MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Antorcha promueve la unidad y la concientización del pueblo

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• El 1 % más rico del país acapara los ingresos, por lo que la clase trabajadora debe exigir un reparto justo

En el Movimiento Antorchista tenemos la convicción firme de que no basta con lamentarse por las carencias y la pobreza que laceran a nuestras comunidades en Chiapas. Necesitamos transformarnos en una fuerza social organizada, consciente y crítica.

Las riquezas naturales por sí solas no sirven de nada pues es el trabajo del hombre el que arranca las riquezas a la naturaleza y las transforma en productos útiles.

Debemos entender cuál es nuestro origen de clase y nuestro papel fundamental en la economía para exigir lo que por derecho nos corresponde: una distribución justa de la riqueza que nosotros mismos generamos con el sudor de nuestra frente. La manipulación política y la miseria sólo se superan cuando las masas se organizan y estudian.

Por eso, en nuestras filas nos hemos dado a la tarea de analizar obras fundamentales de la teoría social, como el texto ¿Qué es la sociedad? de la educadora popular Marta Harnecker. En sus primeras páginas, Harnecker nos plantea una pregunta esencial que todo chiapaneco debe hacerse: ¿quiénes son los verdaderos generadores de la riqueza?

Todos los países y estados poseen riquezas naturales: yacimientos mineros, tierras fértiles, mares ricos en fauna y ríos caudalosos. Pero hagámonos una pregunta fundamental: ¿qué pasaría con esas riquezas si la clase trabajadora no estuviera dispuesta a labrarlas y extraerlas?

• Sin los mineros, el oro, el cobre y el petróleo quedarían sepultados para siempre en las entrañas de la tierra.

• Sin el trabajo de nuestros campesinos, la tierra no entregaría un solo fruto.

• Sin los pescadores, el mar jamás nos daría alimento.

• Sin los obreros de la energía, las corrientes de nuestros majestuosos ríos chiapanecos no iluminarían un solo hogar ni moverían una sola fábrica.

Las riquezas naturales por sí solas no sirven de nada. Es el trabajo del hombre el que arranca las riquezas a la naturaleza y las transforma en productos útiles.

¿En manos de quién queda lo producido?

Miren nuestro país. México ocupa los primeros lugares mundiales en reservas de minerales estratégicos como el cobre en Sonora o el litio. Y yo les pregunto en este momento a todos ustedes que están conectados en la transmisión: ¿de qué nos sirve tener los minerales más codiciados del planeta si el minero que baja a los socavones no tiene ni un seguro médico digno?

Somos el principal exportador de aguacate y tomate a nivel mundial. Sin embargo, los peones agrícolas en estados como Michoacán o Sinaloa, y nuestros propios jornaleros chiapanecos, ganan en promedio menos de 250 a 300 pesos por jornadas agotadoras bajo el sol.

Si la clase trabajadora genera la riqueza, ¿a dónde va a parar? En un sistema justo beneficiaría a quienes la producen, pero en los países capitalistas subdesarrollados la riqueza se entrega a manos extranjeras y a una minoría de magnates locales.

Miremos el fenómeno del nearshoring, diseñado en 2022 por el Gobierno de Estados Unidos para reconfigurar el comercio mundial. Trasladan sus inversiones a México porque les resultamos "atractivos".

¿Y por qué somos atractivos? Porque aquí encuentran mano de obra barata para fabricar sus productos a bajo costo. Esta estrategia geopolítica busca extenderse por toda América Latina, lo que explica la constante injerencia política externa en nuestra región para favorecer a gobiernos alineados a sus intereses.

Por cada dólar que entra por inversión extranjera directa, las multinacionales repatrian a sus países de origen la mayor parte de las utilidades sin pagar salarios equivalentes a los de su país. 

Hagamos la comparación directa: un obrero automotriz en Estados Unidos o Canadá gana entre 20 y 30 dólares por hora (unos 350 a 500 pesos por hora). Un obrero mexicano, haciendo exactamente el mismo automóvil, con la misma tecnología y la misma máquina, gana alrededor de dos a tres dólares la hora. El nearshoring viene a buscar esa diferencia de explotación, no a hacernos ricos.

Y la riqueza que se queda en el país termina en manos de un grupo microscópico. Para muestra, un botón:

• En 2025, la principal embotelladora de Coca-Cola en México registró un beneficio neto de 19 mil 580 millones de pesos.

