• Gasto asistencial y aumentos en combustibles y fertilizantes a nivel mundial estarían entre las causas
Se está dando una escalada en el aumento de los precios de las mercancías y de la canasta básica, a la que tiene acceso la mayoría de los mexicanos porque no les alcanza para más; es evidente: jitomate, tortillas, chile, etcétera, y no se ve para cuándo vaya a terminar.
La inflación, los bajos salarios, el desempleo y los síntomas de la pobreza son expresiones del mismo mal: la injusta distribución de la riqueza social producida en el país.
Algunos defensores del actual gobierno no tienen empacho en salir a decir, sobre todo en las redes sociales, que si gobernaran los de antes, las cosas estarían peor y las mercancías más caras, incluida la gasolina. Al mismo tiempo, los de enfrente les gritan a coro: “dijo la 4T que todo cambiaría, mentira, mentira, son la misma… cosa”.
Unos dicen que el actual aumento de los precios y el proceso inflacionario en general es el resultado de la ineptitud del gobierno en turno por no hacer crecer la economía y por gastar ingentes cantidades de recursos de forma improductiva, destinando dinero al consumo a través de la entrega en metálico directamente a la gente para tenerla contenta y corporizada para sus fines electorales.
Mediante programas asistenciales en los que el gobierno consume buena parte del presupuesto nacional, se descuidarían aspectos y rubros fundamentales para el bienestar de las masas, como la salud, la educación, la obra pública o la vivienda.

Mientras tanto, el gobierno se defiende diciendo que son causas externas, como el aumento del precio de los combustibles, fertilizantes y otros insumos necesarios en el mercado mundial, por lo que mucho hacen con “contener”, mediante pacto con los sectores productivos, la escalada de precios y las presiones a la economía de los mexicanos.
Todo cuenta, es cierto, pero nada valen las excusas y explicaciones, porque lo que aniquila son los hechos, en este caso los recursos contantes y sonantes para que el pueblo mexicano pueda comer, ya ni siquiera sano y nutritivo, sino simplemente mitigar su hambre.
La mayoría no tiene ni para tomar el camión que la traslade a su centro de trabajo, o no cuenta con recursos para pagar la renta del mes y ha tenido que empeñar todo para no quedarse a la intemperie; no tiene ni un pedacito de tierra para sembrar o no cuenta con insumos ni con las herramientas necesarias. O sea, se trata de la gran masa de la población, ya sea que viva en la ciudad o en el campo.

El razonamiento simple nos lleva a formular lo siguiente: si sube el precio del petróleo, lejos de ser explicable que cueste más la gasolina, es al revés; como el país es productor de esta materia prima, al venderla más cara tiene más ingresos y, aunque se procese en otros países, como el precio es por el crudo, salimos ganando, y entonces deberían costar menos sus derivados en nuestro país, porque el petróleo de los mexicanos lo administra el gobierno y, si se paga más por éste, entonces tiene más ingreso, más dinero con los cuales pagar lo que cueste el refinado y a mí no tendría por qué afectarme como mexicano.
Entonces se razona: lo que pasa es que me engañaron cuando querían el voto y prometieron la gasolina a diez pesos el litro, y me siguen engañando porque cada vez cuesta más y ya no me alcanza para nada con lo que puedo ganar al día.
Para tranquilizar a las masas, algunos dirán que eso siempre ha sido. No siempre, pero sí durante largo tiempo, a pesar de los movimientos de Independencia, Reforma y Revolución.
Sin embargo, eso no equivale a decir que tenga que ser así, y menos en esta época de impresionante desarrollo de las fuerzas productivas con que cuenta la sociedad contemporánea.

La explicación radica, desde mi punto de vista, en que, a pesar de los cambios sociales practicados anteriormente y de todos los “remedios caseros” de los curanderos sociales actuales, ha quedado intocado el sistema económico basado en la apropiación y concentración de los medios de producción en unas cuantas manos, que tiene por base la propiedad privada y no social de éstos, lo que trae aparejada la concentración de la riqueza social.
Unos cuantos individuos prosperan acaparando extraordinarios volúmenes de capital gracias a que pueden explotar para su provecho la mano de obra asalariada de casi toda la población, complementado con su forma natural de distribución mediante el mercado, en el que reina la ley del más fuerte en detrimento del resto de la sociedad, porque no da a cada uno lo suyo, sino que concentra la riqueza de acuerdo con su función económica.
La inflación, los bajos salarios, el desempleo y todos los síntomas de la pobreza que lastiman y asfixian a las grandes mayorías son expresiones del mismo mal: la injusta e inequitativa distribución de la riqueza social producida en el país. Y, por tanto, un gobierno verdaderamente preocupado y capacitado para componer las cosas de fondo sólo podrá serlo un gobierno auténticamente del pueblo que, por definición, está compuesto por las clases trabajadoras y pobres. Aquí y en China.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario