádivas ni de la buena voluntad de los funcionarios. La explotación, la violencia y la miseria no se resuelven con limosnas, sino con la lucha organizada y perseverante de los trabajadores organizados.

Así que atentos y firmes. Debemos acumular fuerzas, engrosar nuestras filas y prepararnos para las próximas movilizaciones. Es momento de comprender a fondo las causas de nuestra lucha, los fundamentos de nuestro proyecto de nación y de difundirlo lo más ampliamente posible entre los trabajadores y sus familias.
Nuevas jornadas serán necesarias, las calles serán el escenario y la lucha nuestra única vía.
¡Antorcha, con el pueblo, triunfará!
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