• Mientras tanto, un obrero promedio de esa misma industria percibe apenas unos mil 800 pesos a la semana (alrededor de 7 mil 200 pesos al mes).

Según informes de organismos como Oxfam o el Banco Mundial, el 1 % más rico de México se queda con más del 25 % de los ingresos totales del país, mientras que el 50 % más pobre apenas recibe alrededor del 9 %. En los últimos 20 años, la productividad del trabajador ha aumentado por el uso de tecnología y maquinaria moderna, pero el poder adquisitivo del salario real no ha crecido. La realidad es: producimos más, pero compramos menos.

Esta brecha genera dos mundos completamente distintos dentro del mismo suelo:

• Mientras los trabajadores tienen que viajar colgados en los autobuses —o caminar kilómetros por no tener para el pasaje—, los patrones coleccionan autos de lujo.

• Mientras el trabajador no tiene una vivienda digna, los patrones ostentan varias residencias en distintas partes del país.

• Mientras los hijos de los trabajadores sufren desnutrición —afectando su desarrollo físico e intelectual—, en las mesas de los patrones la comida sobrante va a parar al basurero.

Los ideólogos del capital intentan convencernos de que los ricos son ricos por sus "méritos personales" o su "inteligencia", y que el pobre es pobre por "flojo" o "inculto". ¡Es una mentira para mantener sumiso al pueblo!

Para desenmascarar este engaño, la teoría marxista nos enseña con claridad cómo funciona realmente el proceso de trabajo a través de tres elementos fundamentales:

  1. La materia prima, que son los objetos y recursos directos que transformamos para convertirlos en bienes finales, como el algodón, los minerales o el grano.

  2. Los medios de trabajo, que abarcan todo aquello que nos permite realizar esa transformación, ya sea de forma directa a través de máquinas y herramientas, o de forma indirecta mediante fábricas, terrenos, energía eléctrica y vías de transporte.

  3. La unión de ambos constituye los medios de producción, que representan el conjunto de todas las condiciones materiales indispensables para que la clase trabajadora pueda producir la riqueza.

Aquí debemos desmontar otra gran mentira de la propaganda burguesa. A las clases populares les hacen creer que el socialismo o el pensamiento crítico les va a quitar su casa, su televisión o su ropa. ¡Falso! 

Esos son medios de consumo individual: el pan que compras para cenar con tu familia, tu teléfono personal o tu ropa. El socialismo quiere que tengas más de esto en tu mesa, con mejor alimentación y tiempo libre para la cultura y la recreación.

Lo que cambia son los medios de producción: el horno industrial, la harina en toneladas y la fábrica de pan. 

Cuando estos pertenecen a una sola persona, esa persona se queda con el beneficio del trabajo de 50 panaderos. Ahí es donde exigimos que la propiedad sea social. Lo que la organización del pueblo plantea es la supresión de la propiedad privada sobre los medios de producción, para que las fábricas y las tierras dejen de beneficiar a un solo individuo y sirvan a toda la sociedad.

Llegamos al último elemento del proceso: el trabajador. Cuando el obrero culmina su jornada de ocho o doce horas, termina exhausto. Ha gastado energía física y mental.

A esa capacidad de trabajar la llamamos fuerza de trabajo. La comida y el descanso sólo sirven para recuperar esa energía y volver a venderla al día siguiente.

Cuando el patrón dice que paga "por el trabajo realizado", está mintiendo. El patrón no paga el valor real de todo lo que el trabajador produjo.

En una jornada laboral de ocho horas, un obrero produce el valor de su salario diario (sus 250 pesos) en las primeras una o dos horas de trabajo. Las seis o siete horas restantes de la jornada son trabajo no pagado —la plusvalía— que va directo al bolsillo del dueño del capital.

El valor pagado no depende de la riqueza real creada por las manos del trabajador, sino del costo mínimo para mantener esa fuerza de trabajo disponible en el mercado.

Ante los males de este sistema, el Movimiento Antorchista promueve la unidad de todos los pueblos maltratados; en Chiapas realizaremos nuestro propio evento, al cual acudiremos sin duda con gran alegría, entusiasmo y espíritu de lucha. 

Los invito a sumarse a los círculos de estudio de nuestra organización, a organizarnos en cada colonia, en cada campo y en cada centro de trabajo de Chiapas. Sólo la fuerza del pueblo educado y organizado transformará esta injusticia.

¡Sumémonos al Movimiento Antorchista!

¡Viva el pueblo organizado de Chiapas!

¡Muchas gracias a todos por conectarse!

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